La vida me enseñó a ver lo bueno en las personas

 

Siempre he pensado que es mejor buscarle el lado positivo a cada situación negativa.

Conforme voy madurando, me he dado cuenta que es demasiado desgastante andarse quejando de lo que no va bien en nuestras vidas, del día a día y de las personas, que a final de cuentas, no somos perfectos; y tal vez aquí aplica el dicho… “no somos monedita de oro para caerle bien a todos”.

La vida nos pone pruebas para ver qué tan maduros somos en nuestro actuar, pero sobretodo para responder ante lo que nos pasa. Pruebas que pueden ser sencillas de superar y otras que uno debe aprender a manejarlas con el paso del tiempo. Te pondré un ejemplo de esto último que menciono:

La típica situación en la que dos amigas que no son “súper amigas” pero sí algo cercanas, una está enamorada de un chico y con el paso del tiempo, el chico se enamora de la otra amiga.

Obviamente si tú que me estás leyendo, eres una chica, seguro que sabes de lo que te estoy hablando. No te hagas…

Siendo mujeres, nuestra respuesta será de odio hacia la que creías que era tu amiga por haberle hecho caso al chico del que te morías y también lo odiarás a él por no haberte elegido y les dejarás de hablar de por vida.

(Eso me recuerda a una película que vi, se llama: “Not since you”, con ese contexto pero que está interesante porque también trata sobre los amores del pasado y pone a prueba el amor actual).

Pero si eres una chica madura y de mente abierta, sabrás que actuar de esa manera es lo más inmaduro que puedes hacer. En primer lugar, porque debes saber que no es, ni será el único hombre en el mundo del que te puedas enamorar. Segundo, si sabes que la amistad que tenías con esa amiga era buena ¿Como por qué terminarla solo porque no aceptas el hecho de que el chico que te gustaba eligió andar con la otra chica?

Obviamente eso no quiere decir que debas soportar estar donde ellos están, como aquella frase que dice algo así como “No veas, no oigas y no hables de todo lo que pueda robarte la tranquilidad”. Hay que saber poner límites.

Pero como este artículo no trataba sobre historias de desamor, lo que sí puedo decir es que con este ejemplo un poco “dramático” puedes darte cuenta que todo es cuestión de actitud y del espejo en el que mires las cosas.

Se me ha llegado a criticar por ser una chica complicada, digo algo un día, después al otro día me quejo de algo más y siempre estoy cambiando de opinión; incluso no falta la gente que piensa que una es hipócrita.

Pero como lamentablemente y para desgracia de muchos, uno mismo no vive de la opinión de los demás, pues dejemos que hablen y digan lo que quieran.

Bien dice Lady Gaga: “La gente siempre va a hablar, así que vamos a darles de qué hablar.” Y si vamos a darles de qué hablar ¿por qué no hacerlo de la mejor manera?

Puede que alguna vez en tu vida hayas dicho que alguien te cae mal por algo que dijo o hizo, pero que sabes que no por eso deja de ser una buena persona y le sigues hablando; eso no quiere decir que seas hipócrita, sino que no eres tan inmaduro o inmadura sólo por algo que pasó en su momento como para dejarle de hablar. Es decir, una acción no define quiénes somos, o por lo menos así lo veo yo.

Una vez leí en un libro que lo más importante no es lo que dicen hacer las personas, sino sus intenciones; y creo que tiene mucha razón. Obviamente siempre van a contar las acciones, pero todo va encaminado hacia la intención con que se hacen las cosas.

Sabemos que la gente siempre va a hablar para bien como para mal de nuestra persona, y esto es muy visto en los eventos sociales.

La verdad es que en lo personal a mí me da flojera andar haciendo eso, sobre todo porque por lo menos eso no me enseñaron en casa. Aunque esto no quiere decir que no nos enojemos con las demás personas, todos tenemos sentimientos y también tenemos derecho a expresarlos.

Creo que si queremos hablar con la verdad respecto a alguien, sólo podemos hacerlo sobre nosotros mismos, jamás tendremos la verdad absoluta respecto a las demás personas. Si vamos a hablar de los demás, deberíamos hablar sobre lo que nos dejó esa persona, lo que aprendimos de ella y no de lo que nada más vimos o suponemos que hizo.

Conozco a personas que de repente nos la pasamos quejándonos de los demás y me incluyo, porque después de darme cuenta de que todos los días encontraba un mínimo detalle para quejarme, mi día a día eran quejas. Después, un buen día me di cuenta de que lo que estaba haciendo no iba a cambiar a las personas, sino que más bien a la única persona que afectaba era a mí misma.

Como ya no voy a echarte tanto rollo, lo único que puedo decir es que antes de juzgar a las personas, te permitas conocerlas. Hay personas a las que se les ve su lado “lindo” desde el exterior, pero es más interesante conocer esa parte de ellos en su interior.

Dejémonos de apariencias y atrevámonos a conocer a las personas por lo que valen. Si lo intentas, seguro encontrarás amistades verdaderas.

 


Fuente de imagen: https://www.flickr.com/photos/colpo_docchio/

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