La política por otros medios no violentos

Por Brandon Ramírez

 

Recientemente, platicando con un amigo, recordé una crítica que Kenneth Minogue escribió en las primeras páginas de su libro “Politics: a very short introduction”, referente a la cada vez mayor tendencia a calificar cualquier acto de la vida humana como una declaración política; si todo es política ¿qué es lo político en realidad?

No se puede menos que concederle un fuerte grado de razón a su postura, pero tampoco puede obviarse el hecho que, desde muchas esferas de la actividad humana, que no son un lugar habitual para la política, se expresen con frecuencia declaraciones, actos u obras eminentemente políticas.

Quizá cada vez menos, pero durante siglos, los gobernantes recurrían, por ejemplo, a artistas, para que construyeran monumentos, edificios, pinturas, textos, etcétera, que enaltecieran ya sea a su propia persona o bien a su proyecto político… Ejemplo de esto último puede verse en ambos bandos durante la Guerra Fría, trascendiendo las esferas clásicas del arte a incluso subculturas, en esos entonces marginales, como el mundo de los cómics. 

Una amiga cercana al mundo del arte me señalaba hace tiempo que, desde su perspectiva, para llegar a ser un artista de reconocimiento nacional es necesario formar parte, o bien, relacionarse con actores importantes dentro de la política, tanto por los recursos, como por las oportunidades de difundir tu obra, que todo ello supone. Si bien es cierto que se puede lograr reconocimiento fuera de estas esferas.

Hay muchas formas de expresiones artísticas urbanas, como pueden ser, el graffiti, los diversos performances que podemos presenciar en distintas calles de nuestras ciudades, exposiciones fotográficas, o tradiciones culturales, como pueden ser las ofrendas, que se convierten en parte de un discurso político visual que busca ser posicionado, manifestado y compartido por artistas que sienten un nivel de compromiso que les motiva. No necesariamente contestatario o reivindicativo; también desde motivaciones en defensa del status quo y tradicionalista.

A la mente me vienen dos movimientos que se caracterizan por su contenido predominantemente político: el hip hop y el punk, principalmente en sus manifestaciones musicales (y ya mencioné el graffiti anteriormente como otro ejemplo visual, dentro del hip hop).

El primero, desde su origen, ha tenido un carácter de denuncia social, la búsqueda de reivindicación y toma de conciencia de problemas que las poblaciones marginadas sufren; el segundo, en sus últimos años, ha adoptado cada vez, banderas más cercanas a estas, producto de críticas al interior del mismo. El lema de vivir rápido y morir joven, con excesos y la agresividad que caracterizaron a muchas de sus vertientes en sus primeros años (producto también del contexto de su surgimiento). Encontró en sus mismas filas una respuesta crítica en el movimiento llamado “Straight Edge”, sin perder su carácter político.

Las banderas de lucha del movimiento contracultural punk se centraban, en un principio, a la individualidad, el rechazo de la cultura de masas y los dogmas incuestionables de los códigos sociales, que al igual que la característica asociación inmediata que se hace del movimiento con el anarquismo (el cual solo engloba a una corriente del mismo) son en esencia declaraciones políticas.

No deja de ser curioso que, dentro de una de las corrientes estereotípicas de este movimiento contracultural, tendiente a la radicalización de comportamientos y vida en excesos con drogas, surgiera un propio movimiento contracultural, que censuraba este estilo de vida y en cambio reivindicaba como verdaderas aspiraciones el vivir sin alcohol, sin tabaco y en general sin drogas, que son consideradas parte de los mismos elementos culturales que, se supone, deben rechazar.

En los años más recientes, corrientes cercanas a este “Straight Edge” han adoptado cada vez más distintas banderas de lucha, como la defensa a los derechos de los animales, al respeto del medio ambiente, y promoviendo un estilo de vida vegano, que es reflejado en sus canciones, y no son más que una extensión de la búsqueda de igualdad, no sólo entre los hombres, sino con su entorno, como lo han hecho desde sus espacios, los partidos verdes y algunos socialdemócratas en el mundo durante los mismos años (la segunda mitad del siglo XX hasta hoy); la misma lucha política expresada en distintos espacios.

En cuanto al hip hop, más específicamente en el rap, nunca se han perdido estas banderas, si bien es cierto que cada vez se han difuminado más; ya que se suele asociar el término a un género musical (que a veces ni siquiera incluye al rap) y no al movimiento cultural qué es en realidad, con su carga política.

Se le atribuye a Clausewitz la frase “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Siendo así, la cultura es uno de esos medios por los que se expresan las confrontaciones políticas, especialmente en movimientos como los aquí referidos, que ni por asomo, abarcan la totalidad de los mismos, pero que sirven como ejemplo de que, si bien no toda declaración expresada en cualquier ámbito de la vida humana es política, sí que todas estas son susceptibles de convertirse en ello.


Imagen: http://www.zonawificdmx.cdmx.gob.mx/alameda/images/portfolio/juarez.jpg

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