La pérdida de especies no es sólo un problema ambiental

Por Adriana Villa

 

Al escuchar la palabra extinción solemos pensar en aquellas especies icónicas que ya no habitan en la Tierra, por ejemplo, el tigre dientes de sable, el majestuoso mamut o los dinosaurios. Sin embargo, a lo largo de la historia han sido muchos los animales y plantas que desaparecieron y hoy sólo quedan registro de ellos en los museos.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), la extinción se define como la desaparición total de una especie en el planeta. Este hecho es natural, durante siglos se han presentado extinciones provocadas por fenómenos naturales, como inundaciones, sequías y actividades volcánicas. No obstante, en la actualidad la pérdida de flora y fauna se debe al impacto de las actividades humanas.

Para abordar el tema de la extinción que se vive hoy en día, hay que iniciar por reconocer que en el planeta habita una extensa biodiversidad. La comunidad científica ha descrito entre 1.7 y 2 millones de especies (tres cuartas partes de estos hallazgos son insectos) y cada año se descubren entre 16 mil y 17 mil nuevas formas de vida en el planeta. Por otro lado, aún faltan entre 5 y 30 millones de nuevas especies por investigar, es decir que sólo se ha descrito entre el 6 y el 29% de la naturaleza.

Pese a que las cifras pueden considerarse muy altas, actualmente se vive una de las extinciones más severas de la historia. En 2007 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó que se pierden cerca de 150 especies al día.

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En Latinoamérica, por ejemplo, de acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), se ha perdido en los últimos 40 años cerca del 83% de las poblaciones de peces, mamíferos, aves, anfibios y reptiles, este porcentaje supera al promedio mundial que es de 52%.

Esta situación ha llevado a los especialistas a definir una “crisis de la biodiversidad”, que significa la pérdida acelerada de la variedad genética de especies y de ecosistemas. Las causas responden al desgaste de hábitats, contaminación, especies invasoras, sobreexplotación, caza indiscriminada y cambio climático.

La desaparición de una especie tiene implicaciones ambientales, económicas, científicas y culturales. ¿Te imaginas la herida a la identidad cultural si llegase a desaparecer el águila real, nuestro símbolo patrio?

Los efectos ambientales se relacionan directamente con el equilibrio ecológico, cada especie tiene una función vital en el planeta, desde los pequeños animales que sirven de alimento para depredadores, hasta insectos capaces de polinizar grandes cantidades de flora, como las mariposas y abejas.

Por otro lado, la economía se ve mermada, ya que gracias a la presencia de recursos naturales, se pueden producir alimentos, construir viviendas, generar vacunas, desarrollar tecnología y, por supuesto, obtener oxígeno, agua limpia y suelo fértil.

La estética de los ecosistemas también se ve afectada, debido a que la diversidad biológica se expresa en especies con diferentes colores, cantos y plumajes. Sólo basta sumergirse a los océanos para maravillarse con la belleza de los corales o escuchar el canto de un ave en primavera.

Por otro lado, algunas comunidades llegan a considerar míticas algunas especies que son parte de su cultura y religión. En México, por ejemplo, ciertos grupos indígenas consideran al jaguar como un representante del poder, el valor, la muerte y la fertilidad.

Sin embargo, hay una importante razón para promover la conservación de todas las especies del planeta, corresponde a un valor ético por asegurar la existencia de cada animal o planta que habita en la Tierra.

Actualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cuenta con un inventario que enlista a las especies que se encuentran en riesgo de extinción, este conjunto es popularmente conocido como “libro rojo”.

El libro rojo tiene anotadas más de 17,000 especies amenazadas que incluyen plantas, mamíferos, reptiles y peces. Por su parte, México cuenta con la Norma 059, en la cual registra cerca de 2,600 especies en riesgo que habitan en el país.

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CONABIO afirma que se han registrado 127 especies como desaparecidas en el país, entre ellas la paloma de la Isla Socorro, el pez cachorrito Trinidad y la foca monje del Caribe.

¿Qué se puede hacer? Informarte y difundir.

Informarse sobre las diferentes especies que habitan México es el primer paso para la conservación de las mismas. Para cuidar y proteger hay que conocer.

El siguiente paso es difundir el conocimiento, entre más personas estén conscientes de la riqueza natural que existen en el planeta, más grande será el número de individuos deseosos de participar y actuar a favor de la biodiversidad.

Para trabajar a favor de la conservación, la denuncia es fundamental, en nuestro país, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) es la autoridad competente para actuar a favor da protección de la biodiversidad, en su página oficial, www.profepa.gob.mx, se pueden hacer denuncias. Recuerda que al sumar esfuerzos se resta el número de especies en peligro.


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