Lo que no fue en tu año, déjalo ir

Estamos casi en la recta final para despedir el año, con ello vienen los intercambios que para muchos podría ser una pesadilla, pero que para otros es algo bastante divertido.

A propósito de este tema, recomiendo leer intercambios, lo más odioso de fin de año.

También de deshacernos de todas aquellas cosas que ya no usamos, que nos generan un mal recuerdo y que sólo ocupan un lugar más en nuestras vidas.

Es la época más melancólica del año, la más difícil de dejar ir y también la época en la que más nos hacen hincapié para perdonar, decir adiós, pasar página y renovarnos.

Esto último me parece un gran cliché, al final uno perdona a su tiempo, cuando se da cuenta de que la única persona que se daña y desgasta eres tú.

El decir adiós es una decisión personal que cada quien toma en cualquier momento de su vida cuando se da cuenta de que merece algo o a alguien mejor.

Tampoco faltan todos esos rituales y supersticiones sobre la ropa interior de color para atraer aquello que te hace “falta” en la vida o para que lo sigas conservando. La verdad es que no creo que nada de eso influya en nuestras vidas, sino que todo es cuestión de las decisiones que vayas tomando, lo que creará tu destino y por consiguiente, añadiremos esos elementos que creemos que nos faltan o deseamos conservar.

Pero si hay algo más difícil que deshacerte de lo que ya no ocupas o dejó de aportarte valor, sin duda alguna son las personas que marcaron no solo tu año, sino parte de tu vida.

Es tiempo de dejar ir. Sé que es muy fácil decirlo, pero demasiado complicado hacerlo.

Dejar ir a aquella persona que ya no suma en tu vida, esa que seguro sabes que está ahí sin hacer ruido pero que te da cierta “seguridad” saber que aún está aunque en realidad ya no para ti.

Dejar ir aquella relación que por mucho que intentes rescatar, parece como que las cosas no están a tu favor, que a veces es un sí pero otras veces no. Recuerda que las relaciones ya sea de pareja, de amistad o de lo que sean, siempre son de dos.

Deja ir aquella que ya no es tu batalla, que sabes que por más que quieras permanecer luchando, no conseguirás ningún resultado. Porque al final estás luchando tú solo o sola. Porque para pelear se necesita a otro y probablemente ese otro se dio por vencido desde hace mucho tiempo atrás y del cual no te has querido dar cuenta.

Dejar ir aquella persona que sólo buscas cuando te sientes solo, esa persona que te da atención cuando crees que a nadie más le importas. No te engañes, no es cariño lo que recibes.

Dejar ir a esa persona que es prohibida para ti pero que aun sigues en contacto porque parece todo un reto. Aun sabiendo que nunca la vas a tener. Déjala ir, porque ya fue, ya fueron y nunca más serán.

Dejar ir a aquella persona que te hizo daño, que perdonaste, que le diste otra oportunidad confiando en que iba a cambiar, pero sabes que ya no hay nada más que hacer. No tiene remedio.

Dejar ir aquella persona que cambió de un momento a otro, que te mostró que era de una manera y terminó siendo todo aquello que juraba que nunca se convertiría.

Dejar ir a quien juró amistad eterna, que jamás te defraudaría y que sólo te mostró hipocresía.

Dejar ir lo que te prometieron, todo lo que habías apostado como verdadero. Si no sucedió en ese momento, si se trataba de “cuestión de tiempo”, en realidad no estaba destinado a suceder. Porque las cosas se hacen ahora, el “luego” o el “después” nunca sucede.

En la vida lo más importante no es lo que dejaste ir, sino aquello que aprendiste de lo que se fue.

A veces no sabemos cómo dejar ir aquello que nos hace daño, que ya no vale la pena; simplemente respira, si tienes la oportunidad de decirle “adiós”, hazlo.

Si no puedes hacerlo por el motivo que tengas, simplemente vete.

Dicen que el que de verdad se quiere ir, no avisa, no hace despedidas, se va.

Lo que no fue en tu año, no lo va a ser el próximo.

Lucha por aquello que de verdad valga la pena, valora y conserva a los que siempre han estado para ti.

Recuerda que lo más importante en una amistad no es la cantidad de amigos que tienes, sino la calidad de la amistad de aquellos pocos que si son tus amigos.

Tus verdaderos amigos serán aquellos que te apoyen en los momentos más difíciles de tu vida, los que te apoyarán en las adversidades de la vida sin esperar a que les devuelvas el favor.

Por otra parte, en el amor, si algo no sucedió, deja de pensar que en el próximo año seguro le echarás más ganas. Porque si no lo hiciste en el momento en el que debiste hacerlo, no lo harás después.

Lo que no cambió cuando juró hacerlo, lo que no se cumplió cuando fue prometido, no tiene por qué seguir en tu vida.

Que lo próximo que hagas en el año que viene, sea por amor propio y no por intentar complacer a la otra persona.

Olvídate de los errores que has cometido, de tus equivocaciones.

Si te vas a arrepentir que sea de aquello que aún no te has atrevido a hacer, no de lo que ya hiciste y no puedes cambiar.


Imagen: https://www.flickr.com/photos/cherrypieee/

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