Marcas en el calendario

Por Brandon Ramírez

 

He escuchado en los últimos años bastantes bromas sobre lo abarcadora que se han vuelto las categorías de “día internacional” o “día mundial”, por no hablar de los distintos días nacionales en algunos países. Pareciera que sólo falta el día internacional de los días internacionales. Puede que este exceso de conmemoración ha hecho que días impulsados desde los distintos organismos de la Organización de las Naciones Unidas, por ejemplo, pierdan algo de su fuerza simbólica.

Elegir un día en el calendario para recordar un acontecimiento o una situación es un recurso para visibilizar y mantener presentes sucesos e ideas importantes, es un recurso muy útil, por ejemplo, para formar la idea de las naciones con todas las fiestas patrias, mantener tradiciones como en las festividades religiosas y civiles, o recordar avances y victorias reivindicativas de distintos colectivos sociales.

Sin ir más lejos, recientemente fue el día internacional de la mujer. La inequidad de género sigue siendo una realidad, si bien se han dado pasos hacia su disminución y virtual erradicación, las alertas de género que se han establecido en diversos estados de nuestro país, las cifras de feminicidios, los casos sonados de explotación sexual, la violencia discursiva y estereotípica repetidos por muchos medios de comunicación, son una muestra de este tema.

Puede que, en parte por la multiplicidad de conmemoraciones anuales, o por las conquistas que los feminismos han logrado en las últimas décadas, en este caso específico se haya venido banalizando su simbolismo. Parece entenderse más como una celebración a las mujeres por ser mujeres, atribuyéndoles muchas de las cargas estereotípicas contra las que se ha luchado, dejando la reivindicación social en un segundo plano, aunque sigue bastante presente.

El recordar el motivo que ha llevado a elegir el 8 de marzo para conmemorar a las mujeres, el ver hacia a atrás y recordar que derechos tan básicos en una sociedad contemporánea como el votar y ser votado no tiene más de un par de generaciones, y la violencia e injustificables inequidades que siguen existiendo por motivos del sexo como los diferenciales de salarios o prejuicios en los procesos de reclutamiento de algunos trabajos nunca estará de más.

Vuelve a mi mente aquel caso en que al personaje de cómics Wonder Woman, se le retiró el nombramiento como embajada de la ONU por la lucha de las mujeres; personaje que fue construido precisamente con ese fin, dicho sea de paso. Que se rechazara por un buen número de personas, que una representación gráfica tan sexualizada, desde su perspectiva, es una buena muestra de que cada vez hay más sensibilidad con el tema; otra discusión sería si tenía sentido o no optar por retirar dicho nombramiento simbólico u otras soluciones.

En el caso de la Ciudad de México, que es la cotidianidad donde vivo, recuerdo algunas discusiones sobre la utilidad de dividir los primeros vagones del metro y darles un trato de exclusividad para mujeres, personas de tercera edad, discapacitados y niños; mismo caso en el Metrobús y en los camiones del servicio Atenea. Se cuestionaba (como se hizo en otros contextos como EEUU con la discriminación racial y las acciones afirmativas que fueron incluso controvertidas en las Cortes) la efectividad de estas medidas de discriminación positiva. Se argumentaba que en el largo plazo concienciar a la sociedad sobre el tema haría innecesarias este tipo de medidas, y en el corto mejoraba las condiciones del traslado de las mujeres, que eran -y siguen siendo- víctima de violencia de género. Desconozco si existen estudios sobre la disminución de este tipo de violencia en estos espacios desde su aplicación, pero nuevamente: visibilizar los problemas y actuar en consecuencia siempre será plausible.

Constantemente pienso, cuando escucho de alegatos como los que ahora señalan la reciente Constitución de la Ciudad de México y en general a algunos derechos que llevan varios años existiendo en la capital del país como el reconocimiento de la diversidad sexual con sus implicaciones en el matrimonio, el derecho a la interrupción legal del embarazo, o la posibilidad del uso de mariguana en su faceta medicinal, que en algunos años sonarán como si hoy alguien se quejara por la posibilidad de que las mujeres puedan votar o ser votadas.

Aunque en el mundo hay un vuelco antiliberal en algunos países, sin duda la inercia y tendencia ha sido la reivindicación y un mayor avance en construir sociedades cada vez menos injustas, paso a paso. Marcar días en el calendario para recordarnos que la lucha existió, y más importante, sigue en pie porque las conquistas obtenidas no pueden ser consideradas suficientes en este caso específico, nunca estará de más.


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