Los debates

Por Brandon Ramírez

Esta semana se transmiten los debates tanto para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, como para la Presidencia de la República. El papel de los debates se puede tener sobreestimado, ya que está comprobado que es muy difícil que estos cambien de una manera determinante el rumbo de una elección, de no ocurrir algo sobresaliente.

La dinámica del debate entre candidatas y candidatos a la jefatura de gobierne puede que perdiera un poco de ritmo, al ser 7 candidatos. Podía haber señalamientos y preguntas directas, pero perdían fluidez al deber esperar 3 intervenciones para poder escuchar la respuesta. También el número elevado de candidaturas hacía que, por ejemplo, en las preguntas de Javier Solorzano personalizadas, sólo tuvieran un minuto para responder.

Probablemente en el debate presidencial ocurra algo similar, con la incorporación de último momento de un quito candidato. Es entendible que, siendo debates institucionales, organizados por las autoridades electorales deban incorporar a todos los candidatos, pero ganarían mucho en dinamismo si sólo fueran participantes los punteros, o aquellos que en el poll of polls de encuestas reguladas por el INE/IECM alcanzaran un mínimo de votación una semana previa de la organización del mismo. Lo mismo para los debates a las gubernaturas, y el resto de las candidaturas.

Se espera, en el ideal, que el debate sea un contraste de ideas y proyectos. Es difícil en una contienda de tres. El segundo y tercer lugar tienden a atacarse mutuamente para posicionarse como la alternativa al puntero, en especial en sistemas de competencia como el nuestro tradicionalmente cerrado entre dos alternativas en las últimas semanas de la elección. El puntero, en contraparte, busca mantener su ventaja, no arriesgando a soltar propuestas arriesgadas, intentando apelar al voto indeciso, posicionándose ideológicamente en el centro, y respondiendo a los ataques que los candidatos sin opciones a ganar, pero con intereses en juego de incidir en la contienda quitando votos, a alguno de quienes sí las tienen, pueden soltar en momentos determinados.

Las criticas y ataques, por cierto, no son del todo negativas. Mientras tengan sustento, no sean calumnias ni injurias, argumentos ad hominem, o cosas que en general dañen la integridad de uno de los contenientes sin sustento verídico, pueden servir a los electores a conocer una faceta de los candidatos que de otra forma desconoceríamos. Evidentemente, centrar toda una campaña en consideraciones de este tipo, y sin ningún contenido programático también este lejos del ideal o el escenario deseable, pero como una parte más de los discursos expresados en campaña, tampoco son cosas que haya que evitar a como de lugar.

En los tiempos que corren, con las fake news como algo cotidiano, cuesta trabajo encontrar fuentes de información fidedignas sin que esto supongo un gran esfuerzo para el usuario que no quiere pasar por el proceso de verificar cada noticia que lee. Pasa algo similar con cada dato expuesto por los debatientes, en especial si sobre un mismo tema, cada uno lanza cifras o datos distintos. La idea según la cual, un voto informado es el ideal, y que cada ciudadano antes de decidir a quien apoyar y otorgarle su voto debe haber contrastado todas las plataformas de sus candidatos, ello supone un gran esfuerzo que, siendo sinceros, casi nadie realiza.

Existen plataformas digitales como Voto Informado de la UNAM, o iniciativas como Verificado 2018 de Animal Político que pueden ayudarnos acercándonos información sobre nuestros candidatos de forma accesible, en el primer caso, y contrastando datos que en estos tiempos de campaña se sueltan al aire, en el otro, y deberían tener más difusión y consulta de las que tienen actualmente.

El desencanto que se vive en el mundo con los partidos políticos en general, y con los políticos en particular, y el descrédito que en muchos lugares tienen los procesos electorales, también se convierten en una barrera para invitar a la participación. Hay teóricos que incluso comienzan a hablar del término desconsolidación democrática para definir las características de algunos regímenes contemporáneos que anteriormente eran considerados democracias consolidadas.

Es cierto que un sólo voto en particular no logra mucho, pero como símbolo de participación e interés en apropiación de los mecanismos de construcción de gobierno de los que tenemos al alcance, la suma de todos es bastante elocuente. Hay que insistir en lo de siempre: votar es importante, claramente, pero no basta. No sólo es requisito para, como se dice popularmente, después poder quejarte justificadamente de quien te gobierna, sino que es necesario participar en todas las formas en que es posible, apropiándonos de todos los mecanismos que ya existen para hacernos oír y transformar nuestro entorno.


Imagen: https://www.kaiserhighschoolhawaii.org/apps/news/article/844726

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