Lo atractivo del miedo

Por Brandon Ramírez

Es curioso que ya a esta altura del año, en muchas tiendas encuentras los estantes para celebrar la Independencia de México, detrás los adornos para Halloween/Día de Muertos, y junto los árboles y decoración navideña. Ya se sabe que uno de los motores de nuestras sociedades es el consumo, pero puede que el ritmo se nos va un poco de la mano. Yo no conozco a nadie que compre su árbol navideño en septiembre…

En fin, algo que me vino a la mente, y que se junta con la puesta en cartelera de It, en una adaptación contemporánea del clásico de Stephen King, es el tema del terror que se asocia a los días que unen octubre con noviembre, al menos en las tradiciones más anglosajonas.

La propia base dialéctica que sustentó el origen de la visión occidental del mundo en lo religioso hace ya muchos años, parte de la idea del mal inherente en el mundo, que dota de sentido y certeza al bien, y ha acompañado nuestra percepción de la realidad más allá de lo religioso. En un principio, la mayoría de las personas optamos por creer que lo que reconocemos como bueno, es lo preferible, y lo malo algo que rechazamos. Sin embargo, en los hechos lo malo parece tener cierto atractivo sobre lo bueno.

Un tópico en muchas historias de amor adolescente es el del icono de rebeldía (o de maldad contenida) como el interés romántico de las protagonistas femeninas o masculinos, según sea el caso. Si pasa un accidente por la calle, la inmensa mayoría de las personas lo ven con interés, y siempre se juntarán círculos de curiosos que incluso lo documentarán en fotografía o video, porque sí. Se construyen incluso íconos del mal que se incorporan en el imaginario colectivo, incluso, en un sentido aspiracional, pensando en toda la producción televisiva y cinematográfica que ha conllevado Pablo Escobar, o los narcotraficantes mexicanos, grandes criminales estadunidenses, etcétera.

O bien, en mi caso particular, me generan muchísimo interés las películas (e incluyo la literatura y  videojuegos) de terror, que en principio son representaciones de distintas manifestaciones del mal (aunque ya se sabe de antemano que, salvo rarísimas ocasiones, el bien triunfara sobre el mal). Por algo que no alcanzo a identificar en el fondo, me gusta la posibilidad de que me asusten, si bien cada vez es más complicado, y terminas haciéndote inmune hasta a los jump scares; y ver cómo opera el mal en cada contexto específico (muchas veces saliendo decepcionado del cine, o al apagar la consola).

Es dificilísimo ver una sala de cine llena en cualquier película de terror, y sin embargo salen con mucha frecuencia nuevos lanzamientos dentro del género. No tengo idea de si es una pulsión que tenemos por la adrenalina que genera estar expuesto a situaciones que te pueden asustar, o si sólo es parte de ese interés algo morboso de ver cosas malas ocurrirle a otros, lo que no deja de ser contradictorio, dado que una premisa de nuestro mundo es que todos preferimos el bien; pero los periódicos más vendidos son aquellos que en sus portadas amarillistas nos muestran malas noticias en forma de asesinatos, principalmente, o se mantiene la idea de que las buenas noticias, no son noticias.

Halloween, como muchas celebraciones con origen religioso (que son la inmensa mayoría, ya que éstas fueron las que dotaban de sentido comunitario a los pueblos, hasta que nació la idea de nación y se establecieron fechas patrias para generar identidad nacional y arrebatarle ese monopolio a la Iglesia) se han visto afectadas, en primer lugar por el sincretismo, y en segundo por la secularización del mundo, pero no dejan de ser un reflejo de los tiempos que corren y sus adaptaciones, de nuestra escala de valores.  Se pasó de la idea de la cercanía y relación intrínseca del mundo de los vivos al mundo de los muertos, a una celebración del terror, manifestándose en maratones de películas del género, casas “embrujadas”, disfraces con el primordial objetivo de causar miedo y, en suma, de una reivindicación de algo que en principio todos rechazamos.

El miedo suele ser irracional, nos dan terror cosas que en principio no tiene razón de ser, son más bien ideas o escenarios que generamos nosotros mismos. Supongo que la literatura de terror, así como el cine o los videojuegos, buscan materializar esas sensaciones. Quizá ese sea parte de su atractivo: la búsqueda de la concreción de aquello que no comprendemos y la confrontación para superarle. Ni idea, y aunque no alcanzo a comprender las razones subyacentes, seguiré viendo películas de terror en alguno de mis ratos de ocio, y por supuesto no me perderé It.


Imagen: https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2015/06/miedo-adultos.jpg

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