Las necesidades del deporte

Por Brandon Ramírez

 

Esta semana iniciaron los Juegos Olímpicos de verano, que nos recuerdan esa milenaria tradición de atletas compitiendo para demostrar quién es el mejor del mundo, y que contemporáneamente no sólo se representan a sí mismos, sino a su país de origen.

En general, el mundo del deporte suele señalarse como una actividad poco elevada, subestimada por su aportación cultural y sus implicaciones sociales. Para no ir más lejos, el deporte más popular del mundo, el futbol, no deja de considerarse, por algunos grupos, como un vicio que impide a sus aficionados concentrarse en otros temas más importantes, achacándoles además, que si pusieran toda la pasión que ponen en apoyar a su equipo favorito para exigir a sus gobiernos y gobernantes cambios para reducir las desigualdades sociales o problemas como la pobreza o corrupción, podría ser otro el devenir de nuestros países.

Sin embargo, puede que, de caer en esa postura, no estemos considerando otros factores benéficos de las distintas disciplinas del deporte. Uno de los más obvios es que es una actividad que, en el nivel de élite, está reservada casi exclusivamente para jóvenes. En casi todas estas, rebasar la línea de los 30 años ya supone ser considerado veterano dentro de este ámbito.

En este sentido, son bien sabidas las condiciones y problemas ante las que los jóvenes podemos encontrarnos en la búsqueda de nuestro desarrollo profesional. En el mundo del deporte no encontramos la excepción a la regla. Si hacemos memoria, durante los distintos eventos clasificatorios para estos juegos, recibió bastante cobertura la falta de recursos que muchas federaciones nacionales tienen, lo que obligó a muchos jóvenes deportistas a conseguir por sus propios medios los uniformes y equipamiento necesarios para su disciplina. Aquellas fotos de competidores de nuestro país con uniformes y números hechos a mano, y a última hora, que contrastaban con el resto de los competidores, eran bastantes claras.

Aquella propuesta de Abraham Maslow, que marcaba de forma piramidal las distintas necesidades del ser humano, suena bastante sensata. Hay requerimientos más esenciales que otros, y que hasta que son cubiertos, no permiten darnos cuenta de los niveles superiores, accesibles solo cuando lo más elemental está saciados.

En este sentido, las necesidades fisiológicas (comer, respirar, descansar), es el piso de la pirámide; la seguridad (de empleo, de recursos, de salud o de la propiedad privada) el segundo; las de afiliación (amistad, pareja, afecto e intimidad) el tercero; de reconocimiento (confianza, respeto, éxito profesional o autorreconocimiento) el cuarto y la punta estaría ocupada por la autorrealización (moralidad, creatividad, falta de prejuicios, resolución de problemas, etc.).

Críticas aparte a esta teoría, el modelo sirve de referencia también en el ámbito más general de lo social, debiendo ser la prioridad de los distintos Estados satisfacer primero las necesidades fisiológicas de su sociedad, después las de seguridad y así sucesivamente. En el caso de nuestro país, la proporción de personas que viven en el umbral de la pobreza no permite garantizar a todos ni siquiera el nivel más básico de necesidades. Mucho menos el segundo, ya que no deja de ser presente la falta de seguridad en distintas zonas del país, donde el número de homicidios ha vuelto a repuntar, donde el narcotráfico sigue teniendo una presencia más importante que los gobiernos locales, y donde la corrupción permite despojos de propiedad privada, como el caso dado a conocer en Quintana Roo hace unas semanas.

Puede que, sin tener esos niveles más básicos de necesidades cubiertos, pedir que se apoye a sectores más específicos como el deporte suene irrisorio, como lo sería también pedirlo para muchas esferas más, como el mundo de la cultura, la investigación, etcétera. Pero un Estado no puedo dedicarse exclusivamente a una actividad o problema concreto, muchos menos cuando su tamaño es como el nuestro en términos territoriales y poblacionales, ya que por definición su sociedad será sumamente diversa.

Una agenda que busque impulsar el papel de los jóvenes en nuestra sociedad, no puede descartar exigir mejoras para las distintas disciplinas deportivas, cuyos miembros mayoritarios son casi en su totalidad jóvenes que buscan competir para ser los mejores. Tampoco en todas las esferas culturales, y en general propugnar por condiciones institucionales que promuevan y no eviten el desarrollo en cualquier sector que elijan.


Imagen: http://www.vavel.com/mx/futbol-mexicano/liga-mx/pumas/258123-prenden-pebetero-olimpico-en-la-casa-de-los-pumas-por-maraton.html

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