¿Me concedes este error?

Por María Fosado

 

Todos hemos tenido miedo a equivocarnos en la vida; a tomar malas decisiones, a fracasar, a no cumplir nuestros sueños, a no ser lo que esperábamos ser, a terminar con esa relación ya no volver a repetir los mismos errores.

Pero bien dice esa frase “la vida es tan buena maestra que si no aprendes la lección, te la vuelve a repetir hasta que aprendas”.

Somos humanos, estamos aquí para aprender, para vivir lo que queramos como queramos hacerlo. Esto quiere decir que no siempre tomaremos las mejores decisiones y nos vamos a equivocar, la pasaremos mal pero aprenderemos en la próxima ocasión.

Desde que era una niña he estado viviendo con la misma filosofía de vida; los errores no los veo como malos, porque gracias a ellos, he aprendido.

Siempre he dicho que los errores que he cometido han sido factores clave en mi vida para aprender y sobre todo madurar.

Hay una frase cuyo autor olvidé, pero dice que no se recuerdan los errores, sino lo que has aprendido de ellos. Si no fuese por esos errores y las veces en las que he fallado, no sería la persona que soy ahora ni tendría la madurez para expresarme de la manera en que lo hago.

Es totalmente cierto que nacimos para ser felices, no para fingir ser perfectos.

Hay ocasiones en las que nos sentimos culpables por haber hecho o dicho algo y después de todo, llega el arrepentimiento.

Es bueno arrepentirse, pero no creo que tenga mucho sentido hacerlo; esto no quiere decir que no debamos arrepentirnos, sino que lo veo desde otra perspectiva. Es decir, arrepentirse no tiene sentido porque en el momento eso que hiciste fue exactamente lo que querías hacer, fuera bueno o malo.

Existe una gran diferencia entre el arrepentimiento y el pedir perdón o disculpas. El arrepentimiento surge después de sentirte culpable respecto a algo y deseas que no hubiese sucedido. Pero lo hecho, hecho está y no cambiará nada. En cambio, el pedir una disculpa o perdón es un acto de valentía, y lo digo de esta manera porque la mayoría de nosotros somos muy orgullosos; preferimos continuar molestos por una situación antes que tragarnos nuestro orgullo.

Con una disculpa tal vez sí puedas solucionar algo o tal vez no, pero las cosas no volverán a ser las mismas.

Quien no aprende la lección, seguirá cometiendo los mismos errores.

Existen personas que se frustran por tratar de ser perfectos y nunca permitir equivocarse, son las mismas que le temen al fracaso. Yo solía ser una de ellas. Tenía miedo a equivocarme al tomar decisiones que tal vez podrían ser malas, al pensar que la persona que yo quería no sería la correcta para mí o yo no sería lo suficientemente buena para la otra persona.

Pero me di cuenta que mientras más miedo tenía a cometer errores, más veces me equivocaba en mis decisiones.

Ahora veo mi vida desde una perspectiva diferente, y no es que me sienta orgullosa de mis errores, me siento orgullosa de mí misma y de lo que he aprendido gracias a ellos.

Entendí que nadie es perfecto y que todos nos equivocamos, unos más que otros; y fue así como comencé a sentirme más tranquila y aceptarme tal cual soy.

Hay que ver los errores como un escalón hacia el triunfo, nunca hacia el fracaso. Es como cuando vas cruzando un puente colgante, vas dejando atrás los peldaños que ya pasaste que podrían ser los retos y obstáculos que has superado en tu vida y debes continuar hacia adelante. No mirar hacia atrás o hacia abajo porque correrías el riesgo de caerte y perder tu camino, en este caso correrías el riesgo de fracasar.

Los errores hay que verlos como lecciones de vida, experiencias que nos prepararán para los siguientes retos en nuestra vida.

Ahora me permito equivocarme, poco a poco voy dejando de sentirme frustrada por no conseguir algo; porque ahora entiendo que cuando las cosas no suceden, también es por algo.

Creo firmemente que si nosotros permitimos que la vida nos brinde situaciones para demostrar nuestra habilidad de responder ante ellas, estaremos más abiertos a entender de qué se trata el vivir.

Me he equivocado tantas veces, que gracias a esos errores y lo que he vivido, he aprendido.

Me he caído pero no me he dado por vencida, al contrario, me levanto, me sacudo, sano mis heridas y continúo hacia adelante.

No le temas a equivocarte, porque entre más le temas a algo, más persistente será en tu vida.

Te invito a que por favor te equivoques. Date el permiso a cometer errores, porque eres un ser humano que no tiene que buscar la perfección para ser una gran persona. Sólo tienes que sacarle provecho a todas tus cualidades y no dejarte vencer por tus defectos. A fin de cuentas estamos aquí para aprender. Y si creer que todo aquello que te has comprado o has conseguido en la vida, se irán contigo cuando dejes este mundo, no es así. Lo único que nos llevamos es lo que aprendimos, lo que dimos y lo que hicimos.

Cuando te equivocas y aprendes de ello, te haces más fuerte. Y no hay mejor triunfo que seguir adelante.

Si eres de esas personas que tiene miedo a tomar decisiones difíciles porque crees que podrías equivocarte, te invito a que leas “¿Te cuesta tomar decisiones o tienes miedo a fracasar?” Seguro después de leerlo encuentras el secreto que te ayude a tomar mejores decisiones en la vida.

Entonces… ¿nos concedemos el próximo error?

 


 

La imagen fue obtenida de: https://www.flickr.com/photos/96813329@N07/

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