La soledad y autoevaluación

Por Driveth Razo

 

¿Qué es la soledad? ¿Acaso es un estado donde la persona necesariamente tiene que estar sola físicamente; o es una sensación donde no importa cuanta gente haya alrededor tuyo, te sigues sintiendo igual de vacío?

La verdad es que aunque no queramos admitirlo, muchas personas a lo largo de la vida llegan a sentirse solas. Puede ser que se deba a que descubren que ese mejor amigo los engañó todo el tiempo; o que la familia, que pensamos que era incondicional, llegó un punto donde nos demostró que no lo era y no nos apoyó en luchar por nuestros sueños. Quién sabe. Sea cual sea la razón por la que nos sintamos así, nos tenemos que dar cuenta que en verdad nunca estamos solos. Nos tenemos a nosotros mismos.

Sí, sé que suena ilógico, pero es la verdad. ¿Acaso no venimos solos al mundo? Al nacer provenimos de nuestra madre, sí; pero cuando dejamos de lado la protección del vientre de nuestra progenitora, nacemos solos. Ni siquiera los gemelos nacen tomados de la mano. ¿Entonces porque esa necesidad de buscar compañía en otros? Muchas veces no nos damos cuenta que la más sincera y pura compañía nos la podemos proveer nosotros mismos.

Soledad no es sinónimo de tristeza, es sinónimo de autoconocimiento. Cuando estamos acompañados de otras personas nuestros sentidos tratan de conectarse con lo que hay alrededor suyo, ni que se diga del oído. Cuando estamos solos, nuestros sentidos, al no tener a otro intermediario con el cual hacer “click” hace “click” con uno mismo, dándonos la oportunidad de autoevaluarnos. La mayoría de las veces, nuestros sentidos prefieren darle importancia a lo que está a nuestro alrededor y no a lo que nosotros sentimos o pensamos. Por estar al pendiente de lo que las demás personas dicen o piensan, no nos tomamos tiempo de “escucharnos” a nosotros, no nos damos tiempo de estar un momento con nosotros mismos.

La mayoría de las veces no nos llegamos a conocer ni un 50%, ya que siempre estamos tratando de estar acompañados. Pensamos que por estar rodeados de personas, no estamos solos y no somos rechazados. Pero no nos damos cuenta de que nos rechazamos a nosotros mismos, no nos creemos lo suficientemente valiosos para llegar a disfrutar nuestra propia compañía, ¡menudo mundo en el que vivimos!

Tenemos tanto miedo de estar con nosotros mismos, porque no queremos abrir nuestro corazón, no queremos conocernos por miedo a descubrir lo que en verdad somos y lo que en verdad queremos o necesitamos. Pero esa autoevaluación, no nos tendría que dar desasosiego, al contrario nos tendría que dar curiosidad. Al momento de uno querer formar una familia, no la formamos con la primera persona que encontramos en la esquina. Esa persona tiene que pasar por un largo proceso, donde nosotros nos encargarnos de evaluarla. Buscamos los errores y defectos, así como los valores y aciertos que tiene ese candidato a compartir nuestra vida. Pero, ¿de qué nos sirve evaluar y conocer a otra persona que formara parte de nuestra vida, si no nos conocemos a nosotros mismos, la única persona que estará con nosotros desde el inicio hasta el final?

Nos da miedo la soledad, porque con ella, tendríamos infinidad de tiempo para pasar momento de calidad con nuestro mejor amigo: uno mismo. Nos da miedo, nos da más miedo sentirnos marginados y rechazados por otros, que sentirnos rechazados por nosotros mismos. Muchas personas toman a la soledad como excusa para dejarse vencer, caer y rendirse. Pero es sólo una mala excusa, porque la soledad sería la perfecta excusa para levantarnos y gritarle al mundo entero que estamos vivos, y que no nos dejaremos vencer simplemente porque unas cuantas personas se fueron de nuestro lado.

Tenemos que aprender a ver la soledad no como algo malo, algo a lo que temer; tenemos que aprender a verla con ojos de amor, de autoevaluación. La soledad al fin de cuentas, nos da momentos de paz, de estar con nosotros mismos y bajar esa mascara que mostramos a las demás personas para que no logren conocernos en verdad por miedo a ser rechazados, que por cierto es un gran error. ¿De qué nos sirve tener miles de amigos que se enamoren de una máscara? Al final de cuentas, no te querrán por quien eres, sino por quien finges ser. Pero, dirás: llevo tanto tiempo fingiendo ser alguien que no soy, que ya no sé quién soy.

Entonces, este es el momento indicado para reconocerte, para sentirte y para valorarte, sin importar lo que la demás gente opine. Sin importar si te dejan solo. Después de todo, la soledad no es un estado de vacío, es un estado de autoconocimiento y de un maravilloso encuentro contigo mismo.  Y no solo es eso, siempre ten presente, que nunca estarás solo; cuando sientas que todos te abandonan, acuérdate de no abandonarte a ti mismo, ese sería el peor error que cometerías.


Imagen: http://www.retreatpuravida.com/es/apply.php

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