La política: ¿tema de unos cuantos?

Por Irlanda Diego

 

Cuántas veces caminando por la calle, al subirme a un taxi y empezar a platicar con el chofer, al conversar con amigos o hasta en los intercambios de ideas en una Universidad, he llegado a escuchar  una frase que pesa y me brinca en la mente: “no quiero saber de política, no me interesa”; en algunas ocasiones esto se dice por mero desinterés, en otras tantas por pensar que la política únicamente es un tema de  gobernantes, y no de los gobernados, o en el peor de los casos porque quienes lo dicen están cansados de ver que la política se ha convertido en un negocio, que por mucho dista de ser un ejercicio para buscar el bien social.

Ojalá saliéramos de ese gran error que nos ha hecho creer que la política le concierne únicamente a aquellos que están en Palacio de Gobierno, en la Cámara de Diputados o  en el Senado de la República, por mencionar algunos, la política va más allá de eso, vive también en las calles, en las comunidades, en los espacios de discusión en los que los ciudadanos construyen nuevas ideas, en la lucha constante de los que sin tener un cargo en el servicio público, trabajan desde su trinchera para que México sea mejor.

Y es que ante esta apatía, desconocimiento o hartazgo social, es necesario analizar cuáles han sido los factores que han propiciado esta falta de interés en la politica; cabe mencionar, que con este análisis no pretendo que cada uno de los mexicanos deba aspirar a un puesto de elección popular o llegar a una Secretaría de Estado para involucrarse en la política, no, es precisamente de esa idea de la que tenemos que disipar las dudas y falacias que nos han llevado a creer que la política sólo se hace en determinados lugares  y con círculos específicos de la sociedad.

Definitivamente creer lo anterior, ha generado una falta de participación en los temas públicos y una indiferencia ciudadana ante los grandes problemas que acontecen en nuestro país, indiferencia que ha crecido de manera exponencial, que se respira y se percibe de forma desalentadora.

En este se sentido, surgen interrogantes en demasía, una de ellas es la siguiente: ¿se han realizado acciones que fomenten la participación de los ciudadanos en la política? Ya sea desde los gobiernos locales y las instancias federales, o desde la sociedad civil. Ciertamente los esfuerzos se han hecho presentes, pero quizás no han sido los suficientes o los más adecuados para que un porcentaje considerable de mexicanos sea partícipe de la toma de desiciones, de la implementación de políticas públicas o que coadyuve en los trabajos de otros colectivos sociales para lograr una mayor injerencia y conciencia social sobre lo que nos afecta como nación, y de la misma manera, lo que impulsaría el desarrollo nacional.

Un ejemplo claro de este involucramiento en la actividad política, es el joven legislador del estado de Jalisco: Pedro Kumamoto, un joven que rompió los paradigmas del escenario político mexicano, pues con tan sólo 26 años logró ganar un espacio de representación popular como legislador local, por la vía de las candidaturas independientes.

Kumamoto consiguió que los hombres y mujeres del distrito 10 de Zapopan fueran parte de sus propuestas, que en ellas se vieran reflejadas las voces y necesidades de los ciudadanos, dándole un giro de 180 grados a la forma tradicional de hacer política, y convenciendo a sus adeptos de que todos tenían que ser actores y no espectadores. Los caminos que eligió para dirigirse al triunfo, nos hablan sin duda del poder que construimos cuando nos involucramos en torno a un bien común, cuando somos arquitectos de la esencia real de la política. Hoy una de las frases que encabezan su labor como diputado es: “Ocupemos el Congreso”, y ocupar el Congreso, y cada espacio que lleve consigo la toma de decisiones fundamentales para nuestra nación, es lo que nos corresponde hacer.

Involucrarnos en la política no es sólo depositar nuestro voto cada 3 o 6 años, no es necesariamente militar en un partido político, ni mucho menos ser parte de las prácticas “políticas” que acarrean y compran la voluntad de la gente sin más interés que ganar. Ser actor de la política es ser conocedores y partícipes de nuestra responsabilidad como ciudadanos, es sumar fuerza a aquellos movimientos que buscan construir mejores realidades, es tomar decisiones conscientes estemos o no en tiempos electorales, es elegir a un candidato no por una despensa o cualquier otra dádiva, sino por sus capacidades y su compromiso social.

Es hora de que nos apropiemos de la política, desde cada posición, desde cada sueño; hoy por hoy cientos de activistas, colectivos sociales, jóvenes y adultos, nos demuestran con sus acciones que es posible transformar nuestro país, que la esperanza sigue viva en cada ciudadano que está innovando y que está convencido de que la verdadera política no es un negocio ni una fabrica de engaños, sino la búsqueda de mejores condiciones de vida para la comunidad, el consenso y el diálogo. Si dejamos que el desinterés y la indiferencia imperen, tendremos que resignarnos a seguir creyendo que estamos ante un tema que no es para nosotros, y a ver frente a  nuestros ojos un país que nos necesita y que nos dice a gritos que la política no es sólo para quienes gobiernan.


Imagen: http://m.adnpolitico.com/congreso/2013/01/30/la-camara-de-diputados-estrenara-130-automoviles-en-febrero

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