Los libros

Por Brandon Ramírez

El pasado fin de semana asistí con una amiga a la Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México. Entre muchos otros temas, platicamos sobre esa relación que suele hacerse entre los libros y el conocimiento. Me recordó una imagen que a ella parece molestarle, donde se puede ver a un niño sosteniendo un libro con la frase “Un niño que lee es un niño que piensa”. Su enfado parece enfocado a la insinuación de que sólo los libros son fuente del desarrollo del pensamiento de las personas, como si las personas que no saben leer estuvieran privadas de la capacidad de pensar. Cabe mencionar que ella en particular es de las personas que devoran libros semana tras semana, y la literatura está muy presente en su vida, incluso colabora con una organización que promueve la lectura entre niños y jóvenes.

Entiendo bien el sentido de su molestia, yo también estoy de acuerdo, puesto que hay personas brillantes en su ámbito de desarrollo a quienes no solemos asociar como asiduos lectores (aunque quizá lo sean). Al respecto me viene a la mente la teoría de las inteligencias múltiples, que cuando leí me hizo mucho sentido. Aquí no quiero hablar de esa teoría en sí, pero la tomo como referencia.

Creo que todos apreciamos y reconocemos que a través de algunos libros nuestra imaginación nos lleva a mundos maravillosos; a lo largo de nuestros años de escuela aprendemos en buena medida gracias a ellos y, en ese sentido, conocemos todo lo que ha ocurrido en la historia de la humanidad desde hace miles de años. Pero de ahí, a asumir que son la única fuente para desarrollar el pensamiento y la inteligencia, considero que hay cierta distancia. Evidentemente la frase en cuestión no es por sí misma tan aplastante ni condenatoria como he referido, pero tanto mi amiga como yo coincidimos en que es la idea que subyace tras de ella, y coincide con la postura que algunos de nuestros conocidos defienden.

En cuestión de aprendizaje, hay algunas personas que en efecto obtienen mejores resultados preferentemente con estímulos visuales, algunos otros más bien escuchando, algunos más experimentando a través de ejemplos y otros gracias a algunas otras percepciones sensoriales. Todo depende del tipo de personas que busca aprender, y del tipo de conocimiento que quiere adquirir.

Incluso hay conocimiento que no se adquiere dentro de las páginas de algún libro, por más que haya miles de ellos escritos sobre el tema. Pienso en los deportes, por ejemplo. Quizá pocas personas podrán cuestionar que Lionel Messi es actualmente el mejor futbolista. Dentro de lo que hace, es un genio, y lo que algunas semblanzas de su niñez narran, son que sobresalía en las clases de deportes y las que favorecen la creatividad, como la música o artes plásticas, y tenía bajas calificaciones en matemáticas, lengua, ciencias (biológicas y sociales) y tecnología, por lo que decidió dejar inconclusa su educación media para dedicarse de lleno en aquello que es brillante.

Cuando hablamos de inteligencia solemos asociarlo a razonamiento lógico-matemático, una gran presencia del mundo de las ideas en el que los inteligentes sobresalen, y asociamos algunas prácticas como la lectura, escritura, docencia e investigación. Una definición más amplia de este concepto es por ejemplo la de la mencionada teoría de las inteligencias múltiples que, si bien tiene sus críticos, nos propone una visión distinta, donde no sólo este tipo de aptitudes son consideradas, sino que se puede sobresalir en otras actividades en las que muchos pueden ser igual de brillantes, como las referidas anteriormente.

Además, hay algunas personas muy intuitivas con una suerte de talento natural para diversas actividades. Conozco algunas cuya formación académica llegó a la secundaria (inconclusa), y que hace años (incluso décadas) no toman ningún libro entre sus manos, y sin embargo son excelentes para los negocios, donde sobresalen de una manera notable.

En fin, si bien hay muchísimas ventajas en la lectura, en esta no se agota la posibilidad de aprendizaje ni es el único medio para desarrollar las capacidades mentales y adquirir conocimiento. Hoy día podemos aprender sobre algún tema de nuestro interés a través de videos en plataformas como Youtube, sin que ello implique leer al respecto. Los proyectos de vida individuales son tan variados como personas en el mundo existen, y para algunos la lectura no es algo indispensable, y no por no leer se es necesariamente menos brillante ni se deja de pensar. Incluso la televisión, un medio tan criticado y con apelativos como “la caja idiota”, pueden colaborar en nuestra formación con algunos contenidos, más que algunos libros.

Si habláramos del contenido propio de los libros, también encontraríamos críticas ya que, a muchos, cierto autor les puede parecer brillante, cuando para otros no aportan nada y ensucian la literatura. En el mismo sentido quienes gozan de la lectura pueden criticar otras actividades como menos “formadoras” y útiles… y lo mismo pensarán quienes ven a los libros como pérdida de tiempo, y ajenos a sus intereses.

Cierto, quizá todos tendríamos una formación más integral si hiciéramos de la lectura un hábito… pero también si comiéramos más sano (nada de frituras, nada de refresco, etcétera), si nos ejercitáramos todos los días, si practicáramos por lo menos un deporte en alto rendimiento, si todos estudiáramos hasta obtener el grado de Doctor en nuestra especialidad, si practicáramos rompecabezas, si aprendiéramos la mayor cantidad de idiomas posibles, si conociéramos todos los países y culturas del mundo y un largo etcétera… pero la vida no nos alcanza para tanto (o al menos no a todos, supongo que habrá a quien sí), y todos elegimos las cosas que más nos interesan y nos formamos en torno a nuestras prioridades y gustos. Y como reza la sabiduría popular: en gustos se rompen géneros.

 


 

Fotografía de Santiago Ramírez Martínez. Instagram: @santiago_ramz

 

 

Comentarios

Comentarios