La nueva moda millennial que podría cambiar el mundo

Por Fernando López Armenta

Piensa un momento en todos los objetos que están en tu habitación. Seguramente lo que evocas es la imagen de tu computadora, tu teléfono móvil, sus respectivos cargadores, las prendas de ropa que usas frecuentemente, algunos pares de zapatos y tal vez algunos artículos personales más. ¿Qué hay acerca del resto de los objetos de esa habitación? El ukulele que dejaste olvidado tras 4 intensivas clases en YouTube, la camiseta que te compraste de recuerdo el año pasado en Acapulco, tu libreta de dedicatorias que hiciste en la secundaria, el centro de mesa que ágilmente apartó tu mamá en el bautizo de tu vecino y una vasta cantidad de objetos permanecen en algún sitio de tu casa a pesar de que actualmente no cumplen ninguna función ni te aportan ningún beneficio. Al contrario, muchas veces esta cantidad inmensa de objetos terminan en el fondo de tu armario o en ese rincón de tu casa que está destinado a almacenar las cosas que nadie usa pero que nadie se atreve a tirar porque es mejor guardarlos “por si acaso”, “por si un día hacen falta” o “porque tiene valor sentimental”.

Vale. Seguro que hay cosas que pueden llegar a servir algún día, es factible considerar que hay ciertos objetos que nos traen recuerdos agradables, pero seamos realistas, ¿en algún recóndito sitio de tu corazón verdaderamente crees que vas a utilizar la montaña de revistas que has acumulado en los últimos años y tus tazos de Pokémon?  Sin duda alguna este escenario podría ser la peor pesadilla para un minimalista y a continuación entenderás por qué.

El minimalismo surgió en la segunda mitad del siglo XX como una corriente artística que buscaba eliminar los elementos excesivos en diferentes obras de arte y conservar únicamente los componentes importantes. En los últimos años la generación millennial ha trasladado esta concepción para transformarla en una filosofía y un estilo de vida que, con un poco de optimismo, podría generar un impacto positivo en el mundo a corto plazo. La definición del minimalismo, en este contexto, es simple: Sé feliz con lo que es verdaderamente importante. A diferencia de muchas modas y “challenges” millennials, el minimalismo podría representar el inicio de un verdadero cambio en la sociedad como la conocemos. Este estilo de vida surgió como oposición al consumismo injustificado que amenaza gravemente el equilibrio de los ecosistemas y que juega un papel importante en diferentes problemáticas sociales, de ahí su relevancia y su creciente popularidad.

El minimalismo considera que se puede ser feliz sin la necesidad de consumir desmedidamente y conservando únicamente aquello que ofrece una utilidad real para las personas. Los minimalistas consideran alarmante el daño ecológico que se realiza al extraer recursos naturales para abastecer la demanda de objetos por parte de la población mundial. La era consumista ha fomentado que las personas tengan un deseo insaciable de adquirir y almacenar objetos, aparentemente siempre es necesario comprar un par de zapatos más, un teléfono móvil más tecnológico, un auto más rápido, una casa más grande, una gabardina más “fashion” y, como era de esperarse, un reloj que haga juego con todo lo anterior. Tenemos tanto anhelo de comprar que incluso hemos comprado la idea de que todos estos objetos son NECESIDADES y que prescindir de ellos no figura como una opción. Por el contrario, el minimalismo invita a las personas a comprar de forma responsable y no debe ser confundido con despojarse de todos los bienes materiales y convertirse en una malograda imitación de monje tibetano.

Este estilo de vida tiene dos premisas centrales: la primera es liberarte de todos aquello que no tiene una utilidad real, suelen afirmar que si tienes un objeto que no haz utilizado durante el último año quiere decir que en realidad podrías deshacerte de él. La idea de hacer esta “limpieza” tiene un doble beneficio, ya que estos objetos que no utilizas podrían ser donados a instituciones de beneficencia, podrían ser llevados a centros de reciclaje o bien, podrías venderlos y tener un dinero extra. En la segunda premisa del minimalismo se invita a las personas a hacer compras conscientes y por supuesto, a gastar menos en objetos y gastar más en experiencias. Esta propuesta podría crear la falsa ilusión de que las compras conscientes implican gastar menos dinero y muchas veces no es así. Un minimalista, por ejemplo, preferiría comprar unos audífonos caros de buena calidad en lugar de comprar unos audífonos de dudosa procedencia que seguramente serán obsoletos en un par de semanas.

Quienes han probado este estilo de vida aseguran que el tener menos posesiones indirectamente ha hecho su vida más sencilla, más ordenada y ha cambiado su percepción sobre el futuro y sobre el trabajo. Sin duda, el minimalismo ofrece alternativas que valdría la pena reflexionar. Acumular experiencias en lugar de pertenencias, al menos en principio, suena como algo plausible y podríamos quedar gratamente sorprendidos después de implementar en algún grado estas propuestas. En la época de tendencias millennials en la que afortunadamente/infortunadamente vivimos, podríamos contribuir a generar una moda que promueva el consumo con mesura y que, además, sea amigable con el medio ambiente.


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