La tecnología, los videojuegos y la vida cotidiana

Por Brandon Ramírez

 

Pocas cosas en nuestro mundo (y estoy tentado a decir que ninguna) son totalmente buenas o malas. Es de la sabiduría popular que todo tiene sus puntos a favor y sus puntos en contra. Los años en que vivimos actualmente han visto una aceleración en la renovación tecnológica. Cada año, y en algunos casos meses, sale a la venta el nuevo modelo de teléfono celular de cualquier marca en este mercado; lo mismo con las tablets y en menor medida las computadoras de escritorio y portátiles.

No podemos negar el impacto positivo que todos estos avances suponen para nuestro día a día. A mí, en lo personal, aún me tocó ir a las papelerías a conseguir la biografía de algún personaje histórico o la monografía de un tema que debíamos investigar. Qué decir de las enciclopedias con inacabables volúmenes, ordenadas alfabéticamente y con explicaciones a veces no tan convincentes. O bien, aquella popular enciclopedia digital “Encarta” de los años 90, que se renovaban cíclicamente y aun hoy día existe. Hoy, basta con entrar a un buscador en nuestro navegador favorito, y estamos a un clic de distancia de un incalculable volumen de información sobre cualquier tema, incomparable con las 10 o 12 imágenes con micro explicaciones de las monografías.

Que tengamos acceso a nueva información cada día, de distintas fuentes, distintos autores, con contrastes, cambia totalmente la manera en que puede aprenderse hoy día. En eso, es innegable que los avances tecnológicos, y en este caso específico internet, suponen múltiples ventajas. Sin embargo, también puede generar vicios que obstaculizan el aprendizaje, como el “copiar y pegar” cualquier artículo y entregarlo como tarea, un acto total de plagio y que puede no suponer ningún aprendizaje para quien lo hace. De igual forma, encontrar información equivocada que, al no ser contrastada, es dada por cierta sin conocer su grado de verificabilidad.

Algunos sitios de internet, como Wikipedia, suelen ser desdeñados porque su información son aportaciones, potencialmente, de cualquier persona, que puede o no contar con credenciales que le otorguen cierta credibilidad y confianza; a diferencia de un libro escrito por un autor de renombre, o un artículo en alguna revista especializada. Quienes suelen hacer suyo ese punto de vista, puede que no consideren que un artículo de Wikipedia suele ser revisado y verificado, y que si bien no pretende ser publicado en alguna revista especializada, si puede llegar a ser un buen primer vistazo sobre cualquier tema que desconocemos, y que las referencias, al final de cada artículo, pueden guiarnos a publicaciones con mayor prestigio académico.

Algo similar ocurre con un tópico más particular como es el mundo de los videojuegos.  Suelen ser tachados como vicios en los jóvenes que no les aportan nada en su desarrollo personal, una pérdida de tiempo y recursos que les enajena y aleja de actividades más productivas como leer, estudiar, trabajar o hacer ejercicio. Incluso, se puede ir más allá y tomar nota de todos esos casos de jóvenes que mueren o asesinan, supuestamente, por la influencia de estos por la excesiva violencia, incitaciones y agresividad que contienen. Probablemente el ideal de toda persona sea tener un desarrollo integral: físicamente con el ejercicio, intelectualmente con el aprendizaje y estudio, y sensorialmente con las artes. Pero la vida contemporánea se vive a gran ritmo, tiende a la especialización y a definirnos en torno a pocas actividades.

Habría que aclarar que no todos los videojuegos son iguales. Las consolas clásicas de 8 bits, con juegos en dos dimensiones y que fueron los primeros en popularizarse, requerían una coordinación entre la mano y el ojo, ya sea para aplastar hongos en el momento preciso, disparar a los patos, o dar la vuelta oportuna y evitar que un fantasma nos eliminara mientras comíamos puntos amarillos. Podríamos pensar que tener buenos reflejos no es algo primordial, ni que jugando videojuegos sea la única forma de obtener dicha capacidad. Sin embargo, un artículo del Huffington Post llamado “9 ways video games can actually be good for you”, escrito por Drew Guarani, nos relata el resultado al que llegaron distintas investigaciones en personas a las que se les pedía jugar algunos títulos populares de esta industria.

Algunas de los conclusiones de dedicarle tiempo a, por ejemplo, “Super Mario 64” fueron que, el grupo que tenía la tarea de jugar durante dos meses consiguió “aumento de la materia gris en el hipocampo derecho, la corteza prefrontal derecha y el cerebelo; áreas del cerebro responsables de la navegación espacial, la formación de la memoria, la estrategia, la planificación y la motricidad de las manos”¹, a diferencia del grupo de control. Otro ejemplo es que jugar “Starcraft” mejora tu flexibilidad cerebral. Algunos juegos de habilidad mental demostraron retrasar el grado de deterioro mental en personas mayores de 50 años; y en especial una serie de juegos pueden utilizarse como terapias de rehabilitación o servir de simulacros para el desarrollo profesional, como el caso de los simuladores médicos.

Al final, como casi cualquier actividad, todo depende de qué tipo de videojuego se juegue y de que no sea un impedimento para realizar las demás actividades de nuestra vida. Potencialmente, algunos títulos mejoran algunas actividades cognitivas o motrices, quizá sin saberlo. Y las nuevas tecnologías con sensores de movimiento incorporadas a algunas consolas incluso requieren de constante actividad física, que no implica que jugar videojuegos conlleve estar sentado por horas frente a una televisión, sin más movimiento que el de los dedos.


¹Guarani, Drew; “9 Ways Video Games Can Actually Be Good For You” Huffinston Post, sección: Tech; Fecha de publicación 07/11/2013; consulta en línea:  http://www.huffingtonpost.com/2013/11/07/video-games-good-for-us_n_4164723.html


Imagen: http://www.semana.com/educacion/articulo/la-relacion-entre-la-tecnologia-la-educacion-colombia/449589-3

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