Las movilizaciones

Por Brandon Ramírez

 

No dejaba de ser curioso que en nuestro país, siendo una parte importante del discurso del nuevo Presidente de Estados Unidos desde su campaña hasta las primeras semanas en su cargo, con la presencia de migrantes tan importante que tiene, y compartiendo una enorme frontera; no hubiera tenido manifestaciones importantes en contra de éste como sí había ocurrido en otros países, hasta el pasado fin de semana.

Las marchas han sido muy denostadas en nuestra sociedad. Siempre se les critica por los efectos que tienen para la circulación vial, afectaciones a propiedad pública y privada que suelen conllevar, enfrentamientos con la policía y que se les ha querido incluso regular para restringirlas privilegiando algunos tipos de intereses. Sin embargo, el pasado fin de semana en diversos estados, incluida la Ciudad de México, se llamó a llevar a cabo diversas marchas, desde algunos sectores tradicionalmente críticos a éstas.

Es cierto que se puede poner sobre la mesa el debate de la utilidad de este tipo de manifestaciones de protesta, que rara vez han conllevado a cambios trascendentales en temas que atañen estrictamente a los asuntos internos del país, y menos aún lograran nada para asuntos externos al mismo, y que son de política interior de otros Estados (aunque afecta a millones de mexicanos que viven ahí). Pero también se puede argüir que este tipo de mecanismos de protesta, como en general lo son los llamados nuevos movimientos sociales, son un fin en sí mismo, al visibilizar simbólicamente, con esta apropiación momentánea del espacio público, y poniendo foco de atención sobre los mismos, como han logrado los movimientos por la diversidad sexual, ecologistas o por los derechos civiles de minorías en muchos contextos.

Quizá las marchas del pasado fin de semana en la Ciudad de México, dado su relativa poca participación, que señalan un número cercano a 20 mil personas, no sea un buen ejemplo de un tipo ideal de manifestación que consiga algún impacto en la opinión pública, en buena parte motivado en alguna medida (discutible, claro) por ese contexto nacional del desprestigio a las marchas como mecanismo de protesta por los mismos sectores que en buena medida convocaron a la misma. Sin embargo, sirve al menos para llevar a cabo este tipo de reflexiones.

Para construir un sentimiento de identidad que genere participación de la sociedad civil, es necesario tener un problema simbólico ante el cual manifestarse. Puede que no se entiendan las dificultades que los mexicanos que viven en Estados Unidos enfrentan desde este lado de la frontera, puesto que no hay un grado de empatía e interiorización de las mismas; un poco más preocupante es también el desentendimiento o indiferencia de las implicaciones que ese gobierno encabezado por Trump puede generar dentro de nuestras fronteras; también puede ser el hastío en los propios problemas internos, ante un gobierno con una aprobación minoritaria que sea el que haga el llamado a la unidad (que no necesariamente a estas marchas).

Se puede convenir que las manifestaciones no tengan “ningún impacto” más haya de visibilizar simbólicamente el desacuerdo ante algo o alguien; de igual forma que se puede convenir que la indiferencia e inactividad en participación civil y política. Mucho se ha hablado de otro tipo de manifestaciones más atractivas e impactantes, pero pocas alternativas se han planteado desde entonces (de igual forma que se critican otras esferas de las democracias, como los partidos políticos, que han sido criticados desde su origen pero no se han planteado alternativas a los mismos).

Es plausible ver que los ciudadanos se apropien del espacio público, principalmente en las grandes ciudades del país como Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México, entre muchísimas otras. Un movimiento social, capaz de movilizar recursos, con sentimiento de identidad, una lucha específica y compartida, capaz y congregar personas en marchas y otro tipo de manifestaciones lo tiene mucho más fácil que el tipo de movilizaciones como las del fin de semana pasado, sin una bandera compartida clara, ni estructuras claras.

Ojalá en el futuro haya más solidaridad no sólo ante este tema, es decir, los problemas que pueden generar a nuestro país y en general ciudadanos en ambos lados de la frontera en los años venideros, sino en otro tipo de luchas sociales, que siempre enriquecen a las democracias señalando sus puntos flacos y que necesitan ser visibilizados y atendidos.


Imagen: http://www.nexos.com.mx/wp-content/uploads/2017/02/vibramexico.jpg

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