Letras libres

Por Mónica Vargas

El tiempo siempre ha sido motivo de movimiento, mismo se convierte en libertad; Samperio en su cuento “Tiempo libre”, nos regala una diégesis autodiegética (es decir, a  través de un narrador en tercera persona) que nos lleva a recorrer el pensamiento de un hombre dedicado a leer diariamente las noticias de su acostumbrado periódico, situación que se define normal para un ciudadano promedio, pero la fantasía nos traslada siempre hasta extremos que ni la misma imaginación puede captar con rapidez, pues se nos presenta la  metamorfosis sufrida por el hombre (que definitivamente no era promedio) a las hojas del periódico que antes podía sostener bajo su antebrazo.

El cuento se sitúa en la cotidianidad de nuestro protagonista en su sillón favorito y dispuesto a leer las noticias del día, cuando de pronto nota unas pequeñas manchitas de tinta negra en las manos hasta que poco a poco se fueron convirtiendo en letras tatuadas por todo su cuerpo finalizando en su encogimiento instantáneo y la incertidumbre de su sentir, es en este momento cuando llama por teléfono a la editorial para hacer un reclamo y aquí le exigen que visite un médico o un psicólogo pues ellos no se harán responsables de aquellas extrañas quejas. La soledad, miedo y ansiedad del hombre logra transmitirnos esa sensación de lo nuevo y al mismo tiempo la curiosidad del desenlace. El cuento culmina al momento donde llegó su esposa y se puso a leerlo.

Me parece fascinante cómo en cuestión de unas horas todo cambia para un personaje y en unos minutos para un lector. No podemos aventurarnos a imaginar un problema psicológico o similar ya que eso es lo que nos brinda la fantasía: la posibilidad de lo irreal. Algo así nos envolvió como lectores cuando descubrimos La Metamorfosis de Franz Kafka; las descripciones tan realistas nos hacían olvidar que se trataba de una novela donde los motivos de cambio no tenían más explicación que el capricho de su autor. Pero ciertamente se convierte en una metáfora aplicable: nos convertimos en aquello que más pensamos, a lo que más tiempo dedicamos, en donde más cómodos nos sentimos o en el caso de Gregorio Samsa: el lugar al que queremos escapar.

Escribo esto porque creo en el poder de los libros, de la literatura y en concreto de la fantasía. Como lectores, tenemos una gran responsabilidad de fomentar la lectura, así como los médicos tienen la obligación de promover la salud. La literatura fantástica es un género tan antiguo como la escritura misma pero considerado menor por muchos críticos que a lo largo del tiempo han calificado innecesariamente. Pero lo cierto es que es tan importante como el realismo incluso, las dualidades y el pluralismo en literatura permiten la libertad de la que hablábamos al inicio del blog. Alguna vez el escritor español Javier Ruescas dijo en entrevista que lo malo de tener tantas cosas fantásticas en la cabeza es que se olvidan otras tantas, en su caso acostumbra enviarse correos electrónicos a sí mismo para recordar sus pendientes. Lejos de tener una agenda digital en lugar de entrenar el cerebro, me refiero con esta anécdota a que la importancia de la equidad está presente en todo ámbito de la vida.

En la narración de Samperio, las imágenes de cambio y el simbolismo de la tinta que poco a poco ahorca la naturaleza humana del protagonista, nos remite a la dualidad de lo real imaginario. Esos motivos (materia prima del saber) nos recuerdan continuamente su verdadera esencia. Finalmente, las letras son eso: viajes interminables, recuerdos vívidos y momentos infinitos. Después de todo ¿quién no quisiera tener tiempo libre?


Imagen: http://123coolpictures.com/cuidado+de+las+manos+en+el+trabajo

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