LOS MANGLARES DE CHIAPAS: UN CONFLICTO DE GESTIÓN TERRITORIAL

Por Erick Alberto Rodríguez Silva

erick@celeam.org

 

Los manglares son los ecosistemas que más capturan carbón en todo el mundo. Prestan innumerables servicios a las pesquerías y sirven de protección para las personas que viven en las zonas costeras ya que sus raíces proveen de estabilidad a la línea de costa frente a los impredecibles –y cada vez más frecuentes– huracanes y elevaciones del nivel medio del mar. Algunos estudios realizados por la United Nations Enviroment Programme (UNEP) estiman que en promedio una hectárea de manglar atrapa 1520 toneladas de carbón. De este total, 65% quedan atrapados en los suelos y las raíces y el 35% en la biomasa visible de la planta. La conservación de estos ecosistemas resulta imprescindible para cualquier gobierno comprometido con cumplir los acuerdos internacionales en materia ambiental. Para el caso mexicano, tenemos distribución de manglares en casi todos los litorales del país. Específicamente el caso chiapaneco alberga aproximadamente el 9% de cobertura de manglar de todo el país. En esta región los bosques de mangle son una combinación de tres especies dominantes: Avicennia germinans (mangle negro), Laguncularia racemosa (mangle blanco) y Rhizophora mangle (mangle rojo). Especies que además de estar protegidas por la NOM-059-SEMARNAT, llegan a alcanzar alturas de 40 metros (las alturas más altas registradas para México).

Debido a que la fuerza y el tamaño de las olas en esta región son demasiado grandes, las playas chiapanecas no han sido un atractivo para la instalación de megaproyectos turísticos –y por lo tanto–los manglares no se han visto afectados por esta actividad, que hasta ahora es una de las principales amenazas para este ecosistema. No obstante, las políticas públicas impulsadas principalmente por el gobierno federal en diferentes sexenios han ocasionado múltiples impactos en zonas aledañas a estos ecosistemas. Este artículo tiene como objetivo poner en tela de juicio las diferentes políticas que ejercen un efecto directo e indirecto en la conservación de los manglares en Chiapas.

Históricamente el gobierno federal, a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) y sus predecesoras, han implementado diferentes programas para desarrollar la agricultura y la ganadería en las áreas aledañas a las zonas costeras. La agricultura es la actividad que presenta la problemática más compleja ya que las áreas cercanas a la zona de esteros y manglares son tierras poco propicias para esta actividad. La producción de cultivos responde a la demanda de los mercados cercanos a las unidades de producción y no está enfocado a la vocación del suelo; también existe “intermediarismo y acaparamiento entre productores, falta de infraestructura para almacenamiento de productos y tecnología inadecuada que se traduce en pérdida de suelos y baja productividad. Además, existe una contaminación severa por desechos de la agroindustria, como el caso de las plantaciones de palma africana (Elaeis guineensis) para la extracción de aceite, la actividad azucarera en el  municipio de Huixtla y en general el uso de agroquímicos en la región del Soconusco.

La ganadería bovina en Chiapas inició un crecimiento desmedido a partir de la década de los cuarenta, llegando en años recientes a ocupar un lugar destacado a nivel nacional. De ésta década y hasta los ochentas, la ganadería en Chiapas pasó de dedicarle del 16% al 53% de su territorio, ubicándose así en el segundo lugar en este rubro con cerca de tres millones de cabezas y casi el 10% del hato ganadero nacional. Sobresalen en esta actividad los municipios de Pijijiapan, Mapastepec y, en menor proporción, Acapetahua. La ganadería se realiza de manera extensiva principalmente. Esta actividad tiene problemas asociados como la compactación de la tierra, destrucción de bosques y selvas, desecación de pantanos, desplazamiento de cultivos, generación de pocos empleos, renta de pastizales y agostaderos, conflictos agrarios, invasión de predios y abigeatos entre otras. En este contexto, se crea en la década de los noventa la Reserva de la Biosfera La Encrucijada (REBIEN) la cual se ubica en los municipios costeros de Pijijiapan, Mapastepec, Acapetahua, Huixtla, Villa Comaltitlán y Mazatán. La REBIEN surge con una política reactiva para tratar de mitigar los impactos generados por las actividades anteriormente mencionadas. Sin embargo, casi un 30% de la superficie declarada como reserva tiene el carácter de propiedad ejidal.

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Imagen 1. Manglares en la zona núcleo de la REBIEN, Foto: Erick A. Rodríguez

 

El ejido, como instrumento clave de la reforma agraria, ha generado una homogenización del territorio mexicano. Esto ha significado una repartición de tierras en lugares tan disimiles como zonas de manglar, bosques de montaña o selvas caducifolias. De alguna manera, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) llegó muy tarde a la repartición de tierras. Lo cual ha ocasionado que sus políticas ambientales tengan que lidiar con las consecuencias  directas de la reforma agraria y con las políticas públicas instrumentadas por la SAGARPA. El caso de la REBIEN no es único, buen número de áreas naturales protegidas en México han sido establecidas en terrenos ejidales, siendo esto un obstáculo preponderante que impide a la CONANP ejercer una gestión integral de estos espacios, ya que la asamblea ejidal tiene la potestad para decidir qué actividades se realizan dentro de su territorio. Para el caso chiapaneco, actualmente existen indicios de algunos proyectos acuícolas y de granjas porcinas que empiezan a instalarse dentro de la REBIEN bajo la autorización de los ejidatarios. Además, los guardaparques de la CONANP han empezado a registrar una mayor presencia de palma africana dentro de la REBIEN, lo cual es un grave problema dado que esta palma es una especie invasora.

En conclusión, la conservación de los manglares en Chiapas atraviesa por un momento drástico. El reto que tiene la CONANP no es menor. Todo parece indicar que ­– para garantizar la conservación de los manglares – resulta indispensable  la intervención de la sociedad civil. La colaboración de diversos actores clave  fomentara el manejo sustentable de estos espacios. Para ello, resulta necesario empezar a coordinar las agendas de trabajo de la CONANP con las de organizaciones civiles como Pronatura Sur, A.C. y The Nature Conservancy quienes tienen años trabajando por la conservación de estas zonas. Además, es necesario evaluar el programa de la palma de aceite para verificar su viabilidad en el largo plazo y corroborar que es factible su permanencia sin contar con el subsidio del gobierno, que al parecer es lo único que lo mantiene a flote.

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