Me plusvale tu justificación

Por René Rejón

 

La “captura de plusvalías” contenida en el artículo 21, Inciso C, Fracción 7 de la Constitución de la Ciudad de México ha sido el más reciente motor de artículos, debates y profundísimos comentarios de los todólogos en las redes sociales.

En congruencia con mi aportación anterior comienzo por admitir que de finanzas públicas, planeación urbana y recaudación, no sé nada. Pero igual comparto la reflexión  que me provocó “ler” (diría Nuño) sobre el tema.

El debate, de los que sí saben, ofrece argumentos interesantes para ambas posturas. “Captura de plusvalía” suena feo y despierta en nosotros los miedos más profundos a fantasmas como la eliminación de la propiedad privada, el desfalco y hasta del comunismo. Amarillistas, cuándo no, los medios han reproducido la idea de que el gobierno “se quedará” con la plusvalía que nuestros bienes inmuebles adquirirán. Es decir, uno compra (con mucho esfuerzo) su casita, luego el precio sube, y ahora el gobierno se quedará con ese “valor extra”. Esto es impreciso en muchos sentidos, primero que nada porque la “plusvalía” se compartiría.

De cualquier manera, el nuevo impuesto se fundamenta en el hecho de que esa “plusvalía” no se genera mágicamente, sino que es el resultado de inversión pública. Volvamos al ejemplo de mi casita. Compro mi casa en 10 pesos en un terreno a las afueras de Cuahtemoctitlán (si es que se aprueba otra iniciativa en discusión) al momento de la compra, la calle donde está mi casita no tenía alumbrado público, servicio de agua potable, o pavimentación. Después, con inversión pública, se habilitan todos estos servicios públicos. Mi casita vale ahora mínimo 30 pesos. Esos 20 pesos extras, son la “plusvalía” que el gobierno me quiere quitar. Les dije que sonaba feo.

Lo que no hemos querido pensar, es que mi casita vale ahora 20 pesos más porque el gobierno invirtió el dinero (en forma de impuestos) de todos los ciudadanos en hacer la zona de mi casa un lugar mejor. Lo justo, es que haya dinero para que el gobierno pueda mejorar las calles de todos los demás, y por eso me van a quitar una parte. Aunque nuestro egoísmo nos lo quiera impedir, el impuesto suena mucho menos ridículo y fraudulento ahora (con el perdón de los libertarios).

Los argumentos, mucho más profunda y elocuentemente explicados, pueden encontrarse aquí: http://labrujula.nexos.com.mx/?p=1081  y aquí http://labrujula.nexos.com.mx/?p=1091. Pero, aunque no lo parezca, este no es un texto más acerca de la captura de la plusvalía.  Lo que quiero poner sobre la mesa aquí es el hartazgo (el “mal humor social dirían algunos, alguno) generalizado. El ciudadano de a pie no reflexiona sobre el fundamento o la justificación teórica del nuevo mecanismo de recaudación. En la mente del mexicano común se escucha “nuevo impuesto” y eso basta para generar molestia. Pienso que esa actitud es, al menos hasta ahora, justificada.

La manera en la que se ejerce el gasto público  (todos nuestros impuestos) en este país  es, por decir lo menos, ineficiente. La corrupción, entre muchos otros males, mantiene lejos el objetivo de redistribución de la riqueza. Mientras esto sea así, es irrelevante si los nuevos impuestos están justificados o no. Echar en saco roto es ridículo. El debate sobre éste, o cualquier otro impuesto, deberá tener lugar una vez que se hayan resulto (al menos los más graves) los problemas de ineficiencia y corrupción. No se puede demandar responsabilidad social del ciudadano, que éste entienda y acepte voluntariamente pagar un impuesto razonable y justo, cuando el gasto se ejerce con irresponsabilidad y en la opacidad.  Quizá el gobierno tenga justificación teórica para quitarme parte de mis 20 pesitos de plusvalía, pero mientras no gasten mejor el dinero que ya me están quitando, tengo derecho a irritarme cuando me piden darles más.


Imagen: http://labrujula.nexos.com.mx/wp-content/uploads/2015/10/1.jpg

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