Lo que viene

Por Brandon Ramírez

 

Las elecciones locales de este año, pero a ser en número menor a las que vivimos en 2015 y 2016, no dejan de ser sumamente importantes, en especial por su cercanía con la elección presidencial del próximo año y por el tamaño en términos electorales del Estado de México.

Antes de la selección de candidatos que, en términos generales ya se ha efectuado por parte de los partidos con mayores probabilidades de ganar la gubernatura mexiquense, se especulaba sobre la posibilidad de que todas fueran mujeres: por parte de Morena, Delfina Gómez; por el PAN, Josefina Vázquez Mota; y por el PRI, Ana Lilia Herrera. Sin embargo, esta última posibilidad se perdió con la candidatura de unidad de Alfredo del Mazo. El tema no es menor para una entidad en que la violencia de género y los feminicidios son un problema cotidiano, uno podría suponer que la perspectiva de género estaría más presente en las campañas y programas de gobierno en una contienda de este tipo, aunque el sexo no es condición sine qua non para que esta exista.

Encuestas aparte, si el PAN volviera a lograr la mayoría de las gubernaturas en disputa como el año anterior, podría estar en una situación inmejorable para reconquistar la presidencia, salvo que los conflictos internos que esto generaría entre la selección de candidato ya sea por Margarita Zavala y el presidente del mismo Ricardo Anaya, como muchos apuntan, los deje en una posición menos privilegiada y más desgastada. Para el PRI, perder quizá el bastión más importante que tiene, sería como para el PRD perder el gobierno de la CDMX, dejándoles quizá en la situación de más debilidad política en su historia.

El proyecto asociado a Morena desde su surgimiento apuntó a la candidatura de Andrés Manuel en 2018, y tener un buen papel en los comicios locales. Ya en 2015 sorprendió su crecimiento en entidades como Veracruz, Oaxaca y Zacatecas, y parece ser nuevamente el caso para la elección del Estado de México.

La futurología en general parece ser una empresa inaccesible para todos. Últimamente, siempre que se trata de construir escenarios del devenir político aquí y allá terminan siendo errados, pero la especulación no deja de ser parte del juego de la política dentro de los procesos electorales.

No deja de ser curioso que hace unos lustros, cuando buena parte de los países de américa latina optaron por elegir gobiernos de izquierda, nuestro país no se sumó a ese caudal, siendo que histórica y socioeconómicamente tenemos muchas similitudes como región. Ahora esa ola pasó y quién sabe si sea el momento en que un candidato que se autodefine de izquierda, aun con lo sui géneris que es dicho concepto en nuestro país (anti impuestos, con posiciones vagas en temas emblemáticos de la izquierda como la diversidad sexual, etcétera).

Quien sabe tampoco si, aunque corresponde a una realidad un tanto distinta a la nuestra, más bien se opte por cómo se ha hecho desde los últimos gobiernos mantenerse en una línea de cierto continuismo del modelo que se comenzó a implementar en los años noventa, pese a que los resultados son discutibles, como lo serían los de cualquiera.

El descrédito que desde su origen tiene los partidos políticos hace un par de siglos, sigue manteniéndose, ahora aunado al descrito que en algunos países parece tener la democracia liberal como proyecto de construcción de gobierno. Esto ha dado paso a que el papel de los candidatos o proyectos independientes o anti sistema se posiciones de manera competitiva en los procesos electorales. No parece que a nivel nacional vaya a ser el caso, ni en los estados en que este año hay elecciones.

La participación en los procesos electorales, y la construcción de éstos como parte importante de la democratización de nuestro país costó muchos años. No obstante, parece que el descrédito que no es canalizado por proyectos independientes o candidaturas anti sistema se queda fuera de las urnas. Difícilmente habrá en cualquier país democrático una suma apabullante de participación electoral, con respecto a los respectivos padrones. Ojalá no sea el caso. Puede que a los más jóvenes que demos por sentado el desarrollo de las elecciones como algo parte de nuestra vida no dimensionemos que fue una conquista de generaciones previas, y que deben defenderse haciéndolas nuestras y el pilar de la vida política de nuestro país (aunado a todas las demás formas de participación, claro). Sólo tenemos como país 20 años de Congresos plurales, sin un partido hegemónico, y aunque aún hay estados en que las alternancias no han ocurrido, la sensación de competencia sí que está presente… si no veamos el Estado de México.


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