La vital herramienta juvenil. Sucesos sociales que aparentan funcionar para lograr la unificación generacional.

Por Abraham Islas

Después de lo ocurrido algunas décadas atrás en México, las cosas parecen estar claras: son los jóvenes una herramienta que representa la expresión de una población y que, por ende, exige a los altos mandos de gobierno las necesidades generales que requieren ser aplicadas por medio de políticas públicas que hagan valer el estado de derecho.

En el pasado hubo un acto de compleja asimilación y de descontento social, pero esta vez no nos delimitaremos en ello, pues de ello se han descrito diversas interpretaciones sensibles, pues ya forma parte de las historias del país.  Sin embargo, si la generalidad permite al discurso abordar la postura entre la voz joven que representa la exigencia y la de la autoridad administrativa; pues es esa la finalidad de este texto.

En la actualidad, notemos el valor del año 2018. Ya que en este año ocurrieron pretextos para reivindicar la fuerza de la exigencia por parte de los jóvenes. El año anterior se había opacado la protesta del recuerdo ante lo terráqueo y no meramente humano. Pues pareciera ya una tradición en contra de los factores que perjudican a la calidad de vida de los habitantes del país. Pero el suceso de este año logró plagar los medios y sus redes de manera nacional e internacional.

Pareciera que, al ser un tipo de acontecimiento con cierta periodicidad, se convierte en algo común a lo largo de la historia y ya no significa nada relevante hablar de jóvenes que exigen la vigencia de derechos. No obstante, es esta flama juvenil la cual permanece activa y renace el recuerdo válido por el deseo de la paz y la justicia en sus generaciones contemporáneas, cada una con su propio estado de experiencia.

No creo justificables, ni tener una postura ecuánime, los sucesos anteriores en los que se ha vivido la represión y violencia. Pero se que son cosas que ocurren en las sociedades humanas en donde hay esfuerzos por mantener un control. Y por ello creo que la experiencia anterior ayudó a que hoy pueda existir, con mejor coordinación, ese poder de manifestación grupal en la cual se abra el espacio para tener una postura activa ante la vida, seguir luchando por formar parte de una sociedad y conocer los derechos humanos.

Cienfuegos Salgado, en Una Historia de los Derechos Humanos en México (2017), documenta y describe las actitudes y desencadenamientos que se vivían en la época colonial en el aquel México, el cual parece estar sujeto a enfrentarse a situaciones complicadas de manera interna.

Ante lo cual se a avanzado considerablemente.

Pero para puntualizar más en el presente, pues no fue la acción contra una joven que, en términos grupales, representó a la juventud; sino que pareciera ser todo lo que viene atrás, una cultura de tradiciones inconscientes que empiezan en el sutil verbo pronunciado y, al paso de las generaciones, se ve plasmado en actos corpóreos alimentando las noticias. 

Información que, al ser a un gran número de personas logra sensibilizar a la población para identificar los otros factores que atañen las situaciones sociales, desde su perspectiva (en su mayoría de estudiantes; notando que es la etapa en donde se convive en áreas que fungen como espacios de aprendizaje para enfrentar la vida con escalas de las escenarios subsecuentes).

Posteriormente, se genera la manifestación que hace más grande la voz del segmento de la población para realzar sus peticiones. Lo peculiar de lo ocurrido este año fue que el ataque contra el acto de exigencia vino por parte de otra agrupación de jóvenes, uno de choque, que aumentó el descontento por los manifestantes y energetizó con mayor fuerza la necesidad de exigir la tensión social hacia los valores, responsabilidades y compromisos.

En general, se unieron bastantes instancias públicas y tomaron los centros de enseñanza para poner presión y llegar a un satisfactorio acuerdo entre ambos puntos de diálogo. Todo indica que la prioridad es la seguridad al ciudadano, por lo cual se pide estructurar planes que produzcan mejores condiciones entre la sociedad y sus componentes.

Resulta, entonces, que son los jóvenes la generación que cuenta con la energía para unificar los sentidos y luchar por la reivindicación de los valores de la vida como seres humanos participes de una sociedad que se desea ser desarrollada en armonía. Por ello, son estas generaciones capaces para lograr aquel óptimo y benéfico cambio.

Ser joven es la etapa en la cual se captan de menor manera las experiencias, pues es la etapa en la que pareciera ser una simulación ante la adultez, para la mayoría. Dicha etapa se presenta para experimentar y tomar conciencia al respecto de las posturas y perspectivas de las acciones que influyen en la vida. También, es un tiempo de tomar inspiración de varios puntos para conformarse como ciudadanos y partícipes de una sociedad.

Pese a todo a lo que estamos sujetos como individuos de una sociedad con una larga y compleja Historia, es oportuno que los jóvenes se vinculen para formar parte de grupos y ampliar el conocimiento personal y social. También, sumar esas energías para crear y desarrollar proyectos que mejoren las condiciones y los escenarios de la aplicación de las diversas ciencias en beneficio.

Por ello, ante la experiencia trágica el sujeto no puede bajar la cabeza o ser dócil ante la adversidad. Lo mejor es aprender de lo ocurrido para sumar herramientas para próximos episodios de la vida en los cuales la juventud quedará atrás y, por motivos naturales, será parte de nuestras generaciones anteriores; pues no somos eternos y en algún momento nosotros seremos objetos de aprendizaje para futuros jóvenes.

Lo más recomendable, por parte de personas mayores que he escuchado en esta vida, es mantener las visiones y los objetivos siempre. Aprender paso a paso. Aprender, también, a no frustrarse ante los errores. Y, si se presenta un momento de petición, pedir realmente con el uso de nuestro activo principal que es la mente, la conciencia, y crear mejores escenarios de desarrollo para reducir los riesgos que se presentan de manera natural en la vida.

Así, septiembre continúa siendo un mes de valoración, aprendizaje y enseñanza por lo ya mencionado, lo ya observado y lo que se está produciendo en la mente natural en este momento. Pues en este contexto de movimientos juveniles actuales que suman la fuerza del deseo de una población, es curioso que este mes anteceda a octubre, que inician la última tercera parte del año. En fin, en todo el año es importante recordar la unión de un país, solo pasa que en estos meses, a lo largo de la historia, se han presentado y han coincidido eventualidades de suma emotiva, solo eso. ¡Viva la unión mexicana!

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