Los puntos ciegos

Por Brandon Ramírez

 

Es un tópico decir que el mundo actual, con su ritmo acelerado, cambia totalmente las dinámicas sociales (en todas sus facetas) en cuestión de lustros. La estabilidad por largos periodos es algo desconocido hoy día. Como parte de lo anterior, desde finales del siglo XX venían surgiendo como punto de origen de líneas de pensamiento para entender la nueva realidad política a nivel global algunos cambios puntuales. Las turbulencias del siglo previo, las guerras mundiales, polarización del mundo con dos potencias, tensiones nucleares, carrera armamentista, olas democratizadoras en distintas regiones, configuraron una nueva manera de pensar el poder y la hegemonía global.

La disciplina, entendida en su sentido más amplia, como una forma de pensar y actuar dentro del tablero mundial más propicia para entender esto es la geopolítica. El comienzo del nuevo milenio era recibido con entusiasmo por aquellos que vaticinaban que el modelo económica y político occidental, el capitalismo y la democracia liberal acabarían con todo conflicto y se debía estudiar su incorporación a esas zonas del mundo donde aún eran un proyecto o comenzaba a implementarse, ya que, en teoría, los problemas del mundo se reducirían a esto.

Una vez que el modelo económico de la economía de mercado se ha convertido en dominante, nuevos fenómenos han venido presentándose, como los mega bloques o los mercados regionales. El ejemplo más avanzado de este tema ha sido sin duda la unión europea, cuya integración rebasa lo económico, pero en el resto del mundo, es una tendencia también visible. Los Estados nacionales por si solos no son suficientes para un sistema económico basado en la expansión; el crecimiento cuantitativo que presuponen las integraciones, y la consecuente especialización regional con proyecciones globales, presentan a las uniones y acuerdos económicos en soluciones viables y de hecho puestas en práctica, como los aún incipientes (en comparación con la Unión Europea) NAFTA (y qué decir ahora), MERCOSUR o el área de libre comercio de las américas, entre otros.

Ello supone el surgimiento de nuevos conceptos como la geocultura, que nos permitan explicar los vínculos socioculturales que, a través de la historia, han permitido la integración de algunos territorios y como éstos se apropian de los espacios. Por su parte, la geoeconomía reconoce el papel privilegiado que tiene el poder económico en el nuevo sistema mundo, conectado por el proceso de globalización en casi todos los espacios habitados, y que pueden garantizar la hegemonía mundial dentro del mismo. Las grandes economías, pues, serán las grandes potencias.

Este tipo de visión centrada en lo político y económico obviaba muchos de los problemas que hoy día están latentes: el rechazo y estigmatización a los extranjeros (las fronteras están cayendo en el mundo económico, cada vez hay más integración y mercados integrados que dividen los procesos de producción ¿por qué debería ser distinto en lo social, si es un ganar-ganar?), el hartazgo con la falta de resultados de las democracias liberales ( hoy día la gente goza de más libertades e igualdad jurídica que nunca, y un abanico de derechos inimaginable hace unas décadas ¿qué podría molestar a las sociedades?) entre otros. Se obvia que un sistema económico que se basa en la desigualdad no tiende a reducirla, tiende a mantenerla o acrecentarla, como ha sido, y que a la gente poco le importa lo macro, si su realidad particular no se ve mejorada y se siente atacada por los “otros” a quienes señala como culpables.

Quizá esas omisiones en el pensamiento geopolítico en los primeros años de nuestro siglo es lo que ocasionó que nos tomara por sorpresa, a la mayoría, Brexit, Trump y en general el vuelvo a la derecha que muchos países parecen estar considerando tomar a través de sus votos.

Samuel Huntington, pensaba que el siglo XXI ya no estaría motivado por las diferencias políticas o económicas, sino por las diferencias más seminales de cada pueblo: su cultura. Según esta idea los conflictos futuros básicamente serían civilización occidental contra la no occidental, teniendo en cuenta otras regiones como américa latina, cercana al occidente, o el islam, hindú, africana, japonesa u ortodoxa. Nuevamente la idea de los bloques que se integran con afinidades o intereses conjuntos para potencializarse frente al resto del mundo. Parece que también se obviaba que cada cultura mantiene sus propias resistencias y choques al interior, y que si bien puede haber choques entre éstas, como la más palpable de medio oriente con occidente, no podemos olvidar la heterogeneidad que propicia el propio sistema democrático liberal. Uno de los problemas del triunfalismo.


Imagen: Keren Rosen: http://www.boredpanda.com/funny-idioms-proverbs-illustrations-keren-rosen/

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