La otra familia

Por Aarón Rojas

 

Las dos provincias del bien y del mal, que componen la doble naturaleza del hombre.

Robert Louis Stevenson

 

Siempre que se da la oportunidad se nos recuerda cual es la función de la Familia en la sociedad y cómo coadyuva ésta en su buen funcionamiento.

Es cierto que esta institución es innegablemente una célula inamovible de la sociedad, en la forma en que se ejemplifique, pues ésta ya no tiene una estructura única, constantemente se apunta hacia este lugar donde nos encontramos como personas y por ende, donde tendremos el apoyo perenne de quienes la conforman.

Más, ¿qué sucede cuando esta idea se desvanece ante la diaria implementación del ejercicio familiar?, es aquí cuando nos damos cuenta de la existencia de “La otra familia”.

¿Qué es la otra familia?

Bueno, ésta es el contradiscurso, la sombra, aquella que sólo se ve a través del ojo invisible, es pues, ese secreto a voces que nadie se atreve a contar.

Es esa familia, la misma a la que nos unimos a través de un lazo sanguíneo, la que ante todos se muestra exitosa y realizada pero tras bambalinas tiene una contra parte oscura que de conocerla, poco tendría para compararle con su otra yo.

Muy como lo narra Robert Louis Stevenson en “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”, esta otra familia se puede ver sólo cuando se le provoca, normalmente esto sucede, igual que en la novela, de forma muy íntima así que nadie sospeche ni se percata de la traumática transformación.

No obstante que se esfuerce en esconder sus pasos, si ponemos atención, es posible encontrar morusas de su ruin y cotidiano actuar.

Estas prácticas impalpables de tan cotidianas que pueden llegar a ser, se distinguen por su característico cariz ambivalente.

Es aquella que nos educa en un entorno familiar puritano y desinteresado para luego ser sus miembros los que nos atacan a la menor oportunidad. La misma que chantajea con aquello que se nos ha dado diciendo ser de buena Fe. Es la misma que se espanta con el dolor y la miseria ajena solo para voltear el rostro incapaz de contemplar la propia. Y quien lastima con el látigo invisible de la indiferencia a quienes se ha llamado a protegerse bajo su manto protector.

Es curioso darse cuenta de la antítesis invisible en el actuar cotidiano de la familia, cualquiera que sea, pues sin duda resulta difícil querer aceptar algo tan fuerte como esto, si lo meditamos con tranquilidad podemos percatarnos del cómo hemos normalizado a esta otra Familia, al grado de resultar imposible el percibir cuando la Familia solo intenta dar una reprimenda justificada a alguno de sus congéneres y cuando ésta se transforma en la otra Familia que puede llegar a ser patricida si considera que así se respetará la supuesta cohesión familiar.

Idéntico a la novela del escritor escocés, la gente sospecha pero calla, lo viven diariamente en sus vidas, en su diario acontecer, e ignoran el hecho de convivir día a día con algo que se niegan a reconocer.

Para los jóvenes los efectos van más allá de lo que probablemente se pueda creer, pues se nos pone en una posición complicada entre el creer en algo que constantemente se nos marca como cierto, mientras combatimos un doble discurso.

En este discurso, se nos reclama que a pesar de ser nosotros el futuro, del que se esperan grandes cosas, no tenemos la capacidad de lograrlas, contamos con poca experiencia para dar batalla a los retos que se nos pide realizar, y al final esa obra futurista que se sostiene gracias a los valores inculcados décadas atrás, se ve derruida por los mismos que supuestamente depositaron su confianza en nosotros.

Al arrebatarnos la capacidad creadora y edificadora de una mejor sociedad a manos de esa otra Familia, nos dejan a la deriva sin podernos acercar a ese futuro del que tanto se nos habló pero estamos vetados de llegar, temerosos de que al arreglar los imperfectos que se han ido dando décadas atrás les desplacemos y podamos continuar aún sin su apoyo.

La otra Familia es muy astuta al momento de querer esconderse tras la fachada del amor filial e incondicional, nos ofrece abrigo, refugio y techo para soportar las inclemencias externas, pero basta con la menor inconformidad dada por parte de alguno de sus miembros, sobre todo jóvenes, para que muestre sus verdaderas intenciones. Pues son los mismos miembros que se fragmentan por aquello que se legó y mientras se pelean por un botín que no les costó trabajo juntar, te dicen que son ellos los únicos que pueden salvarte de la miseria que existe en el mundo.

Tal vez haya quien piense lo contrario, quien se niegue a sí mismo el hecho de ver a esa otra Familia, pero allí va a estar, oculta entre las sombras de la indiferencia y el amor filial.

Pues todos tenemos otra Familia a la que regresamos siempre a pesar del dolor y sufrimiento que ésta nos causa y que aun así no podemos combatirla, pues muy en el fondo sabemos que ésta siempre encontrará la manera de sobrevivir y volver de la manera menos pensada.


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