Las resistencias

Por Brandon Ramírez 

 

La reciente muerte de Fidel Castro ha hecho recordar a muchos el papel que jugó en el siglo XX como una de las caras más visibles de cierto tipo de proyecto político más cercano al bloque soviético y en contraposición al occidental, por un lado; pero también, dentro de su espectro ideológico más confrontativo y súbito que el camino que las izquierdas en muchos países de Sudamérica asumieron para acceder al poder por la vía electoral.

Esta última dicotomía para acceso al poder por distintas vías puso a la vía electoral como aquella que parecía ser más plausible por incorporar el modelo de democracia liberal del que carecía el antiguo bloque soviético, y dentro de esta lógica Cuba. Esta idea podría verse reforzada si atendemos al hecho de que el socialismo y el proyecto comunista habían “perdido” la guerra ideológica como modelo global ante la democracia liberal y la economía de mercado, de la que estos gobiernos de izquierda más moderada formaban parte.

Sin embargo, en los últimos años también han perdido fuerza, como ha pasado desde hace más tiempo con la socialdemocracia en algunos países europeos, dando paso a proyectos menos liberales y más de derecha; como resistencias a la globalidad, el remplazo del trabajo humano por el automatizado en las grandes fábricas y la brecha de desigualdad que el libre mercado ha generado y no ha logrado ser atajada por los Estados nacionales.

Recuerdo ir hace algunos años una conferencia impartida por Belén Quejigo, de la Universidad Complutense de Madrid, en el marco del segundo seminario internacional de política y filosofía cuando cursaba la licenciatura, en la que el tema recurrente a lo largo de la misma fue el nazismo y su presencia actual en distintas partes del mundo, especialmente en Europa, donde el germen de pequeños grupos neonazis es patente y se expresa en actos violentos contra otras personas (que podría ser menos atendido mediáticamente en los últimos meses por la violencia generada por ISIS). Remarcaba además el hecho de que este es un problema que, aunque en menor medida, existe en distintos países de América Latina. Una manera menos directa de ver su presencia es en el minoritario, pero existe apoyo electoral en los partidos de extrema derecha o que se asumen bajo dicha visión en distintas elecciones de Estados europeos, que a la fecha han ido ganando espacios y más apoyo del que ya se preveían entonces.

Cuando se habla de grupos nazis, la primera imagen que nos puede venir a la mente es Alemania. En aquel país, en su ley fundamental se buscó crear condiciones para que otro Hitler no pudiera llegar al poder por la vía electoral. La idea de que los ideales de la democracia liberal terminarían siendo asimilados por todos los ciudadanos y las resistencias a ésta siempre serían mínimas, hizo surgir la idea del mínimo de votación requerido para que un partido mantenga su registro, ya que si bien un grupo neonazi puede conformar un partido, éste contaría con un apoyo electoral ínfimo y podía ser detenido con este mecanismo, que sería copiado por otros países con distintos fines.

En Europa ha quedado claro que la idea de la Unión Europea, que busca construir un bloque unido más allá de lo económico, parece no ser la aspiración de todos los países influyentes de dicha zona. Las crisis económicas, rescates a países del sur, la llegada de migrantes que desde una perspectiva arriban a usurpar los puestos de trabajo, la recepción de exiliados que son estigmatizados como un grupo social de extremistas violentos y los atentados terroristas recientes hacen que los discursos populistas de derecha, que apelan al nacionalismo, tengan más eco del que cabía esperar hace unos años.

Este tipo de grupos nos muestran el lado intolerante, violento y agresivo que parece ser una constante en la historia de la humanidad, como resistencia al discurso de la democracia liberal, que fue proclamada vencedora como modelo a seguir por muchos con el cambio de siglo, está puesto en tela de juicio en muchos de sus grandes bastiones occidentales, como Estados Unidos o Francia, quizá los grandes exponentes de la misma.

La historia del mundo nos ha demostrado que los proyectos políticos tienden a comportarse de manera cíclica. En una época donde la derecha se ha impuesto con su discurso en la mayoría de los países; después de agotar su proyecto y mostrar sus carencias, la izquierda se ha apropiado de muchos espacios, y viceversa. Aquellos que proclamaban el fin de la historia (como el fin de la disputa de distintos proyectos políticos tras el triunfo de la democracia liberal) a inicios del siglo, parece que estaban equivocados; víctimas del triunfalismo con el que todos solemos ver nuestra época en contraste con las anteriores. Lo cierto es que la vida de nuestra especie es un ir y venir entre proyectos y de muy difícil predicción. Sin embargo, la tendencia parece seguir siendo un avance de la globalidad, mayor integración entre países y reivindicaciones de grupos que habían sido excluidos, marginados y atacados en siglos anteriores; pero las resistencias siempre existirán y habrá que saber responder a ellas.


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