Lo que leemos

Por Brandon Ramírez en colaboración con Sofía Ramírez Martínez

 

Con la facilidad que hoy día supone el acceder a la información creada en cualquier parte del mundo, la globalización ha hecho posible una cultura pop compartida por buena parte de los países del mundo.

Más allá de que en nuestros días, patrones de comportamiento que antes eran marginales, ahora sean parte de la cultura popular, en los últimos días pensaba en cómo esta interconexión global también afecta otras áreas de nuestra vida, como la literatura.

Repasando los libros que he leído en lo que va del año, solamente uno fue escrito originalmente en español, y los demás son traducciones del inglés o francés. No había caído en cuenta de ello hasta hoy.

La inmediata capacidad de imprimir en diversos países de manera simultánea libros, ha ayudado a que sagas como Harry Potter, Los juegos del hambre, Divergente, Crepúsculo, Cincuenta sombras de Gray, entre muchos otros ejemplos, se puedan convertir en fenómenos globales, alrededor de las que se generan comunidades de fanáticos que gracias a internet pueden conversar sin importar en qué lugar se encuentren.

Si bien esta interconexión y estandarización de patrones de comportamiento, que generan movimientos culturales globales, pueden ser vistos como un beneficio de la globalización, los detractores siempre han señalado que esto no se da sin consecuencias, como es el desincentivar el consumo de productos locales.

En el caso de los libros, el éxito de estos títulos puede hacer menos atractivos el consumo de literatura nacional, que antes era a la que se tenía más acceso (la traducción de textos en otras lenguas, como puede ser cualquiera de las sagas mencionadas anteriormente, antes tardaban años en distribuirse, a diferencia de hoy día, que puede darse en semanas o meses), a menos que éstas sean precisamente parte de estos fenómenos globales.

Con esto en mente, es imposible no recordar el momento de auge y reconocimiento de la literatura latinoamericana durante la década de 1960 y 1970 conocido como el boom latinoamericano.

Aquella fue la época en que los escritores de nuestra región formaron parte importante de esa naciente cultura popular, con obras que resultaban atractivas más allá de nuestros países. El cómo se dio esto, puede entenderse gracias al contexto político que se vivía internacional y regionalmente durante ese periodo, entre otros factores. No está de más hablar de ello.

Por un lado, la guerra fría mantenía al mundo occidental en guardia ante avances del socialismo cercanos a su zona de influencia, hecho aún más latente con la revolución cubana, lo que obtuvo como consecuencia que se apoyaran regímenes autoritarios en un buen número de países, como Brasil, Argentina, Chile, gran parte de Centroamérica y del Caribe.

Por el otro, la globalización que desde siglos atrás crecía, alcanzó quizá su propio boom, con telecomunicaciones que hacían posible saber lo que pasaba del otro lado del mundo de manera casi inmediata, así como la entrada en el transporte de los aviones a principios del siglo XXI.

Ya habían existido autores con importancia regional para la América Latina, pero precisamente autores como Julio Cortázar, Jorge Luis Borges o Eduardo Galeano (muchos de ellos formados en Universidades de las potencias occidentales), alcanzaron una proyección internacional; ayudado principalmente por la publicación de sus textos en España y múltiples traducciones en otros idiomas.

La temática de sus escritos (cuentos, poemas o novelas) podía variar, pero una constante era la exhibición y denuncia de abusos de poder político que se vivía en sus países y vecinos.

Un caso emblemático es el texto “Las venas abiertas de América Latina”, que narra la situación en la que surgió este subcontinente a partir de un origen más o menos común de invasión, ocupación y explotación.

Abocándonos a casos nacionales, muchas de las dictaduras influyeron de manera directa o indirecta en muchos de estos autores. Cortázar renunció a su nacionalidad argentina a manera de protesta, por ejemplo. Indudablemente el conocimiento del contexto internacional y la preocupación de los golpes de Estado y asesinatos impunes contra jóvenes y protestantes generaban la indignación y necesidad de denuncia.

Vargas Llosa en numerosas obras denuncia este tipo de abuso, como en “La fiesta del Chivo”, que nos permite dar una muestra de la impunidad y uso excesivo del poder para dominar toda una nación.

Es cierto que los autores del boom encajaron en el gusto internacional, aunque no necesariamente por desarrollarse dentro de sus cánones. Esto les dio el reconocimiento, la posibilidad de contar sus historias y de exponer sus ideas a un público más amplio que los autores previos: no le hablaban a su país o región, le hablaban al mundo más allá de una línea temporal (como cualquiera que aspira a convertirse en un clásico), y eso nos permite entender que sus obras sigan siendo vigentes y del gusto de nuevas generaciones.

Hoy, es posible percatarse de la influencia que las obras latinoamericanas tuvieron y continúan generando. De ahí que algunos de estos autores obtuvieran el premio nobel de literatura.

El boom posicionó y delegó a los autores latinoamericanos de la época, así como a los sucesores de los mismos, la estoica tarea de liberar a los individuos a través de la literatura. Otro tema es el plantearnos cuál es la tarea de todas las sagas populares mencionadas al principio, más allá de acercar a los jóvenes a la lectura…


Imagen: https://eugenia12.wordpress.com/tag/libro-electronico/

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