Lectura y autoría del mundo

Por Fernando Rocha

El mundo es un flujo de ideas y, cuando éstas se vuelven verdades, el mundo es una irrigación de poder entre lectores y autores. El mundo se lee por la necesidad de sobrevivir, se vuelve verdad por el deseo natural de conocer y se actúa en él por validez simbólica.

Los pitagóricos concibieron al mundo como un kósmos, es decir, como un todo ordenado. Aristóteles afirma en Protréptico que el fin natural del hombre es conocer, y en Poética, que el hombre es el animal más mimético y que por esta mímesis obtiene sus primeros conocimientos. Después Descartes, en Investigación de la verdad por la luz natural, escribe que el hombre es una tabula rasa que los sentidos, las tendencias y los preceptores instruyen mal pero lo suficiente para que el hombre sobreviva a su medio y posteriormente, cuando el entendimiento llegue a él, dude de esta información y produzca conocimiento. Luego Rousseau, en su Segundo Discurso, manifiesta la corrupción social —producto de una capacidad natural de perfeccionamiento— que ha alejado al hombre de su autenticidad y que lo ha vuelto apariencia. Posteriormente, Kant escribe en Crítica de la razón pura que la realidad es fenoménica, que el mundo que el sujeto conoce es el mundo que el sujeto constituye; y en ¿Qué es la Ilustración? expone que la cobardía y la pereza son las causas de que el hombre no deje de guiarse por otros en vez de servirse de su inteligencia. Después Cassirer, en Antropología filosófica, dice que el hombre ha construido un universo simbólico y que enfrentarse a la realidad es “conversar constantemente consigo mismo”. Luego Berger y Luckman escriben que la realidad se construye socialmente, que es un fundamento objetivo colectivo para las interpretaciones subjetivas individuales que se hacen de ella, al volverse verdades ciertos conocimientos. Posteriormente Foucault, en su lección inaugural en el Collège de France, manifiesta que la realidad social está construida por discursos que fungen como verdades para los individuos, logrando así su reproducción y, por lo tanto, consolidación; que el poder es flujo de estos discursos. Después, en Cosas dichas, Bourdieu plantea las luchas simbólicas por la producción de visión de mundo, que producen capital y poder simbólico, siendo fundamental el habitus para reproducir y estructurar las condiciones simbólicas de los individuos.

Entonces al hombre sólo le quedan dos vías: o ser lector de hombres o autores de ellos, o encadenarse al mundo o liberarse de él. Los lectores pueden emanciparse —adquirir su “mayoría de edad” kantiana— o conservarse, y los autores deben adoctrinar o educar. Porque sólo hay un estado de paz entre los hombres si todos son siervos de una realidad al ejecutar sus discursos con base en determinadas cosmovisiones, o si todos son sus críticos y la comunión es la persecución de la verdad.

El cosmos es un flujo ordenado de ideas. Las leyes y derechos naturales —ideas dictadas por uno mismo o por una deidad—, hobbesianos o lockeanos, son un primer orden; el contrato social es otro, las instituciones del Estado y las leyes y las costumbres, otro orden. El orden de las ideas deviene por las ideas políticas y sociales. Este orden es necesario para estructurar la realidad, para extender los discursos de verdad. La escuela dicta ciertos discursos, la religión, otros, la ciencia, el Gobierno, la familia…

Mas cuando el hombre se presenta al mundo, lo observa y, con base en esa visión, confrontará al mundo, es decir, la cosmovisión determina la acción del hombre en el mundo. Y toda idea es proposición y propuesta de cosmovisión, todo discurso es un conjunto de ideas argumentadas, y toda verdad es un discurso convincente y todo poder es una verdad ejecutada; todo poder es la ejecución de una cosmovisión. Por lo tanto también existen actores. Todos son actores de las verdades que aceptan (voluntaria o inconscientemente), pero no todos son autores y, a veces, se debe a que no hay ninguna idea que articular, ningún discurso que pronunciar.

Los autores no necesariamente son individuos reconocidos como creadores de una idea  —es un misterio el autor del pacto social, el del lenguaje, el de las deidades, etc.—, los autores son quienes poseen la manipulación de esas ideas y quienes deliberan en las agendas —entendidas como conjuntos de controversias—: los legisladores, los profesores, los padres, algunos escritores, filósofos, científicos… Hay una incontable cantidad de agendas y asambleas donde los autores debaten (no necesariamente física o directamente).

En un principio, se absorben todos los discursos para sobrevivir a la realidad al entenderla, el individuo imita, pero luego él construye su subjetividad y puede criticarla y recrearla —no para liberarse del error y alcanzar una Verdad, sino para producir más realidad y quizá una más viable—.  Debe emanciparse para producir conocimiento, para hacer mundo. Toda la humanidad debe ser un Aleph para desnudar al universo, pero no para conocer su universo físico (ése es incognoscible por ser nóumeno), sino su universo simbólico; debe conocer lo que crea al conocer y, así, conocerse a sí mismo. Que si esto corrompe al hombre al desnaturalizarlo, que si lo vuelve apariencia, parece ser cierto, pero quizá no sea nociva este perfeccionamiento mientras esa naturaleza obliterada no sea negada ni ninguneada.

El deseo natural de conocer es el móvil del hombre: lo que le es desconocido, le atrae, y lo que le es recién descubierto, lo conquista, siquiera momentáneamente. Por consiguiente, se recrea al hombre al ofrecerle nuevas cosmovisiones, al darle los mundos donde él podrá actuar, mundos que brindarán autoridad simbólica a quien los produjo y dé validez. Pero estas cosmovisiones deben tener también otra validez simbólica. El autor ofrece al mundo en su significado pero este mundo debe ser conforme al significante del lector. Un significante subjetivo, ontológico, quizá formado en una anterior cosmovisión.

Sobre esta última cuestión, sobre las prácticas de recreaciones simbólicas en lo cotidiano, sobre el papel de la libertad y sobre los posibles perjuicios de conocer estas hipótesis, hablaré en otro momento.


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