Los invasores

Por Mónica Vargas

Hace mucho tiempo que no leía una obra que me llegara tanto al corazón. A pesar de que dicen que el teatro es para verse en escena y no leerse, este mes leí Los invasores de Edgon Wolff, uno de los principales dramaturgos de la llamada generación literaria de 1950.

Los invasores es una obra de estructura circular, que comienza y termina con la misma imagen. Los hechos suceden en la mansión de dos pisos de los Meyer, matrimonio de acaudalados industriales que luego de una velada con amigos se dirigen a dormir tras comentar el sentimiento de temor de perderlo todo a manos de los más desposeídos.

Las primeras escenas muestran cómo una mano fuerza una de las ventanas de la casa. Se escucha un golpe, la quebrazón de un vidrio y el movimiento del picaporte. Luego, un hombre vestido con harapos, llamado “el China”, ingresa al lugar y tras él quienes viven “al otro lado del río” ocupan la mansión y los espacios exteriores.

Lucas Meyer –padre del clan- intenta disuadir a los invasores pero éstos pronto establecen un nuevo orden social al que debe sumarse incluso uno de los hijos de la familia, Bobby. El diálogo con los visitantes deja en evidencia las injusticias e inequidades sociales y, en especial, el turbio origen de la fortuna familiar.

Conforme el temor se incrementa, los Meyer se rinden a la invasión hasta que la escena se ilumina y Lucas despierta de lo que ha sido una pesadilla. Pero otra vez se escucha una quebrazón y la mano de China se asoma nuevamente por la ventana. El texto sugiere que ya no se trata de un sueño.

Egon Wolff trabaja distintos planos en sus obras: político, social, individual, de clase. En Los invasores, el personaje de China actúa a la manera de la conciencia que va denunciando y develando las dudosas estrategias que Meyer ha llevado a cabo para acumular su fortuna. La misma voz enfoca con una mirada crítica las costumbres de vida de la burguesía que atentan contra la equidad social.

Dado que la discusión ideológica sobre las diferencias socioeconómicas crece en intensidad durante la década de su primer montaje, Los invasores es interpretada por la crítica de izquierda como alegoría de una inminente lucha de clases: “Los invasores no es sino el Miedo de toda una capa social puesto en escena, el pavor consciente y subconsciente relacionado con la pérdida de los privilegios de la alta burguesía industrial” (Manolios, “Los Invasores”, 1963). Mientras, en los medios de prensa conservadores el rechazo a la obra es unánime, como lo expresa ese mismo año El Diario Ilustrado: “Se trata de un melodrama de discutible calidad dramática en su forma y algo trasnochado en su contenido”.

De esta manera, Egon Wolff introdujo en sus obras, particularmente en Los invasores, nociones ideológicas, sociales y económicas de su época, y constituyó en su teatro, un testimonio de las transformaciones que se gestaban en Chile y, por supuesto, en Latinoamérica. Es más, los problemas denunciados por Wolff, sobre todo el que respecta a la marginalidad a la que se condena un gran número de personas en aras del supuesto progreso, resulta estar más latente que nunca, por ello, la lectura y relectura de esta obra es trascendental para la comprensión del escenario actual en lo que respecta a una dimensión metafísica de la existencia misma.


Imagen: https://articulo.mercadolibre.com.co/MCO-454108573-billete-chile-50-pesos-5-condores-de-los-anos-60-e-s-c-a-s-o-_JM

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