La última muerte

Por Mónica Vargas

La muerte es un motivo difícil de entender, desde tiempos inmemorables el ser humano mediante el arte, la ciencia, la religión… ha tratado de explicarse qué hay más allá de lo que nombramos “vida”. A través de la literatura millones de exponentes continúan cavando en lo más profundo de su intuición creadora con el fin de descubrir ese misterioso final democrático y la razón de continuar temiéndole. Alejandro Ipatzi nos regala 13 fabulosas narraciones ambulantes entre el realismo más crudo -casi encarando la línea de lo grotesco- hasta la fantasía menos imaginada (aquella que uno mismo hubiera deseado escribir), pero sobre una escala inhóspita en la que cuesta trabajo discernir entre uno y otro. Donde cualquier trance se vuelve bello ante los ojos de lo ordinario. Dijo García Márquez a través de la voz Florentino Ariza: “es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”.

La última muerte es ese momento en que el  libro se convierte en almohada para tener los mejores sueños y al mismo tiempo en cama de clavos para tener las más profundas pesadillas. Iniciamos nuestra narcosis en el retorno de una yunta de almas en pena cavando su propia tumba; por un momento somos un par de ojitos desamparados ante la muerte de su madre en el asfalto; al siguiente nos convertimos en un viejo  ensimismado en sus tiempos de rockstar y terminamos nuestro viaje en un universo paralelo donde las salidas al cine se convierten en despedidas del mundo terrenal.

Cada relato, ante su propia fatalidad, responde a una suerte de circunstancias entre las cuales brotan los vicios y pasiones humanas cercanas a lo instintivo y a la vez muy distantes del entendimiento. Es el caso de “Los motivos de Gonzalo”, (quizá la historia más emotiva y al mismo preocupante por la semejanza con nuestra realidad más próxima) conocemos los primeros años de un niño aprisionado entre burlas escolares, una familia de imbéciles (que sólo sabe dar consejos imbéciles) y un arma que está dispuesto a disparar a donde sea necesario para acabar con sus tormentos. O qué pasa con ese hombre carente de moral básica protagonista del último relato, “La última muerte”, un prófugo de la justicia que en su intento de escapar del primer deceso que causó, termina por convertirse en víctima de su propio delito, destinado bajo el sol inclemente (y como todos los que fue dejando a su paso), al olvido más desolado que un hombre puede tener. Aquí los simbolismos presentes desde título hasta el punto final nos remiten a una constancia literaria digna de admiración consecuente al análisis estructural de la narratología y perceptivo ante cualquier lector pudiendo asimilar y más aún conmoverse, entre finales abiertos y espacios cerrados donde el frío penetra el cuerpo, se eriza la piel, se pierde y recupera la sonrisa en cuestión de párrafos sin nada más que decir.

A pesar de la corta extensión de los textos, la trascendencia va más allá de las páginas. Adentrarse a cualquier cuento significa pactar el convenio de ficciones aununciadas y además enarbolar nuestras propias conjeturas, los recorridos que haremos en locaciones previamente propuestas, así sean desérticas, futuristas, limpias o airosas; y pactos con personajes entrañables desde el primero de sus diálogos. Este volumen es una introspección a la naturaleza polifacética de nuestro autor, reflejada en la cuidadosa narrativa del pensamiento humano situado en una sociedad emocionalmente reprimida; están los que no ven o ven solo lo que quieren, los que no escuchan porque no dices lo que quieren escuchar y los que callan o que cuando hablan lastiman con sus palabras.

Como lectores tenemos un poder incomparable en muchos aspectos, pero debemos aceptar que entre los géneros de fantasía, misterio, terror y realismo no hay una sola voz que enjuicie todo.    

El disfrute de este ejemplar se origina desde el conocimiento previo de las acogedoras letras tlaxcaltecas, el trabajo arduo de Ipatzi en la promoción cultural, la amistad que requieren las nuevas creaciones y remata con la sorpresiva vitalidad con la que se habla de la muerte, ese gran misterio que apuntaba al inicio. Lo cierto es que la vida se compone de momentos y estos nunca dejan de existir: un momento crea, salva, destruye… un momento es todo y la muerte -primera o última- es un momento.

Gracias a todos y enhorabuena, Alejandro.


Imagen: http://www.adn40.mx/noticia/ciudad/nota/2017-06-15-17-42/posible-suicidio–la-causa-de-muerte-de-estudiante-encontrado-en-la-unam/

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