Las Mujeres y la Mar

Escrito después de un naufragio el 12 ago.14 en Sisal Yucatán.

Erick Alberto Rodríguez Silva

@Erick_ARS   erick@celeam.org

Estoy seguro que si aprendes a conocer el mar inconscientemente aprendes a amar una mujer. Porque en este universo no existen dos seres que se parezcan tanto como las mujeres y la mar.

Antes de zarpar tienes que aprender a observar las aguas, el oleaje, el viento y con base a estas variables determinar si puedes salir a navegar, o no. Lo mismo pasa con las mujeres, tienes que estar receptivo y estar atento a sus señales; de otra forma no llegarás a tu destino y tu naufragio será inminente.

De la misma forma, antes de salir a navegar sabes que existe la posibilidad de no regresar a puerto, ya que, en cualquier momento y por cualquier razón puedes terminar en el fondo del mar. Por este motivo, mantienes un gran respeto hacia la mar y le pides que te permita regresar con bien. Con las mujeres pasa lo mismo, antes de arriesgarte a navegar por sus aguas tienes que guardar un profundo respeto y ser agradecido porque te otorgan la oportunidad de conocer sus aguas; de esta manera podrás disfrutar de buenos vientos y el alimento no te faltará en tu trayecto.

Los que han recorrido el mundo saben que no existe ningún mar parecido otro, existen patrones que se repiten, pero en sentido estricto ningún mar es igual a otro, cada uno tiene sus particularidades y su belleza. Con las mujeres sucede lo mismo, cada una es particularmente bella y misteriosa, de tal forma que se requiere implementar una táctica y una estrategia particular para poder surcar sus mares y sobrevivir.

Los amantes de la mar saben que no pueden predecirla, pueden guiarse por señales pero nunca saben cuándo el viento se detendrá o la mayor tormenta arremeterá contra ellos. Simplemente se preparan para cualquier contingencia. A las mujeres también es imposible predecirlas, puedes observarlas y disfrutar su belleza pero en cualquier momento y por cualquier descuido se forma un huracán y la navegación se complica demasiado. En estos momentos debe salir a flote la experiencia del marinero: aprender a retirarse en el momento indicado y no permitir que la tormenta hunda el barco.

Cuando un marinero no está seguro de salir a navegar y presiente que los vientos no le favorecerán, no debe gastar sus recursos en un viaje que no le traerá estímulos. Es mejor guardar sus fuerzas para los viajes que realmente valen la pena, que le significarán un verdadero reto y le retribuirán una gran enseñanza. Con las mujeres pasa algo similar, algunas buscan solamente un viaje corto pero requieren que imprimas todas tus fuerzas en el acto, son como las tormentas pasaderas: duran poco pero requieren toda tu astucia y precisión. Muchas otras son mares más inmensos, que puedes navegar por años y no llegaras a dominar sus aguas en absoluto, indomables e inquietas te enseñan algo distinto cada día. Ningún viaje sea corto o largo se debe subestimar, un buen marinero sabe apreciar cada lección que te da la mar.

La mar es muy vulnerable al movimiento de los astros, principalmente al comportamiento de la luna. Las mujeres, de igual manera, tienen un ciclo que dura el mismo tiempo que el período lunar. Por tal motivo el marinero debe conocer el comportamiento de los astros. Esto le traerá fortuna y felicidad ya que podrá predecir cuándo las aguas son mansas y la mar desea ser navegada.

La mar es ingobernable por naturaleza, pero hay ciertos mares que se destacan por su violencia y el tamaño de sus olas. Estos mares son un reto para los más grandes marineros, cualquiera que cruce por allí lo único que desea es salir pronto y con vida; sin embargo, después de llegar a puerto y estar en tierra firme, lo único que desean es regresar al peligro de estas aguas. De la misma manera las mujeres complicadas siempre son más atrayentes para los hombres, porque la pasividad de un mar cálido termina por aburrir al corazón del marinero.

No existe ningún mar que no haya sido navegado y si un marinero conoce su barco tiene pocas probabilidades de naufragar, aún se trate del mar más tempestuoso. El marinero y el barco son uno solo, por tal motivo tiene que darle mantenimiento y tener todo en orden para que pueda zarpar en cualquier momento. Con las mujeres es igual, hay que estar listos para todos sus temperamentos y tener nuestro navío dispuesto para cualquier contingencia. Ser prevenidos y también aprender a tomar los riesgos, ayuda al marinero a disfrutar todas las aventuras que acontecen en altamar.

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