La reproducción de los estudiantes y su relación con la cultura

Alejandro Pocoroba

 

Dentro de la universidad existen diversos grupos en los que socializamos. En ella existen múltiples interpretaciones sobre un mismo suceso, es decir, en la universidad se juegan relaciones más extensas; conocer mundos diferentes, personas de distintas clases sociales, etc. Por lo tanto, la institución tiene su propio mecanismo de desigualdades entre las diferentes clases sociales (Boudireu y Passeron, 1973).

En las familias de clase alta las relaciones sociales son más extensas, partiendo del supuesto que los miembros de esa clase tienen relaciones extra-familiares, socialización con otras personas dentro de su mismo núcleo social. Su visión acerca de la universidad se vuelve más subjetiva, de lo contario, la visión del estudiante de clase social baja es más objetiva. En otras palabras, los niños ricos tienen más interpretaciones acerca de la universidad, debido a la socialización que establecen con otras personas de su misma clase. Recuérdese que la universidad es una meta normal y obligada para ellos, mientras los estudiantes de clase baja tienen una visión acerca de la universidad más reducida, debido a la carencia social que existe dentro de su entorno en relación con la universidad.

De modo que no siempre los estudiantes le dan el mismo significado a la disciplina escogida; para unos es la única posibilidad mientras que, para otros, es un refugio. Sin embargo, la familia provoca un seguimiento en la elección de la escolaridad, éste aumenta a mayor categoría social y la influencia de los profesores decrece.

Las desigualdades son más notorias en los casos donde, a falta de una enseñanza organizada, las prácticas culturales que ejercen los estudiantes de clase alta obedecen a condicionamientos sociales más que razones de gustos o inclinaciones personales.

Los saberes de la “cultura libre” de los estudiantes de la clase alta les son útiles para tener una relación fundamental en una sociedad global y con la cultura; posteriormente éstas son usadas en sus relaciones sociales y en su vida cotidiana. Asimismo, para los de la clase inferior la escolarización queda reducida a sus relaciones escolares; la escuela para los hijos de los campesinos, obreros y empleados, la adquisición de la cultura escolar es aculturación (Boudireu y Passeron, 1973).

Las ventajas y las desventajas sociales son latentes en la escuela, y por ende, en la vida cultural, es porque, palpables o inadvertidas, unas y otras son siempre acumulativas. La mejor forma de combatir las desigualdades que se presentan en la escuela sería atribuirse a las desigualdades económicas o a una determinada política que adolezcan a la escuela. Sin embargo, el sistema universitario continuaría ejerciendo los mecanismos de desigualdad mediante la transformación de los privilegios sociales en dotes o meritos individuales; “una vez conseguida la desigualdad formal de probabilidades, la escuela podría ofrecer la apariencia de las más completa legalidad al servicio de la legitimidad de los privilegios” (Bourdieu y Passeron, 1973; 54). Dicho de otro modo, la escuela seguiría creando diversos mecanismos de desigualdades menos visibles, pero a su vez perceptibles como iguales de manera legítima con privilegios alcanzables sin importar el lugar de origen.

A manera de conclusión, los estudiantes y su relación con la cultura suele ser muy destacada en su éxito social, ya que ésta se le acuñe a su origen social, pero no siempre puede pasar, eso sí aprobáramos esta condición, hablaríamos que los pobres siempre seguirán siendo pobres, como lo demostró el antropólogo francés Oscar Lewis en “antropología de la pobreza”, destacando a esta clase social como una raza. Sin embargo, las generalizaciones no son siempre cumplidas al pie de la letra y es que los estudiantes, sea cual sea su nivel de capital cultural, echan mano de él para usarlo de guía con relación a otros capitales y relacionarse con otro tipos de personas. No hay que olvidar que los estudiantes, son sujetos sociales, ellos van creando su realidad. Por ende, la clase social no es un factor determinante del éxito social.

El habitus del estudiante, se crea y se reconstruye en la interacción; puede construir nuevas formas de significación que le ayuden a captar de mejor forma la cultura para que, posteriormente, le sirva con las desigualdades sociales en la que se encuentra inmerso. Empero, estas desigualdades hay que entenderlas desde una perspectiva kantiana, al momento de nombrarlas las crean y después ellas afectan nuestro propio yo; las desigualdades se tornan subversivas, afectan nuestros condicionamientos y se echa la culpa a ellas olvidando que nosotros las construimos; aunque el hijo del campesino no puede tomar de justificación estas desigualdades por su mediocridad, él es el arriero de su historia.

A. Giddens menciona que los agentes dotan de sentido su vida, por lo tanto, lo estudiantes dotan de sentido su vida estudiantil y conscientemente siempre actúan en ella en busca de sus propios fines. Recuérdese, el habitus proporciona la acción práctica, pero ésta está condicionada por la interiorización de la estructura en la que se creó. En otras palabras, los estudiantes pueden tanto destruir estas desigualdades sean o no conscientes, como también pueden seguir inmersos en ellas sin darse cuenta de esa lógica.

 


Bibliografía

Bourdieu, P. y Passeron J.-C. (1973) Los estudiantes y la cultura. Buenos Aires, Argentina: Editorial Labor, s.a. (Pp. 5 – 110)

Bourdieu, P. (1997) Razones prácticas para la teoría de la acción. Barcelona, España: ANAGRAMA. (Pp. 33 – 47)

(2005) Capital cultural, escuela y espacio social. Argentina: Siglo Veintiuno Editores. (Pp. 23 – 40 & 108 – 176)

Coulon, A. (1995) Etnometodología y Educación. Barcelona, España: Ediciones Paidos. (Pp. 113 – 163 & 165 – 183)

 

 

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