Machismo: Otro Tipo de Enfermedad.

Por Elisa Horta

“El Machismo Mata.” Leí en las calles de un pueblo que visitaba una tarde en vacaciones, en letras grandes y blancas sobre de un agresivo fondo rojo. Lo primero que pensé es que quizás se refería a los evidentes casos de feminicidio en los alrededores de la ciudad, pero eventualmente me di cuenta de que obviamente era mucho más que eso.

Una muestra de arte callejero, o un simple anuncio de los cientos que pueden encontrarse en la calle, lograron su objetivo. Yo, y mi familia, nos quedamos en silencio después de que todos vimos ese signo imposible de ignorar. El Machismo mata, claro que sí. Pero lo hace como una silenciosa enfermedad en varios individuos que desconocen de sus síntomas, un parásito en la sociedad que nadie se ha preocupado lo suficiente como para purgar. El Machismo mata porque es otra condición que nadie trata, con la que se vive día a día porque se piensa que es lo normal, lo de esperarse. Pero cuando se analiza profesionalmente, bajo el ojo crítico de un experto, nos damos cuenta de lo peligroso que es.

México es un país en el que el machismo no solo está presente, sino que ha sido hasta celebrado y mientras a muchos les parece parte de nuestra cultura otros nos hemos dado cuenta de que es la raíz de muchos de nuestros problemas y conflictos. El contexto en el que se desarrolla ha causado los feminicidios, la falta de mujeres en gabinetes político y puestos de poder empresarial y ejecutivo. Ha provocado la brecha salarial, el acoso sexual en la calle, la escuela, la casa. La práctica de este es la responsable de que se ponga por encima las necesidades, y hasta caprichos, de los hombres por encima de los derechos de las mujeres. Ha hecho que se frenen los movimientos a favor de los derechos reproductivos y hasta el matrimonio igualitario. En México, como en muchos países del mundo, el machismo se ha vuelto el detractor del progreso; un obstáculo que ni siquiera debería estar ahí.

Por definición, nos referimos al machismo como la ideología de que los hombres están por encima de las mujeres, y en esencia es eso. Pero no es simplemente sexismo sobre el sexo femenino, la opresión del machismo va mucho más allá de las niñas y mujeres incluso cuando estas son su principal objetivo.

Hablamos de una imagen mucho más grande, que no por su tamaño generaliza pues sigue siendo específica ante sus víctimas. Cobra vidas y almas de cualquier persona, acción o incluso palabra que no encaja en el cuadrado estándar cisgénero y heterosexual establecido por una línea de poder patriarcal que no ha podido desaparecer de la sociedad occidental incluso cuando se quiere decir que “en este lado del mundo” ya no se padece de esta terrible condición. Es un comportamiento opresor e hiriente que se ha normalizado desde hace siglos en todos los rincones del mundo. Y, en sociedades tan fragmentadas y dañadas como la mexicana, termina por matar.

Esta aberración social es una fuente de presión a todos los grupos que no encajen bajo el término de “hombre cis y heterosexual”, es la que dicta como nos debemos ver, lo que hemos de decir y lo que pensamos. Se encarga de actuar como un innecesario y prejuicioso regulador de la estética y moralidad, de la personalidad, carácter y la expresión de éstos. Es la que estructura la sociedad, la que da lugares y otorga o quita privilegios a su favor y gusto. Es una clase de rechazo que no acepta los sentimientos, o busca medirlos, y establece arcaicos roles de género que no son necesarios bajo ninguna circunstancia. Categoriza y clasifica, busca un orden perfecto irreal e inexistente hasta que se encuentra satisfecho.

Se tiene la figura del “macho” como el epítome, el clímax, del hombre y por eso deben seguirse sus requerimientos y demandas para complacerlo y crear un mundo que encaje en su cerrada mentalidad. Y mata porque, de no conseguir lo que quiere, como lo quiere y cuando lo quiere, termina por explotar y en esta reacción dañina lastima de cientos de maneras diferentes. Porque el machismo es violento, grosero, irrespetuoso y dañino. Es tóxico y acaba con todo lo que está a su paso porque es intransigente, no acepta lo que no considera bueno y rechaza a tantos grupos y estilos de desarrollo y vida que termina por buscar su aniquilación y exterminio.

El machismo es mucho más extremo que cualquier descripción verbal y textual con la que se encuentre, que busque describirlo y acabar con él. Que intente establecer una contra, porque no hay nada tan peligroso como un estandarte de poder y superioridad falso y mal usado sobre las minorías y su contraparte que tenga el apoyo de la sociedad y las personas que piensan que es lo correcto.

Como toda enfermedad, a la larga, la práctica de esta segregación altera el funcionamiento de nuestro país y de los ciudadanos de ésta sociedad, perturba y daña a millones de personas desde adentro hasta afectar a terceros que bien no tienen porque sufrir de esta manera. Que no son más que víctimas de un mal contagioso que incluso si no se manifiesta en ningún momento, termina por tomar vidas de igual manera.  El machismo mata, porque como muchas enfermedades letales, es más rápido que muchos de los tratamientos.

Afortunadamente, si conocemos la cura para esta condición: El feminismo.


Imagen: http://soyaconcagua.cl/2016/03/07/machismo-una-aberracion-social-normalizada/

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.