Me daría por vencida pero no me rindo tan fácil

Por María Fosado

 

 

A veces me da por mandar todo bien lejos y querer empezar de nuevo, sin importar lo que suceda. Suelo desesperarme cuando las cosas no me salen a la primera.

Me siento impotente cuando quisiera estarme comiendo el mundo en estos momentos de una mordida.

Desde pequeña siempre he sido así y continúo siendo esa persona impaciente, con ganas de correr, de salir tras lo que quiero y tenerlo todo en el momento en el que lo deseo. Tal vez algunos lo llamen capricho, pero yo lo considero como hambre o ansias de querer vivir.

Pero la vida no se trata de querer que las cosas sucedan rápido, sino que todo tiene su tiempo y ese tiempo hará su función.

Seguramente alguna vez has escuchado la frase “querer tirar la toalla” o lo que es igual a querer darse por vencido, y suele sucedernos cuando estamos desesperados por no ver los cambios o resultados que quisiéramos en nuestras vidas. O tal vez porque nos sentimos menos ante los retos que se nos presentan.

Si bien quisiera, podría decidir en estos momentos mandar todo al carajo y decir: “¡Paren el mundo, que yo me bajo aquí!”, pero realmente no creo que tenga sentido hacerlo. Siento que quisiéramos detenernos en la carrera de la vida simplemente por miedo al futuro. Es decir, todos le tenemos miedo a la responsabilidad. Creo que la vida nos pone en situaciones en las que tenemos que responder de acuerdo al momento que se nos presente, y precisamente eso significa RESPONSABILIDAD.

Me pondré como ejemplo de esto que menciono; a veces tengo muchísimas cosas que hacer, hay unas que me salen a la primera y otras en las que requiero de más paciencia. Son esas primeras cosas en las que me desespero y quisiera abandonarlas, simplemente porque no creo terminarlas nunca. Si decido hacer eso, estoy dejando de ser responsable conmigo misma, independientemente de recibir una calificación o tal vez una paga por lo que esté haciendo.

Comprometerse a hacer las cosas bien o a ser mejor persona requiere de grandes esfuerzos y decisiones que, al final, representan nuestra madurez y a la vez, nos demostrarnos a nosotros mismos que verdaderamente somos responsables con lo que hacemos; porque en realidad no hay nada que demostrarle a los demás, de lo contrario, nuestras acciones hablan por nosotros mismos.

Esto último me recuerda a un párrafo de un libro que leí y mencionaba a Jean Michel Basquiat, un pintor negro de la época de Andy Warhol que transformaba el graffiti en lienzos. Cabe mencionar que este artista no estudió nada, y es por ello que le causaba cierta gracia que le pidieran su currículum; entonces cuando alguien se lo pedía, lo único que hacía era tomar un papel y escribir su fecha de nacimiento, el tiempo que estudió y abandonó la escuela (claro, con faltas de ortografía). No era muy buen dibujante, pero curiosamente al cabo de un tiempo, comenzó a ganar mucho dinero. Decidió que si alguien más le volvía a pedir su currículum, le daría las medidas de sus manos. Por eso que pienso que nuestras acciones siempre hablarán por nosotros mismos.

Volviendo al tema de la responsabilidad con uno mismo y el compromiso que tenemos ante las cosas que estamos haciendo, existe algo que la vida nos presenta en cada oportunidad, sólo que hay quienes los toman o quienes los dejan pasar por miedo a no considerarse lo suficientemente buenos para superarlos. Estoy hablando de los RETOS.

La vida es eso: retos. Los retos son para aquellos que no aceptan la mediocridad, el conformismo, para los que desean aprender, superarse; y la mediocridad es ser alguien pero no hacer nada con lo que eres y tienes.

Esto no quiere decir que yo sea amante de los retos, que le apueste a todo, sino que con el paso del tiempo, ya no veo a los retos como algo que me cause temor, sino como oportunidades para superarme, para demostrar quién soy y de qué estoy hecha.

Te diré la estrategia que yo utilizo para no dejarme vencer ante las adversidades y puedes aplicar en cada momento de tu vida.

Cada vez que siento ganas de abandonar lo que estoy haciendo, cuando creo que ya no puedo más, cuando me entra esa desesperación de querer solucionar las cosas de una vez y lo más pronto posible, me detengo por unos minutos, respiro profundo y pienso en por qué estoy haciendo lo que hago y pienso en todas mis metas que deseo alcanzar. Es decir, que tengo que pasar por ese momento que estoy viviendo (llamémoslo “escalón”) para poder continuar subiendo la escalera y lograr mis sueños.

Yo te invito a que sigas adelante, el camino será difícil pero te aseguro que todo lo que hagas valdrá la pena para lograr todo lo que te propongas. Porque…la vida es un constante esfuerzo y lo que le sigue.

 


 

Imagen extraída de: https://www.flickr.com/photos/annepuhlmann/

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