Libertad

Por Miguel Téllez

¿Qué implica ser libres? ¿Realmente somos libres? El tema de la libertad ha sido discutido desde hace siglos, y hoy día sigue siendo un problema interesante en distintas áreas: neurociencias, filosofía de la mente, física cuántica. Aquí hablaré de la libertad en el campo de la filosofía política, señalaré qué tipos de libertad hay en las discusiones contemporáneas del área mencionada y por qué es importante entender qué intentamos decir cuando hablamos de libertad.

             En este punto del texto, se dará por sentado que actuamos por voluntad, y que eso es ser libre. Así las cosas, en filosofía política se suele apelar a dos nociones de libertad: 1) libertad positiva y 2) libertad negativa. La libertad negativa es como regularmente todos entendemos ser libres: soy libre en tanto que no haya obstáculos que me impidan actuar. Así las cosas, el sentido de libertad de 2) se entiende como ausencia de interferencia. El liberalismo político tradicional -el cual no coincide necesariamente con el liberalismo económico- defendía la libertad en sentido negativo, y por ello es que defendía ciertos derechos individuales. Es decir, los ciudadanos tienen derechos -sostendría un liberal tradicional- que les permiten realizar acciones que, incluso bajo el poder de un Estado, no pueden ser restringidas. Hoy día tenemos esa intuición integrada en nuestro andar cotidiano: nos sabemos poseedores de derechos que son inviolables y que coadyuvan a la realización de una vida que merece ser vivida, y ahí radica nuestra libertad. Si es el caso que nos ponen obstáculos para hacer cosas -ir a la escuela, viajar a una ciudad de nuestro país, detenernos arbitrariamente-, entonce violan nuestra libertad.

            La libertad positiva es un tanto más abstracta. Lo que implica este sentido es que la persona posee autodominio y autogobierno sobre ella misma. Somos libres en tanto que podemos autocontrolar distintas variables que nos puedan afectar en nuestro andar, y si esto es el caso, entonces podemos autogobernarnos: y así nos sabemos libres. Este tipo de libertad suele conocerse también como ‘libertad de los antiguos’, ya que algunos pensadores griegos y romanos, creían que esa era la verdadera libertad, y no sólo tener ausencia de interferencia.

            Ahora bien, en los últimos años, la corriente republicana -o ‘neo-republicana’, mejor dicho- comenzó a señalar que quizás haya otro sentido de libertad: como no-dominación. Imaginemos a un esclavo y su amo. Ahora, supongamos que el amo es muy amable con su esclavo, no lo golpea, no lo explota, le invita a comer en su mesa, le da vacaciones, etc. En este ejemplo, hay libertad negativa, ya que el amo permite que su esclavo haga muchas cosas, sin embargo, el esclavo se sabe sometido: no es libre realmente. Así las cosas, los neo-republicanos -como Philip Pettit o Quentin Skinner-, intentan señalar que el enfoque liberal está errado por confiar tanto en la libertad negativa, y otra crítica que realizan, es que el liberalismo -ahora ya no tanto el tradicional, sino el contemporáneo- presta mucha atención a las libertades individuales que olvida la vida en comunidad.

            La crítica neo-republicana fue realizada allá por los años 80’s, realmente hace poco. Su objetivo a atacar era el liberalismo, especialmente el que anunciaba John Rawls. Ahora bien, cabe señalar que Rawls habla de virtudes cívicas -tales como la civilidad y la razonabilidad (esto especialmente en “Liberalismo político”-, por lo que aquella crítica acerca de descuidar valores de la vida en comunidad no es tan fuerte. En lo que sí se distingue -o al menos eso sostengo aquí- un republicano -y un neo-republicano- de un liberal -tanto tradicional como contemporáneo- es que el republicano asegura que la buena vida que pueda tener una persona, es necesariamente una vida en comunidad y que la persona tiene que estar involucrado totalmente en asuntos políticos. Un liberal, en cambio, defiende libertades individuales para que la persona desarrolle el plan de vida que crea mejor para ella. Así las cosas, un liberal no puede asegurar que ‘x’ es la vida buena -como sí lo hace el republicano-, ya que estaría yendo contra su principio fundamental de libertad individual. A este argumento -de señalar cuando un liberal parece sugerir una idea de vida buena- se le conoce como ‘crítica perfeccionista’.

            Es importante entender los matices de la libertad porque regularmente políticos, oradores, penalistas, etc. Acuden a la idea de libertad, pero no refieren a algo interesante o es tan no controversial que bien podrían usar otra palabra. En asuntos políticos, siempre se notará cuando un candidato se toma en serio la libertad -al menos como no interferencia-: pues entonces estará a favor de que la gente consuma marihuana, no defenderá un estilo de vida ni creencias religiosas -lo cual parece implícito al hablar de política, pero luego ocurren cosas extrañas-. Un breve rodeo: mucha gente suele decir que no se debe confundir ‘libertad’ con ‘libertinaje’. Parece que en ocasiones no nos damos cuenta cuando implantamos una intuición acerca de cómo debería vivir una persona, ¿y nos llamamos ‘liberales’ o ‘razonables’? De esto no se sigue que cualquier acto esté permitido, basta recordar a Stuart Mill, quien acuñó la intuición de no realizar lo que daña a otras personas -claro que la pregunta interesante es señalar qué implica un daño y qué tipo de daño-.

            Como conclusión, quisiera terminar con el tema de las drogas frente a la libertad, y para ello recurriré a un ejemplo que contó en alguna clase el filósofo mexicano L.M. Oliveira. Ahora bien, se trata de un problema más interesante y no el de la marihuana del que muchos hablan -y quizás sigan hablando-. Imaginemos una droga que luego de probarla, destroza tu cerebro. También imaginemos a una persona que está lo bastante informada de tal droga y las consecuencias, pero que quiere probarla, porque así quiere terminar su vida. ¿Debe el Estado prohibirle a tal persona que pruebe la droga? Supongamos que decimos que no debe prohibir tal conducta el Estado, ¿debe el Estado atender el estado vegetal de la persona? Es obvio que el Estado usaría recursos públicos para tales cuidados, y por ello la pregunta es interesante: ¿los otros pagan por la decisión de una persona?


Imagen: http://elculturaldecanarias.es/regresa-el-ciclo-itinerante-cine-de-una-isla-de-verano-organizado-por-el-cabildo-de-gran-canaria

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