Los números no se olvidan

Por  Elisa Horta

Hace poco más de 70 años que la Segunda Guerra Mundial terminó. Hace 73 que la Alemania Nazi de un Adolfo ya desaparecido se rinde y los ejércitos del Führer y la Unión Soviética ponen punto final al último conflicto global más grande, hasta ahora.

Lo que comenzó un 1° de septiembre de 1939, y acabó, para bien, el 2 de septiembre de 1945 tiene una cantidad de datos casi tan innumerables como la verdadera estadística de decesos que arrojó esta era cuya duración fue de 6 años y 1 día.

Los eventos que se llevaron a cabo durante este periodo de la historia contemporánea continúan siendo analizados. Cada batalla, cada reunión, todas las diferentes discusiones políticas y a mano armada que se llevaron a cabo en más de 2190 días siguen siendo escrudiñadas por ojos críticos que se dedican a contar atrocidades a base de la estadística y no de la vida.

Más de 60 millones de víctimas, 58 campos de concentración que acabaron con más de 6 millones de judíos y otros tantos de gitanos, homosexuales y discapacitados. Esto sin contar las cifras que la historia no cuenta como los 2 millones de famélicos de Bengala, cada uno de los fallecidos por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, sin contar las bajas militares y las civiles, no nucleares (2 millones, en total) además de los 2 mil desaparecidos.

Y los números pueden seguir.

¿Cuántos alemanes no fallecieron por rehusarse el ceder ante la locura? ¿Cuántos Polacos, eslovacos, Franceses y demás Europeos no perdieron la vida inocentemente? ¿Porqué nadie nos habla de los miles de africanos asesinados en, y por, sus tierras? ¿Cuántas bajas hubieron realmente en Dunkerque? ¿Cuántos Soviéticos no mancharon con sangre la tierra de Stalingrado? ¿Quién puede decirnos el número real de los caídos en Normandía, China, Italia?

Nadie, nunca, sabrá. Contar cadáveres no será  un trabajo que alguien pueda llegar a querer. Ni por mucho dinero que se le ofrezca, no creo que alguien se atreva a mancharse las manos con sangre que se derramó en nombre de aquellos que ni siquiera se estuvieron viendo a la cara.

Y lo peor es que, actualmente, en el norte de América hay más de un 40% que no es capaz de hablar de esto.

Así como los brazos de nuestros hermanos Judíos fueron marcados con aguja y tinta, el olvido y la ignorancia de las generaciones más recientes es registrado por las encuestas de la Organización por la Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Los resultados arrojados por estas encuestas dicen que los Millenials son el grupo que menos sabe sobre las fatalidades de éste evento, pues 4 de cada 10 no pasaban de creer que la cuenta de Judíos fallecidos era de 2 millones… Y nosotros sabemos la cifra correcta.

La encuesta, además, encontró que:

  • 45% de los americanos no pueden mencionar un solo campo de concentración
    • 49% de ésta porción fueron Millenials.
  • 80% no ha visitado un Museo o Monumento sobre el Holocausto
  • 58% cree que algo como el Holocausto podría volver a suceder.
  • 7 de 10 personas dicen que a la gente ya no le importa el holocausto como lo hacía antes.

Ahora bien, todas estas palabras y números después, ¿qué nos queda? Pues recordar.

Recordar porqué nos enseñan historia en la escuela, cuál es el propósito de la materia y de los museos. Recordar porque se escriben libros y se intenta hacer cuentas. Recordar que el mundo da vueltas porque el tiempo también lo hace, y los humanos somos lo suficientemente torpes como para volver a cometer nuestros errores.

“Nunca más”, dicen cientos de textos y fotos en las redes sociales, haciendo su obligada aparición cada fecha conmemorativa sobre alguna masacre de las tantas que nosotros, insensibles, hemos causado. “Nunca más”, repetimos día con día cada vez que nos encontramos ante una injusticia.

Pero, si en un solo país estamos encontrando estos resultados, ¿qué nos espera de otros tantos?

La nota pesimista de éste texto es completamente intencional, deseo recordar que en el mundo cada vez cometemos más atrocidades que pueden ser olvidadas con facilidad. Si el recuerdo de lo que se considera el genocidio más grande del mundo occidental está falleciendo lentamente, ¿qué nos asegura de que otros tantos no se irán también?

No podemos olvidar.

“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, escuchamos constantemente. ¿Pero y si se olvida? ¿Qué puede pasar?

¿Se puede ignorar a las víctimas? ¿Podemos dejar en el pasado números que no pueden desaparecer simplemente porque un grupo de adultos jóvenes ha olvidado la importancia de la conciencia y responsabilidad?

Cuando me levanté esta semana y leí en la sección de noticias el título de ésta noticia que pronto comenzaría a dar vueltas por mi timeline de Facebook no pude evitar sentirme completamente enloquecida. No podía creer que se comenzara a dejar atrás algo que se supone que nos ha enseñado tanto.

No, no se “supone”. Nos ha enseñado demasiado.

El Holocausto no es simplemente un charco de sangre en la historia universal que gotea desde el cementerio que el tiempo ha construido con sus insensatas guerras y crueles matanzas. El Holocausto terminó siendo una cruel y dura lección sobre dignidad y respeto humano, sobre la tolerancia y la aceptación de diferentes religiones e ideologías. Ha actuado como una especie de reprimenda ante el odio y las actitudes más negativas y desagradables del mundo. Y fue lo suficientemente dura y estricta como para no volviera a suceder. Había sido implacable.

Y lo seguirá siendo, porque tampoco creo que se deje ser olvidada.


Fuente de referencia:

https://patch.com/us/across-america/two-thirds-millennials-cant-say-what-auschwitz-study


Imagen: https://www.elconfidencial.com/tags/personajes/auschwitz-13913/

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