La revolución intelectual del siglo XX

Por Mónica Vargas

 

Así como muchos países tuvieron su época de esplendor cultural, artístico e intelectual, México también la estimó en el siglo XVIII; empero, el verdadero aprecio de la belleza intangible de la creación artística y el ímpetu arduo de la juventud deseosa de erudición, se vislumbran en el siglo XX, mismo que arrasó con la ideología, costumbres, creencias y arquetipos de una era de clásica de parálisis social.

La revolución mexicana no sólo influyó en la vida política y económica del país, sino que significó un hito en la historia personal de cada azteca, pues marcó a las principales coexistentes de entonces: la Generación de 1915 (bautizada como la de “Los Siete Sabios” encabezada por Manuel Gómez Morín), la de los Estridentitas, la Generación del 29 (conocida por el arduo trabajo literario-poético), la del Medio Siglo y la de los Cachuchas. Ésta última emanó a figuras tan importantes que hoy día seguimos recordando con admiración: pintores como Frida Kahlo, José Clemente Orozco y Diego Rivera; poetas como Carmen Mondragón; artistas visuales como Nahui Olin y literatos de la talla de Miguel Nicolás Lira –conocido cariñosamente como Miguel N. Lira quien fuera escritor, editor, maestro, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua  y funcionario público, uno de los más ilustres personajes tlaxcaltecas.

Miguel Nicolás Lira nació el 14 de octubre de 1905 en Tlaxcala de Xicoténcatl. Se tituló como abogado en la Universidad Nacional, pero desde siempre fue multifacético en el quehacer de la literatura y los oficios que de ella desdeñan. A los once años (comentó en una entrevista) escribió su primer poema y fue en 1948 cuando alcanzó el renombre nacional con su novela La escondida (premio Miguel Lanz Duret, 1948) llevada al cine en 1955 y protagonizada por la belleza femenina más subrayada de la época María Félix “La Doña”, y uno de los grandes y más queridos actores de la época de oro del cine mexicano Pedro Armendáris. Sin duda, La escondida es uno de los textos más importantes contextualizados en la revolución mexicana; con motivos fúnebres, románticos, éticos y emocionales, que son el sello de la obra de Lira.

Dentro de sus publicaciones, tenemos también La Guayaba (1927); Donde crecen los tepozanes; El Diablo volvió al Infierno (1944), teatro satírico-lúdico que se ha montado en diversos concursos de arte escénico; y La muñeca Pastillita, obra infantil que adoptó la Secretaría de Educación para libros de texto, así como otras compilaciones del mismo autor.

En su labor política, Lira ejerció su profesión en la Suprema Corte de Justicia y en juzgados de Tlaxcala y de Chiapas, demostrando un alto compromiso social, impacto en la economía familiar y responsabilidad laboral. Mas su predilecto afán en el mundo de las letras lo llevó a fundar y dirigir la editorial Fábula y junto a Alejandro Gómez Arias, inició una revista que imprimió su nombre por título.

Fueron muchos los personajes que encaminaron una vida prolífera junto al escritor, ejemplo claro es su amistad intrínseca con artistas locales como el muralista Desiderio Hernández Xochitiotzin, nacionales como la gran pintora Frida Kahlo, e internacionales como el productor, director, guionista y animador Walter Elias Disney, quien (se señala en entrevista) viajaba a México sólo para reunirse con Lira y coincidir proyectos artísticos.

Lamentablemente, el conjunto de obras de nuestro autor es muy poco distribuido a pesar de su alto impacto en los años de publicación, por tanto, su nombre es quizá irónicamente novedoso en bibliotecas sustanciales; pero bien merece la oportunidad de buscar su apellido entre las bibliografías de las estanterías.

Lira falleció el 26 de febrero de 1961. A pesar de su fragmentada biografía y dudosa obra epistolar, Miguel N. Lira ha trascendido en una trinchera más fuerte que los cañones de la revolución: su ideología. El anhelo siempre vivo de la culturalización del pueblo mexicano, sus añoranzas académicas y educativas, así como el fervor esplendido a la justicia de los más vulnerables. Hoy, una calle de la ciudad de Tlaxcala honra su nombre, así como escuelas, asociaciones culturales, grupos artísticos y bibliotecas del estado; pero más que unas cuantas grafías, el cariño que tenemos los que llegamos a conocer a Lira en sus obras, es el que renombra su persona y trasciende en intelecto de cuantos lo permiten. A más de un lustro de su fallecimiento, honor a quien honor merece: Miguel N. Lira, mexicano ilustre.


Imagen: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/ensayo-literario/el-hoy-aun-persiste-recordacion-de-miguel-n-lira

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.