Los alumnos de la vieja escuela

Por Irlanda Diego

 

El 5 de junio se llevaron a cabo elecciones para renovar gubernaturas en doce entidades del país, dicho proceso arrojó como resultado una ventaja considerable para el Partido Acción Nacional, que ganó la mayoría de las posiciones, algunas por sí solo y otras más generando coaliciones. Para la institución política albiazul el número obtenido habla de un avance significativo  rumbo al 2018, año que será sumamente trascendente para la vida política mexicana, pues se elegirá un nuevo Presidente de la República, y precisamente rumbo a ese momento clave, pareciera que el desenlace electoral de las pasadas contiendas demuestra algo que resalta e impacta en el contexto social  en el que nos encontramos: el despertar de conciencias ciudadanas está emergiendo.

Indudablemente, hablamos de un despertar que ha sido producto del hartazgo social en torno a los partidos políticos, ya no se trata únicamente de un color o un personaje en específico, se trata de las acciones que han sumido a nuestro país en la corrupción. Vengan éstas pintadas de amarillo, rojo, azul o cualesquiera otros, al final de cuentas, son los aprendices de la vieja escuela  los que mantienen viva una política que ha servido para corromper el verdadero quehacer público sirviendo a intereses mezquinos.

Aunado a este despertar, que no corre a la velocidad necesaria pero que ya inició su carrera, hay algo que como joven me preocupa y me inquieta profundamente: ¿qué es lo que están aprendiendo las nuevas generaciones de jóvenes? Pareciera que estamos infestados de discursos aprendidos, en los que, ni siquiera el portavoz del mismo parece creer. Palabras de la vieja política, poses y más poses actuadas que hablan de todo menos de un interés genuino por transformar la realidad que nos aqueja.

Qué nos quieren enseñar cuando vemos que comúnmente las principales posiciones se las quedan los que están bien apadrinados; cuando generalmente poco importa la preparación académica y la trayectoria de trabajo social para llegar a una curul en algún congreso local, en el Senado de la República o en algún espacio de la administración; cuántos casos más de políticos corruptos o ineptos se tienen que evidenciar para que, como juventud, terminemos de entender que la vieja política a la que se está acostumbrado no es la salida para los grandes males presentes en nuestra sociedad.

Quizás esas prácticas nos hagan ganar de manera individual, pero, ¿dónde queda México? Sí, el país en el que tú y yo nacimos, el país que acoge nuestra historia, nuestra identidad, nuestra vida y la de nuestros seres más amados. Mucho se ha dicho que los jóvenes somos el futuro, cientos de veces hemos escuchado a candidatos o funcionarios diciéndolo ante auditorios llenos, llenos de mujeres y hombres repletos de sueños y ganas de salir adelante, muchos de ellos incrédulos de las falsas promesas, ansiosos por demostrar que no somos el futuro, sino el presente de una nación, que si quiere salir avante, necesita innovar y enterrar las prácticas de la estropeada y arcaica escuela política.

La tarea no es sencilla, pero hoy, el compromiso que debemos asumir como jóvenes, ante una verdadera transformación de la política, debe ser enorme.

Muchos son y serán los obstáculos, pues lamentablemente los dinosaurios de la vieja escuela y sus discípulos han querido que creamos que la política es lo que ellos han construido: el camino para obtener el poder por el poder, la competencia de egos, eliminar del camino a quien expone la verdad.

Es momento, modifiquemos las cifras que nos colocan en los últimos lugares en educación y los primeros en inseguridad. Cambiemos el panorama, construyamos una visión realmente joven que nos permita ser dignos partícipes de la vida pública de nuestro país, que el dinamismo y la fuerza que caracterizan a la juventud, impulsen las nuevas ideas y sepulten con paso firme lo que tanto ha lastimado a nuestro país.


Imagen: http://elcerebrohabla.com/2015/06/10/lo-que-nos-dejaron-las-elecciones-intermedias/

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