Las cosas buenas merecen grandes sacrificios

Por María Fosado

 

Si algo he aprendido en la vida, más allá de pensar erróneamente que es injusta, es aprender a aceptar lo que ésta desea darme. Muchas veces nos suceden cosas que pensamos no haber merecido; otras veces, la vida es tan buena que no nos cobra aquellas travesuras que hemos cometido; es cuando pensamos “¡De la que me he salvado!”

No se trata de ser o no creyente del karma, sino de ser consciente de que todo regresará en algún momento de la vida a ti como un bumerang, ya sean buenas o malas tus acciones.

Si te pones a reflexionar un poco acerca de tu vida, te darás cuenta de que ningún día es similar a otro, en cada uno de ellos encontramos aunque sea un mínimo detalle que marca la diferencia en nuestras vidas. Ya sea que el día de ayer te hayas ido a la cama enojado/a, hoy estés de buen humor y el día de mañana quizás te encuentres deprimido.

Una de las cosas que no me gustan de ser estudiante universitaria, y que seguramente, tú también te llegues a sentir identificado/a, independientemente del grado escolar que estés cursando, es que de tantos proyectos que nos dejan realizar para cada una de las asignaturas, pareciera que no nos alcanza la vida para terminarlos en tiempo y en forma. Pero lo peor de todo viene cuando se te cruzan en el camino eventos extraordinarios a los que mueres por asistir, pero sabes que no podrás hacerlo por falta de tiempo y otras veces, de dinero.

Combinar la vida social con la escolar no es tarea fácil, sobre todo cuando son ambas las que deseas mantener en equilibrio, es decir, socializar sin descuidar tus notas escolares o mantener tus calificaciones  sin alejarte de la sociedad. Es frustrante no poder estar en dos lugares al mismo tiempo, el tener que decidirse por una sola situación. Ese momento en el que tienes examen doble al día siguiente pero esa noche, tienes un evento al que mueres con todas tus ganas de ir y tienes que decidir en dar más valor a tus prioridades antes que en ir a pasarla bien.

Una frase que me molesta mucho cada vez que la escucho por la certeza que tiene es: “primero tu obligación y después la diversión”. Siempre he pensado que cuando algo no sale como uno lo esperaba, es porque algo mejor debe llegar. Es de ley.

Sabes que has madurado, o en cualquiera de los casos, que no te ha quedado otra opción más que aceptar la situación de quedarte en casa haciendo tus trabajos escolares cuando en realidad te gustaría estar en la fiesta. Pero creo que no hay satisfacción más grande que terminar cumpliendo con tus obligaciones, porque sabes que te darán mejores resultados en la escuela que haberte ido a la fiesta sin haber terminado tus deberes y con la preocupación de que al día siguiente no hiciste nada e incluso puedes llegar a reprobar una materia por tu irresponsabilidad. Muchas veces lo que nos parece mejor para nuestro bien, no es lo que hubiéramos elegido hacer como prioridad.

Existen situaciones que con todo el dolor de nuestra alma tenemos que aceptar, cosas que debemos abandonar para poder seguir avanzando en la vida y que pareciera, nos ponen entre la espada y la pared; pero los grandes sacrificios vienen acompañados con buenos resultados.

Mi consejo es el siguiente:

  • Planificación de los tiempos de tus trabajos que tienen fecha de entrega.
  • Tomarnos nuestras prioridades con profesionalismo.

Olvídate de dejar las cosas para el último minuto. No sirve de nada desvelarte a altas horas de la madrugada realizando un proyecto del que, al final, no aprendiste nada por el hecho de sólo cumplir con la obligación que tenías de realizarlo.

Sacrificar aquello que deseas por lo que más te conviene hacer es un gran acto de madurez, que se verá reflejado en el resultado que obtengas. Muchas veces no podremos controlar parte de nuestra vida, el destino son las decisiones que tomamos cada día, que nos van guiando hacia diferentes situaciones. Pero cuando sabes que has tomado la decisión correcta, aunque no haya sido la que tú hubieras querido, aparecen en tu camino mejores oportunidades de las que se te habían presentado.

Siempre ten en mente que mejores cosas vienen a tu vida. Cuando sacrificas lo que querías por cumplir con una obligación es porque en realidad, eso que deseabas aún no era para ti. No se trata de desaprovechar la oportunidad que tenías en frente de ti, sino de recordar que lo próximo que venga será en el momento perfecto.

Continúa esforzándote con tus obligaciones, oportunidades hay muchas, pero por favor, tampoco te quedes esperando a que lleguen. Tendrás que construir, a base de tus esfuerzos, la puerta que deseas abrir. El mundo no termina con una oferta que has rechazado, el mundo termina cuando dejas de seguir avanzando hacia donde tus planes desean llevarte.


Imagen: https://www.flickr.com/photos/candagarslani/

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