Los cambios del trabajo

Por Brandon Ramírez

 

Recientemente se anunció que en Venezuela se recortaría los días de operación de la administración pública a cuatro, durante dos meses, para reducir el consumo de energía del país, como ya se intentó durante “semana santa”. Esa noticia, si bien es una muestra de la situación actual de aquél país, me recordó otra nota de hace un par de años en el nuestro, donde se reproducía la opinión de Carlos Slim en cuanto a la jornada laboral, que podría ser de 3 días a la semana, con 11 horas de trabajo, para que las personas puedan tener más tiempo para ocio y puedan impulsarse sectores relacionados a éste, como el turismo y el entretenimiento; a la vez que se alargará el tiempo en activo de la gente, retrasando la edad de jubilación (un sector que en muchos países comienza a ser difícil de sostener) y permitiendo a más personas trabajar, dado que para cubrir toda la semana, se necesitará más de un trabajador.

De cuando en cuando, el tema del empleo y las condicionas mismas de trabajo se han transformado. El ludismo, como movimiento obrero, sentó ya un precedente de lo que algunas vaticinaban como una crisis a futuro. En su momento, se tildó de irracionales sus planteamientos, específicamente su idea de que las máquinas sustituirían a los hombres en los procesos productivos, dando como resultado movimientos contra la industria maquiladora, por esta, donde se gestaron los primeros avances de las revoluciones industriales del siglo XVIII y XIX.

Durante el siglo XX, y con el crecimiento de la globalización, se instauró un compartimento cíclico en nuestro sistema económico: una serie de años se da un crecimiento constante, seguido de un periodo de crisis, teniendo a la de 1929 como el primer gran ejemplo, y la de 2008 como el más reciente. Al globalizar los procesos de producción y entretejer relaciones económicas de gran volumen entre casi todos los países del mundo, lo que ocurre en un lugar puede tener grandes efectos en otro. Los nombres que se dieron a algunas crisis locales con símbolos representativos de éstos como “efecto tequila”, “efecto vodka”, “efecto samba” o “efecto tango”, tuvieron sus repercusiones en el entorno internacional.

En los últimos años, las cifras de desempleo en Europa llamaron la atención del mundo, quizá con el caso de España como el más notable. Según datos de Eurostat la tasa promedio de paro en la eurozona es de 10.2 por ciento, para febrero de 2012. La de España era del 23.6 en esa fecha, duplicando el promedio. Los rescates económicos que las instituciones europeas otorgaron a estos países condicionaban, muchas veces, recortes en gasto social, que tendían a afectar más a las poblaciones vulnerables, que veían reducido el monto que podrían percibir por su seguro de desempleo, o la posibilidad de que el sistema de salud dejase de ser gratuito… ni hablar de las múltiples casos de personas que, incapaces de pagar sus hipotecas, fueron impulsadas a contemplar el suicidio, por la posibilidad de que los bancos les desahuciaran.

Algunas de las propuestas que expertos daban cuando la crisis de 2008 estaba en su peor punto fue que los países apostaran por la economía del conocimiento, generando estrategias para vincular a las Universidades y sus recién egresados en este sector, a la vez que tanto la iniciativa privada como los gobiernos inviertan en ésta área. Las máquinas y la sistematización de muchos procesos productivos han hecho innecesaria la mano del humano en puestos en que antes era indispensable, sin embargo, generaron nuevas áreas, ya sea desde el mantenimiento hasta la fabricación de dicha tecnología.

La economía del conocimiento es aquella en la que su funcionamiento se basa principalmente en la producción, distribución y uso del conocimiento y la información. Se hace uso de la información y la tecnología como medios externos al proceso de producción, alegando que tanto el conocimiento como la información influyan de manera directa en dicho proceso. Para que exista un verdadero impulso hacia el desarrollo tecnológico y de la innovación, es preciso contar con una base sólida de recursos humanos sumamente calificados en el ámbito de la investigación, así como para el desempeño del trabajo científico y tecnológico en general.

Las innovaciones tecnológicas y las distintas luchas políticas a lo largo de la historia dieron paso a distintos modelos de trabajo predominantes. Hoy en día las cifras de desempleo elevadas (o de empleos de mala calidad en términos de remuneración y prestaciones) podrían indicarnos la necesidad de repensar nuestro modelo actual.


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