Las diferencias

Por Brandon Ramírez

 

Hablando de elecciones federales, podríamos decir que el proceso de este año ha terminado una vez que los puestos de elección popular han sido ocupados y comienzan a desempeñar sus funciones. Dicho lo anterior, a todos nos queda también claro que, si el camino hacia el proceso electoral de 2018 no había iniciado ya, lo ha hecho ahora.

Quienes tienen su mirada puesta en que su nombre aparezca en las boletas que recibiremos para elegir Presidente, Diputados o Senadores, comienzan a moverse y orientar su juego político en torno a ello; por lo mismo, será cada vez más constante las notas en distintos medios, como los sitios web, donde se haga referencia a estos movimientos a través de las mismas. Otra constante, sin duda alguna, será la lluvia de opiniones que llenan el espacio de comentarios debajo de cada una de ellas, haciendo manifiesta su molestia con la postura editorial del medio, criticas que hacen referencia al comentario de la nota o bien comentarios de apoyo que buscan disminuir la sensación de rechazo de los anteriores.

En el mismo sentido se mueven y moverán algunos usuarios de las redes sociales, que expresan su postura y pelean sus batallas personales a través de argumentos para mostrar por qué su elección es mejor que las otras, y señalar los errores y vicios de los demás.

Una constante ante casi cualquier tema es la divergencia de opiniones. Desde los temas que consideremos más importantes hasta los más intrascendentes, suelen ser objeto de discusiones en las que se defienden distintas posturas. Esto, aunque no lo veamos así, es producto probablemente secundario de la expansión que las prácticas democráticas han ido arraigando al menos en occidente.

La democracia en sí misma necesita que existan distintos proyectos e intereses dentro de las sociedades donde busque desarrollarse. Lo contrario, una supuesta sociedad homogénea en todo sentido y cuyos integrantes comparten el mismo proyecto común no necesitaría de esta forma de gobierno, y le resultaría quizá hasta conflictiva y engorrosa.

Nuestra forma de gobierno surgió para buscar ser más incluyente que otras alternativas, reconocer que hay distintas visiones del mundo, proyectos e ideas sobre lo que es mejor, darle voz a quienes cumplen ciertos requisitos para ser ciudadanos, establecer controles para evitar arbitrariedades por parte de las autoridades electas y poder cambiar a estas cuando se estime necesario.

Planteado como idea suena muy bien, aunque sabemos que una vez que es operado en distintas sociedades, va adquiriendo sus matices e instituciones propias. Pero la idea, que en lo personal considero central de su planteamiento, es la de aceptar las diferencias de quienes conformamos un país y ponerlas sobre la mesa para que la mayoría (motivada por las razones que sean, desde una identificación con un proyecto hasta algo más emocional) elija, siempre con la ventana abierta de cambiar en las próximas elecciones.

En este sentido, lo único que quiero compartir como opinión personal en este texto, es que todas las diferencias son válidas, mientras se acepte en última instancia que tu postura bien puede ser favorecida por el apoyo de la mayoría o, rechazado por ésta y dejada de lado ante otras alternativas, sin que ello te motive a tomar actitudes más bien negativas ante los demás, generando un amiente contrario al ideal democrático, centrado en el debate.

En la historia de nuestro mundo, cuando hemos rechazado el derecho a discernir, ser y pensar distinto a los demás, ha conllevado a regímenes autoritarios, y muchas veces pérdidas de vidas humanas. Cuando se quiere imponer una visión del mundo a otros, se han generado de igual forma algunos de los conflictos bélicos más destructivos que narran los libros de historia.

Muchas veces tenemos creencias y opiniones que nos parecen de sentido común, evidentes y obvias, y podemos no comprender cómo otros no lo ven así y se sumen en lo que nosotros consideramos error, sin pensar que a nosotros es muy posible que nos vean de la misma forma. Por ejemplo, hace algunas décadas cuando las mujeres no podían votar ni ser votadas. Hoy nos suena extraño y censuraríamos abiertamente que negaran el derecho de voto a una persona por el simple hecho de ser mujer… Pero si nos trasladáramos 100 años atrás, quizá a nosotros es a quien nos censurarían y verían con extrañeza por decir que las mujeres deberían tener los mismos derechos que los hombres, sin distinción alguna. Así de distinta puede ser la visión de las personas con respecto al mundo a través del tiempo, y es igual entre nuestros contemporáneos nacidos y socializados en contextos distintos al nuestro, aunque tengamos la misma fecha de nacimiento y seamos vecinos.

Las diferencias deben aplaudirse y ponerse en debate (y a votación cuando debe tomarse una decisión entorno a ellas, pues no hemos encontrado una alternativa que no sea esta para formar mayorías que avalen la propuesta con más apoyo) cuando se encuentran dentro del marco legal e involucran asuntos públicos que nos afectan a todos, como la conformación del gobierno, haciendo de estas algo útil para todos. Por otro lado, que contribuye muy poco a esto, tenemos el tomar posturas más radicales y cerradas al dialogo, desacreditando a nuestros interlocutores por su postura ante un tema o su simpatía por tal candidato, dándole calificativos estereotípicos que consideramos peyorativos.

 


 

Imagen de: www.yelp.com

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