Lo público y la fe

Por Brandon Ramírez

No deja de ser curioso que, en un Estado secular, y dentro de una educación laica, algunas de las fechas de conmemoración para una religión, sean días feriados. La idea principal de la secularización es que lo religioso y lo civil estén separados, y se dé un trato igual por parte de las instituciones públicas a todas las iglesias o comunidades religiosas.

Sí, la mayor parte de nuestra población es católica, pero no por ello debería darse un estatus de mayor importancia pública al calendario de esa fe sobre las demás (aún en algunas las derivaciones del cristianismo, que optan por no conmemorar ninguna fecha). Lo mismo con la cobertura mediática, por ejemplo, en algunas cadenas de televisión abierta tienen programas dedicados exclusivamente a dicha religión, sin darse espacios similares a las otras. Al ser concesiones públicas, el trato debería ser equitativo.

Con lo anterior creo que queda claro que no quiero decir que las manifestaciones públicas y el uso de medios públicos de difusión y comunicación debería excluir lo religioso, al contrario, debería dar cobertura a todos los credos, ya que de otra forma se está privilegiando una sobre la otra. Y el extremo de cerrar estos espacios sería un sinsentido, ya que el peso que la fe confesional tiene en gran parte de la población del mundo, y obviamente nuestro país, ha estado y seguirá presente, ya que quienes no se identifican con ninguna somos minoría. Quizá no está de más aclarar en este punto que yo no me identifico con ninguna religión, y en esos temas me defino como agnóstico.

Nuestro país comenzó su camino a construir un verdadero Estado en el proceso de Reforma de la segunda mitad del siglo XIX, conformando las instituciones civiles independientes de lo religioso, y tras el periodo de relativa paz en el asunto, vivió un movimiento reaccionario tras la Revolución, que devino en una postura gubernamental de alejamiento y cierre de relaciones con la Iglesia católica. No fue hasta décadas recientes que se reestablecieron dichas religiones.

El papel de lo religioso suele ser relegado en las ciencias sociales. Se ve lo religioso como un síntoma de pre modernidad. La ilustración europea tendió a ver lo religioso como una práctica irracional que terminaría desapareciendo con el surgimiento y fortalecimiento de las ciencias, que harían de las iglesias algo innecesario para dar sentido a nuestra realidad y eventualmente desaparecería. Lo cierto es que la cosa no fue así. Estados Unidos, quizá uno de los emblemas de la democracia moderna y cuna de los mayores avances científicos de los últimos siglos, es un país fuertemente religioso, donde la idea de Dios está en la investidura de su presidente, se jura sobre la biblia en los juicios, o incluso se manifiesta en su moneda.

Diversos estudios sobre el tema no han encontrado indicios de un decrecimiento tendencial e importante de la religión salvo en algunos países europeos. Al contrario, las manifestaciones públicas de la religión y la religiosidad en sí misma han servido en los casos de colonización o de socialización de migrantes para cohesionar e incluir a sociedades o individuos de contextos distintos.

El grado de globalización actual hace realmente factible la posibilidad de que se construyan religiones universales, como han pretendido el islam o el catolicismo desde hace Siglos. Es cierto que el Papa usualmente habla hacía el mundo, pero antes del Siglo XX su voz difícilmente salía y tenía resonancia más allá de Italia o la Europa occidental. De igual forma, esta misma Iglesia se debatía con el modelo de la secularización hasta el concilio vaticano segundo, donde aceptó el papel de las otras religiones universalistas y su lugar fuera de la esfera política en las democracias, ocupando un papel solamente dentro de la sociedad civil, como cualquier grupo de interés.

El peligro de que se rebasen esos límites es que pueden afectar el sentido liberal de las democracias contemporáneas. La tendencia a la aceptación de la diversidad sexual y sus derechos, de la posibilidad de las mujeres a optar por el aborto dentro de un periodo de tiempo, la legalización de algunas drogas, etcétera, usualmente va contra el discurso religioso, y puede afectar los derechos conseguidos para diversos sectores sociales. Ya el siglo XX la Iglesia logró echar abajo campañas de concienciación sobre el embarazo adolescente y el uso de condón, lo que devino en incremento de contagios de enfermedades de transmisión sexual como el sida, y muchas parejas jóvenes con hijos que no planeaban tener, lo que hoy día sigue ocurriendo. Sin embargo, esas batallas las ha perdido, y hoy día los programas de planificación familiar y salud sexual se da en casi todas las escuelas de nuestro país.

La voz de la iglesia católica representa a una buena parte de la sociedad que se identifica con dicha fe, y como cualquier otro grupo de interés está claro que debe participar de los debates que le interesan según su agenda, sin tener ningún papel privilegiado. Cualquier comunidad religiosa debería tener ese derecho que, insisto, es el de cualquier grupo de interés. El devenir de nuestras sociedades genera identidades nuevas que obligan también a cambiar ideas que parecen inmutables en estas organizaciones. No en balde la mayoría de estas tienen siglos existiendo.

Ya lo hizo el catolicismo con el discurso de los derechos humanos, que antes marginaba y desconocía, con el mencionado concilio vaticano se adaptó como suyo ese programa de derechos, dándolo su justificación religiosa. No tendría por qué ser distinto en algunas décadas con estos temas, si las tendencias se mantienen y los derechos de la diversidad sexual, por ejemplo, se mantienen e imponen en la mayoría de sociedades contemporáneas.


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