Los grandes temas

Por Brandon Ramírez

 

En los últimos años, hemos visto en diversas elecciones locales como dos de los partidos más grandes en términos de resultados históricos se han coaligada para fomentar alternancias. Se especuló mucho sobre la posibilidad de que estos partidos, Acción Nacional y de la Revolución Democrática, siguieran la estrategia para aspirar a aumentar su capacidad competitiva en el estado de México, tan importante en términos simbólicos como en peso electoral, al ser esta la entidad con mayor número de habitantes y por tanto, de votantes potenciales con vista al 2018.

Este tipo de escenarios forzados en distintas partes del país, se realizan bajo el supuesto de que un cambio de partido en la administración local, supondría una sacudida institucional que evitaría que prácticas poco democráticas sigan siendo la regla, al cambiar a buena parte del personal que se siente intocable y comete abusos de poder, o que tienen establecido todo un sistema clientelar con los recursos públicos para movilizar electores en su apoyo.

Pero sabemos que esas alternancias no necesariamente llevan a esos cambios. Lo que pasó y se criticó a nivel federal fue precisamente la falta de esa sacudida institucional que generara cambios y los cimientos de un nuevo andamiaje administrativo. Lo que ha ocurrido fuera de nuestras fronteras ha puesto de relieve problemas que antes obviábamos o que no eran considerados así, y quién sabe si el tema que parecía perfilarse como el central de la elección presidencial de 2018, la corrupción, siga siéndolo con tanta certeza.

No está de más hacer un repaso de los últimos grandes ejes sobre los que se centraron las elecciones presidenciales previas más llamativas: la alternancia del año 2000 y la competidísima elección de 2006, obvió un poco la elección de 2012, porque puede entenderse por distintos factores.

La elección del año 2000, se resumió para los electores, en una pregunta simple: ¿debe continuar el PRI en el gobierno federal? Para este entonces, la ideología que las diferentes opciones políticas no era bien distinguida: la derecha era el gobierno y lo que se le pareciera, la izquierda era lo opuesto. En este sentido, el voto de los mexicanos se inclinó hacia la izquierda. Esto pone de manifiesto una situación: son los partidos que compiten, los que a través de su discurso dentro de un contexto socio histórico preciso, generan su posición y percepción como de izquierda o derecha.

En 2006, el discurso de Andrés Manuel López Obrador, donde se asumía el candidato de izquierda y señalan a Felipe Calderón como el candidato de derecha, terminó por cambiar el sentido de la identificación ideológica.  A diferencia de 2000, donde izquierda era más bien todo lo pro democrático entendido, en general como anti PRI, que Fox logró capitalizar.

Esto es importante porque la distinción puede ser la base de coaliciones en los distintos momentos electorales. En 2000, la coalición del cambio que se entendía como izquierda logró atraer el voto de los electores que se asumen como tal, y también mantener una cantidad importante de voto de derecha asociado al PAN, partido del que Vicente Fox formaba parte. Las coaliciones en 2006, sin embargo, se basaban ya no en democracia o no democracia, sino en temas más comunes asociados al continuo izquierda-derecha de democracias más consolidadas.

Refiriendo a encuestas previas que muestren el porqué de este cambio, encontramos que de 2000 a 2005 aumentó la ideologización del electorado, pasando el porcentaje de ciudadanos que no se consideran dentro del espectro ideológico izquierda-derecha del 30 al 17.

Es importante mencionar lo referente al contenido de izquierda y derecha para los electores, es decir, su contenido y su cambio entre 2000 y 2006: según diversos estudios, en general, los cambios generacionales que se suman a las filas de electores han transformado las demandas en 2000 del autoritarismo-democracia al materialismo-pos materialismo. La izquierda ha venido a identificarse con esos valores pos materialistas, más propenso a demandar del gobierno demandas de este tipo. La derecha, por su parte, se ha identificado con esa postura más materialista. En 1997 esta distinción izquierda-derecha no era relevante aun, pero ha venido elevándose su grado de importancia, mostrando que es un factor determinante para el voto de los mexicanos.

Cada partido se ha adaptado y apropiado de nichos específicos que van captando un tipo de ciudadano en concreto, es decir, la identificación ideológica es cada vez más relevante. Los cambios socio históricos demandas posturas nuevas de los partidos para buscar captar más votos en las generaciones nuevas de electores que se suman al listado. Hacer un llamado a la democracia puede ya no hacer sentido para los electores más jóvenes, que han crecida en un entorno de democracia institucional y con competencia electoral como la norma, la corrupción podría serlo, y en ese sentido nuevamente estaríamos ante una elección como en el 2000, sistema – anti sistemas.


Imagen: https://psicotip.files.wordpress.com/2013/05/elementos-toma-decisiones_1_1569132.jpg?w=580&h=341

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