Los huéspedes

Por Noé Gabriel Portes  Gil Bermejo

Las noches guardan secretos pavorosos que se manifiestan para el curioso, incluso para el quien no lo es. En las madrugadas nos despertamos a cierta hora sin saber el por qué. Todo tiene una explicación; todo tiene una razón de ser, y hoy, conocerán una de ellas, la cual atormentó y perturbó al pequeño Francis, y la cual espero no perturbe a ustedes.

Antes de contarles esta anécdota turbadora, primero les hablaré acerca de Francis. Francis es un chico de 13 años, pelo corto, ojos saltones y con facciones sutiles, que le gustaba jugar con sus amigos de la escuela a la pelota; a él le encantaba pasearse en su bicicleta por todo el municipio; dibujaba incluso animales, pero una de las especies que más le interesaba y fascinaba eran los insectos, desde cucarachas, mariquitas, escarabajos e incluso polillas. Extrañamente, a comparación de los demás niños, Francis despertó una gran fascinación hacia estos bichos. Con el pasar del tiempo, el joven Francis descubrió un día, en su patio, una especie de insecto singular, el cual poseía unas tenazas grandes, patas diminutas, variedad de grandes y pequeños ojos negros (aproximadamente un total de 6 ojos), un cuerpecillo amarillento y orondo, con minúsculos filamentos en él; al momento de haberlo encontrado, éste yacía muerto, pero de igual manera representaba para el joven un hallazgo totalmente insólito, por lo que se puso a la tarea de investigarlo y conocer información relacionada con él. Desafortunadamente, no pudo hallar mucho sobre este insecto, salvo que para su sobrevivencia debe permanecer en climas cálidos y ceñidos, pues de esta forma podía llegar a reproducirse; tras hacer su análisis y descubrir que aquel pobre bicho había sufrido de una muerte inminente, Francis decidió ofrecerle un dibujo como homenaje hacia su aspecto excepcional y singular, así que trazó con su lápiz y colores lo que a él llamó como “El forastero”, y conservó aquel dibujo que simbolizaba un espantoso horror, y el mayor hallazgo que Francis hubiese hecho. Como dije antes, todo tiene una explicación y una razón de ser, y ahora la conocerán.

Una noche cualquiera, Francis despertó súbitamente de su sueño. Al ver su dispositivo móvil se percató de la hora, se levantó de la cama y se dirigió hacia la cocina por un vaso de agua. Mientras llenaba su vaso, pudo apreciar que a un costado del grifo salía una pequeña cucaracha, la cual él comenzó a admirar por los diminutos rasgos que ésta poseía, pero una comezón en el oído desconcertó a Francis, y por un momento llegó a creer escuchar los pasos de aquel insecto, lo cual fascinó más al joven, pues esto podría significar para él, un nuevo descubrimiento en el que ahora podía percibir, o agudizar sus sentidos para la mejor apreciación de los insectos, aunque le extrañó aquella comezón que experimentó en aquel momento, de todas formas Francis lo relacionaba con el cambio que ahora efectuarían sus sentidos.

Por la mañana Francis se dirigió hacia su escuela, aunque presentaba cierto dolor en su oído izquierdo, el cual le molestaba e irritaba, pero por la experiencia que vivió la noche pasada sobre aquellos pasos diminutos que él pudo percibir, le hizo tolerar dichas incomodidades, aunque dentro del salón de clases éstas molestias comenzaron a tornarse más fastidiosas, incluso jura haber oído como si algún insecto estuviese mordiendo algo, escuchando pequeños crujidos del mismo bicho, aunque al voltear a su alrededor no vio nada. Esto llegó a preocupar al pequeño Francis, pues temía ahora que pudiese escuchar, gracias a “su nuevo y perspicaz sentido auditivo” como él llegó a referirse, las actividades que habituaban aquellos fascinantes seres diminutos, desde comer, caminar en sus pequeñas patillas, volar, e incluso el crujido que algunos hacen al ser devorados o pisoteados.

Cuando dio la hora del receso y Francis salió a jugar junto con sus amigos a la pelota, se percató de que los sonidos, la comezón y cierta hinchazón se hacían presentes en su oído, siendo esta vez insoportables, a tal punto que una de las maestras tuvo que llamar a la madre de Francis para que ésta le proporcionase la atención adecuada. Al llegar, su madre lo llevó a casa, pero hubo algo que le aterró en el trayecto, y que ahora la horroriza, pues su hijo no dejaba de quejarse de algunos sonidos extraños que él percibía. Estando en casa, la madre de Francis le pidió que se acostara o relajara, pero éste no dejaba de quejarse de los crujidos que oía y la comezón que sentía, así que de inmediato la madre llamó al médico de la familia.

Al cabo de unos segundos, sorpresivamente, Francis se encontraba mejor, aunque la hinchazón de su oído aún no desaparecía, pero los sonidos de un insecto caminando se habían vuelto más tenues. Cuando el doctor llegó, de inmediato se acercó a Francis para ver lo que tenía. La madre, con su cualidad protectora, advirtió al doctor que no le introdujese nada al oído de su hijo, ya que ella intentó introducirle un hisopo teniendo como resultado una queja desquiciadora de Francis. Esto no hizo más que poner en cierto desconcierto al doctor, pero inmediatamente supo dirigir su observación hacia lo que podría ser el verdadero problema que atormentaba al joven, así que de manera sutil le indicó que inclinara su cabeza un poco, de forma que se sintiese cómodo. Acto seguido le pidió a la madre que trajera algún aceite mineral o de oliva, y sin retardos ella lo trajo en el instante, entregándoselo al doctor. Éste, colocó dos gotas dentro del oído de Francis, por lo que de inmediato el joven comenzó a gritar, aunque no de dolor, sino del horror de los chillidos que pudo escuchar dentro de su cabeza. El doctor reponiendo sus actividades, sacó un dispositivo de succión de su bolsillo, lo introdujo en el oído de Francis y extrajo lo que tanto le atormentaba.

Se le conocen vulgarmente como “Los huéspedes”, y son insectos que por las noches, mientras duermes, o al realizar actividades al aire libre como jugar a la pelota, andar en bici o hacer deportes, se introducen por tus oídos refugiándose en ellos. Se tiene entendido que esto aplica en cualquier insecto, pero en especial, con “Los huéspedes”; éstos se introducen en tus oídos para así asegurar su sobrevivencia, pues no sólo se quedan para resguardarse, sino que comienzan a generar, gracias al clima cálido, huevecillos que con el tiempo comienzan a desarrollarse. Francis no volvió a jugar más nunca a la pelota o a andar en bici; Francis ha dejado el dibujo, pues ya no le llaman la atención los animales, y odia a los insectos, sobre todo el crujido que hacen cuando son aplastados. Pero sobre todas las cosas, él odia y teme, hasta tal punto de aterrarle, a “Los huéspedes”, pues desde que aquel doctor sacó de su oído a lo que él relacionó con “El forastero”, no quiso saber más nunca de ningún otro insecto, mucho menos de ese dibujo aterrador que él mismo elaboró.


Imagen: http://www.fundacionunam.org.mx/ciencia/dormir-a-oscuras-es-lo-mejor-para-la-salud/

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