Las huellas que no perduran

Por Brandon Ramírez

Recordaba recientemente un texto que trataba el tema del inminente agotamiento de recursos naturales, que podría conllevar en un sentido extremo el fin de nuestra especie y como, si eso ocurriera, lo que perduraría en el tiempo son muchas de las estructuras que hemos construido, como las pirámides milenarias en Egipto, o muchas edificaciones más contemporáneas, y serían la única huella que dejaríamos y podría ser vista por supuestos seres vivos que visitaran nuestro mundo tiempo después.

Esa imagen no reflejaría en absoluto el qué fuimos, cómo vivimos y qué construimos como especie (salvo esa necedad de agotar hasta el máximo nuestro planeta), que muchas de esas cosas son más bien intangibles. La cotidianidad de una ciudad no puede transmitirse en su totalidad, ni siquiera en las mejores películas u obras literarias. Los libros de historia y trabajos antropológicos tampoco pueden hacerlo con sociedades de otro tiempo, muchas de las cosas las suponemos. En cierta forma, cuando se envió en las Voyager al espacio una selección de música, en un disco, se buscaba retratar parte de la cultura humana al espacio, suponiendo que alguna otra especie podría recibirla y decodificarla para experimentarla.

Al interior de las sociedades establecemos vínculos y costumbres que nos integran, nos ayudan a darle sentido al mundo que vivimos y explicar lo que desconocemos. Esta semana, por ejemplo, es la fecha de una de las tradiciones que más identifica en el exterior a nuestra región: el día de muertos. Cierto es que cada día hay más conmemoraciones internacionales, pero suelen ser más bien reivindicativas o motivadas por luchas que se mantienen para avanzar en el modelo democrático liberal, que surgido desde las sociedades en sí mismas, como parte de una cosmovisión compartida.

La celebración del día de muertos no es en estricto sentido prehispánica, ya que como casi todo, las tradiciones que se hacían en el territorio del actual México pasaron por un proceso de sincretismo con la propia celebración a los muertos de los colonizadores (que mantienen algunos pueblos europeos), generando lo que hoy conocemos. Lo mismo ha ocurrido con otros aspectos como la religión, que adaptó la cosmovisión de los pueblos originarios al cristianismo, creando los símbolos que al final fueron apropiados por nuestra sociedad, una vez creado el Estado mexicano.

Hace ya varios años esta celebración obtuvo la categoría de patrimonio inmaterial de la humanidad, supone ser una parte importante de la cultura de nuestra especie, tan heterogénea. Puede que haya perdido su sentido originario para muchos (los concursos o las exhibiciones de ofrendas, por ejemplo, suelen ser usados como una manifestación reivindicativa o crítica más que en su sentido tradicional), pero sigue manteniéndose, quizá más como una ceremonia para recordar a quienes han muerto, y a su vez generando que uno mismo, de mantenerse ésta, también sea rememorado. La búsqueda de dejar un legado que nos garantice ser recordados ha sido el móvil de muchas personas en su vida. La típica frase de plantar un árbol, tener descendencia y escribir un libro, son expresiones de dejar huella en el mundo y algo para ser recordados.

Todos esos patrimonios inmateriales son en buena parte lo que define nuestra humanidad. La riqueza de estas es que están dentro de nosotros mismos, de una forma, y depende también de nosotros mantenerlas, cambiarlas, o eliminarlas. Una tradición no es por el hecho de serla deseable; los sacrificios humanos que se realizaban otrora, eran de cierta forma una, y pocas personas hoy día podrán decir que fue algo erróneo erradicarla.

Muchas tradiciones vigentes pueden ser puestas en tela de juicio en los tiempos que corren, como aquellas que reflejan machismo, homofobia, racismo, xenofobia o maltrato animal. Ya sea por el sincretismo o por un cambio en la escala de valores predominantes, las tradiciones van transformándose continuamente; son un reflejo de su tiempo.

La globalización y la estandarización de muchas cosas han dado un aire más superfluo a muchas costumbres y tradiciones, o bien dándoles un carácter más bien de espectáculo o atracción turística, cual monumentos o edificios icónicos del lugar. No por ello deberían perderse o descuidarse muchas de ellas, el día de muertos incluidos, ya que lejos de la riqueza cultural que suponen, son esa parte importante de nuestra humanidad que vivirá sólo mientras nosotros estemos aquí, y se extinguirán en su totalidad con nosotros también, sin ellas, todo el mundo sería más gris.


Imagen: http://sibarita-ef.com/wp-content/uploads/2016/11/tradiciones-mexicanas-shutterstock_182145992.jpg

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