Los niños sicario

Por Fabiola Jazmín Mondragón Herrera
Coautor: A. Alejandro Pocoroba García

 

Uno de los problemas más alarmantes del aumento de la violencia en el país ha sido el involucramiento de menores en el conflicto armado: los famosos “niños sicario”.[1] Un informe de la ONG Infancia en Movimiento, señaló que en los últimos años creció en un 34% la detención de menores por delitos graves y que el 70% de las aprehensiones tuvieron que ver con homicidios, secuestros, torturas, tráfico de drogas, robo y lesiones graves.[2] Según la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados de México, se estima que al menos 30 mil menores de edad están involucrados con el crimen organizado, perpetrando delitos como tráfico de drogas, secuestros, extorsiones, contrabando, piratería y asesinatos. Esto se ve reflejado en el aumento de la población de los reformatorios juveniles.[3] Actualmente más de 5 mil niños están presos, de los cuales más de mil han sido sicarios del crimen organizado cometiendo asesinato (22%), robo con violencia (35%) y secuestro (15%).[4]

De acuerdo con Rossana Reguillo, estos “mini asesinos” son el resultado de dos procesos: la precarización económica y política y la precarización subjetiva. Los sicarios son “jóvenes que han sido prácticamente abandonados a su suerte y entonces se encuentran en situaciones de desempleo, sin oportunidades de asistir a la escuela, siendo responsables muy tempranamente de llevar recursos para la sobrevivencia familiar”, dice la especialista en temas sobre narcotráfico. Este perfil concuerda con el de los menores detenidos, de los cuales más de la mitad apenas curso la secundaria, el 50% dejo su hogar ya sea por la pobreza o la violencia, y se vieron obligados a trabajar (94%), ya sea como albañiles o cajeros, y en el caso de México, como “cargadores” antes de pasar a formar parte del crimen organizado. Es decir, el 45% de los sicarios son resultado de la falta de garantía de los derechos económicos y sociales de los niños en México, en el que ni la salud, ni la alimentación, ni la educación están asegurados para toda la población.[5]

Posterior a ser víctimas del sistema y de la incapacidad del Estado para proteger a los menores, los niños sicario se convierten en víctimas por parte de los grupos delictivos. Primero, violan su derecho a no ser reclutados, en este caso por los grupos delictivos, establecido en el Protocolo Facultativo II. Una vez violado este derecho, el niño se encuentra expuesto a otras graves violaciones a las garantías básicas: primero, su derecho a la libertad, puesto que son obligados a perpetrar toda clase de crímenes, aun contra su voluntad. Para lograr esto, los grupos delictivos acuden a diferentes estrategias, como drogarlos, golpearlos (violando su derecho a la salud) o torturarlos física y psicológicamente (violando su derecho a la no tortura). Además, durante el tiempo que “duren” serán víctimas de otras violaciones de sus derechos económicos y sociales como la educación, alimentación, y la familia. Finalmente, se viola el derecho a la vida y a la protección, pues se les expone a ser asesinados por otros grupos armados.

El segundo gran problema es la incapacidad institucional para reintegrar a estos miembros a la comunidad. Primero, porque la violencia y el maltrato al que son expuestos causa daños psicológicos difíciles de revertir. Segundo, porque no se cuenta con un sistema de protección que garantice que los menores, una vez “reformados” puedan regresar a un hogar seguro, ya sea porque no tienen familia o porque son perseguidos por las bandas criminales para que regresen a sus filas o para hacer “ajuste de cuentas”[6]. Tal fue el conocido caso de José Armando Moreno, quien con apenas 13 años confesó haber cometido más de 10 homicidios para un grupo del narcotráfico. Este menor (detenido y posteriormente liberado debido a la ley mexicana que prohíbe mantener preso a los menores de 14 años) fue hallado sin vida en una fosa común.[7]

Ante este problema, el gobierno mexicano propuso bajar el rango mínimo de edad para ser ingresado en un reformatorio a 12 años. Sin embargo, dicha medida tiene poca probabilidad de resolver el problema. Primero, genera incentivos perversos para que los grupos criminales recluten cada vez niños más pequeños, en lugar de establecer medidas para asegurar que los menores no sean reclutados, al menos eliminando los factores sociales que los hacen vulnerables al narcotráfico; como la pobreza, la falta de acceso a la educación y las familias desintegradas. Segundo, no soluciona el problema de la reincidencia o la protección de los menores cuando son liberados de los reformatorios. El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas mostró su preocupación, criticó al gobierno mexicano por las medidas insuficientes que se han tomado para prevenir el reclutamiento y lo urgió a implementar nuevas políticas.[8]

 

 


[1]Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas.

[2]La dura realidad de los niños sicarios en México, Diciembre, 2013. (consultado en http://www.emol.com/noticias/internacional/2013/11/28/632080/ninos-sicarios.html)
[3] En la Zona Metropolitana de Monterrey, norte de México, de enero de 2010 a octubre de 2012 la población en los reformatorios para menores de edad subió de manera alarmante en un 424%, y 80% de los detenidos fueron acusados de delitos mayores.

[4]En México hay más de mil niños sicarios detenidos.Univisión, Abril 20 de 2015, (consultado en:http://noticias.univision.com/article/2309641/2015-04-20/mexico/noticias/en-mexico-hay-mas-de-mil-ninossicarios-detenidos
[5] La dura realidad de los niños sicarios en México, op. cit

[6]. Excelsior, 13 de Octubre, 2013 “asesinan a 12 niños sicarios después de salir del tutelar. (consultado en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2013/08/13/913454)

[7]. La dura realidad de los niños sicarios en México, Diciembre, 2013. (consultado en http://www.emol.com/ noticias/internacional/2013/11/28/632080/ninos-sicarios.html)

[8]. 49 Informe sobre la niñez, Unicef, 2001

Imagen de: http://www.elanalistasanluis.com/los-nintildeos-pobres-la-mercanciacutea-de-la-aristocracia.html

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