Las dos caras de la moneda

Por José Barbosa

 

“Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuesto que nos haremos daño el uno al otro. Pero esta es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo del invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia”. 
Antoine de Saint-Exupéry

El Principito

Es muy vago pensar que en la vida todo nos va a salir excelente. Está en cada uno de nosotros aventurarnos a experimentar diferentes emociones que nos hagan crecer como seres humanos. Es claro que muchas personas no tienen en cuenta lo que les esperará a lo largo de su existenciq y que tienen que arriesgarse a saber qué es lo que quieren y a qué se quieren dedicar.

Los complementos también forman parte fundamental de las acciones que nos puedan llevar a entendernos, como parte del saber quién somos y para qué estamos en este mundo. Y es que, a pesar de que muchos podamos saber lo que queremos, otros tal vez no. El complemento de estar con una persona, o de saber con quién vas a compartir esos momentos de fracasos, de tropiezos o de éxitos y de buenas experiencias, es lo que parece aún un poco confuso.

Los viernes me parecían días insignificantes, tan simples, sólo por el hecho de llegar a mi casa a descansar después de un largo día en el colegio, sin tener las grandes expectativas de salir de fiesta porque soy una persona tranquila, alguien que prefiere pasar una noche en el tejado de su casa y ver pasar las estrellas a lado de un cigarrillo y una taza de té verde; puede parecer aburrido, pero para mí, es la mejor vista y la mejor compañía: yo mismo.

Te conocí un miércoles, desde ese día supe que mi vida estaba cambiando y que todo era completamente distinto a lo que había imaginado. Supe que el destino, tal vez, es tan efímero a veces, o siempre, que no sabes qué es lo que pueda ponerte en frente; y me di cuenta de que vale más arriesgarse a lo que se siente, que vivir arrepentido por lo que no pudiste hacer en su momento.

Me quedó claro que los viernes dejaron de ser irreales, aunque extrañaba mi soledad, el compartir el gozo de salir con alguien y ver en sus ojos esa chispa que compartía, la misma que tú estabas sintiendo, eso es maravilloso. Se los recomiendo, sonrían y vivan para ustedes. Si tienen que compartir la dicha de la felicidad a lado de una persona, es gratificante el hecho de pasar el tiempo y que ese mismo se pase volando al grado de que te den las 11:00 de la noche.

Los días pasan, y todo crece; los niños se hacen adultos, las semillas se vuelven plantas, los cachorros se vuelven caninos adultos. Todo se transforma, llegando al hecho curioso de que todos somos materia y la materia se transforma. He ahí la negativa del cambio, nada cambia, todo es un proceso, en el cual todo lo que tiene energía pasa.

Crecimos y todo se volvió impresionante, las pláticas, las risas, los momentos a solas, las miradas, todo tenía un patrón diferente al que había estado acostumbrado. Me sentía muy bien, aunque no todo es perfecto, había cuestiones que no lograba entender, o me negaba a entender. El cuestionamiento de saber qué hacer con mi destino, ese mismo que no había tocado desde el primer día que entré a la superior.

Me cortaron las alas, a pesar del apoyo económico que recibía por parte de mi familia, es algo que aún no se puede superar del todo. Y me puse a pensar ¿qué hubiera pasado si me dedico a “x” cosa? No hubiera vivido lo que estoy viviendo, todo es parte de un ciclo, en el que tomamos tal vez las mejores o peores decisiones de nuestra vida. He ahí el dilema entre decidirte por ser feliz o por tomar un estado de conciencia permanente que te haga mantener un ritmo de vida estable.

Todo era perfecto o casi perfecto. Un complemento imperfectamente perfecto, las miradas eran más claras que el agua, era como ver hacia el universo e interpretarlo del mejor modo, y saber que ahí era donde querías estar. Aunque había ocasiones en que ninguno de los dos universos estaban de acuerdo con el todo.

Ahí, se terminó. No porque se quisiese, sino porque las expectativas cambiaron completamente.

Uno como persona no debe rendirse ante nada, y es que hay personas que no estamos consientes del daño que podemos causar, o del que nos puedan llegar a causar. El miedo es parte fundamental del ser humano, pero luchar contra ese sentimiento nos hace más fuertes, algunas veces, está bien que ese miedo nos consuma; y cuando estemos en el hoyo del precipicio, por no tener el coraje de enfrentar los retos que se nos presentaron, tomar en cuenta que ese mismo miedo fue el que nos llevó a tocar fondo.

Me gustaba entender que todo había pasado por una razón, y tratar de superar los golpes que estábamos recibiendo. Nos equivocamos y no supimos manejar cuestiones que la vida misma nos ponía, había dudas y había que entendernos, pero las palabras no eran suficientes, simplemente uno debía tomar su lado y así sucesivamente.

¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer? Una pregunta tonta, pero a la vez muy descriptiva. El adorar a tu sueño no lo es todo y más cuando el sueño no quiere permanecer a tu lado.

Aunque, es muy duro juzgar al sueño, tanto como lo que tú estás sintiendo; ya que todos tenemos problemas y sean grandes o pequeños, a todas las personas les afectan de sobremanera. Es ahí donde no supe valorar y valorarme por lo que vivimos juntos una cuarta parte del año.

Una persona entiende lo que vive hasta que le pasa algo similar, y es justo el karma, quieran creerlo o no, el que nos hace comprender muchas de las dudas que teníamos en mente. Y es claro que, o nos va a tirar o nos va a hacer sentir mejor. La vida misma es un misterio… Sea dios, el destino, el universo, el cosmos…

Pasaron los meses, seguía cuestionándome  y analizando lo que llevó a que se acabara ese sueño. Pero no entendía del todo. Me dispuse a ver hacia adelante y no pasó, caí nuevamente en la desesperación y repetí patrones que ya había dejado anteriormente sólo por el hecho de encontrar nuevamente, y tal vez imaginar que regresaría esa parte de mí que se encontraba vacía.

No fue el caso, y la vida volvió a darme un giro completamente distinto. Pero ¿estaba listo? ¡No! Tontamente, uno puede llegar a pensar que los sueños los puedes suplir. Muchas veces no sabes realmente cuál es tu verdadero sueño; todo es tan efímero como el destino y como este mismo texto.

Entendí que hay personas que pueden llegar a intentar hacer de tu vida un mejor complemento, pero no se ponen en tus zapatos para intentarlo complementarlo de la mejor manera, y no está mal. Lo malo es ilusionar y no darte cuenta de que eso lo viviste tú de diferente forma, pero que en su momento, no comprendiste.

Todos, llegamos a este mundo a ser lastimados y lastimar. No estoy diciendo que las personas lo hayan querido hacer o nosotros mismos hayamos pensado causarlo. Tenemos que ser claros y decidir estar con un complemento y evitar dañar alguien que da todo por ti.

Las personas analíticas son personas que ponen gran parte de su tiempo en pensar y analizar su entorno, y no está mal. Sólo que no lo vi así en el primer modo y me di cuenta, que con el paso del tiempo, algo de ello está en todos y no supe diferenciar entre el pasado y el presente.

No intentemos cambiar el panorama de las personas que están a nuestro lado. Intentemos mejorar para ellos y para nosotros, pero sobre todo para nosotros.

Las dos caras de la moneda, un texto sin sentido, ya que la vida misma es eso, una vida sin sentido. ¿O no? El objetivo principal para los seres humanos es encontrar ese sentido, ese algo que nos haga emocionarnos, sean cuestiones sentimentales o profesionales.

Tuve dos complementos de mi vida muy especiales, pero no sabré lo que pasó hasta que dejé de pensar en lo que pudo pasar. He ahí mi dilema y lo que ya mencioné, nada tiene sentido en esta vida. Y no hay que soñar, hay que imaginar y hacerlo realidad, porque dentro de esta realidad hay personas que no querían lastimarnos, y nosotros no nos dimos a la tarea de entender por qué, y es claro que cuando pasamos por algo similar la vida nos pone a prueba para que entendamos lo que pasamos y lo que pasaron esas personas que hacían de nosotros alguien mejor.

Al final de la larga tela, me alejé… Con tus tirantes al vuelo. Y así, en el viaje del vagón, nuevamente conocí y no supe comprender la soledad. Me llevé emociones que yo mismo tuve, y entendí que no todos sabemos del amor y no todos sabemos de nada.

Lento o rápido, no siempre son las mejores decisiones que puedas tomar. Te vas a encontrar con las dos caras de la moneda. Tan sólo se tu mismo,  aspira a más realidades. Si tiene que ser, será, si tiene que volver, volverá.

No hay personas fugaces, hay personas mágicas disfrazadas de iguales. Porque siempre hay dos caras de la moneda.


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