La normalización de la violencia en el lenguaje

Por Aura Pérez

 

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras.
Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos.
Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos.
Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.”
Mahatma Gandhi

Por mucho tiempo los seres humanos estuvimos entregados al movimiento que emana nuestro cuerpo para poder comunicarnos y coexistir, no obstante, hoy en día pareciera casi imposible poder concebir al hombre sin el lenguaje. Hablar del momento exacto de su aparición resulta complejo, las teorías son terriblemente contradictorias, y aunque lográramos leerlas todas, jamás llegaríamos a una premisa única que pudiéramos universalizar para respondernos cómo surgió el lenguaje, de dónde vino y qué lo originó, que sin duda siguen formando parte de los cuestionamientos tan discutibles de la existencia humana.

Sin embargo, hay algo que si podemos concluir de todo esto, y es el hecho que nos lleva a entender el lenguaje como la pieza clave para salir del estado indómito en el que nos encontrábamos. Para destapar todo este maravilloso mundo que ahora conocemos, y en el cual cada palabra juega un papel muy importante, permitiéndonos crear y transformar todo lo que permea el pasado, el presente y el futuro, a través de diversas y múltiples interpretaciones de todo lo que nos rodea y podamos imaginar, reflejando esfuerzo y tiempo para configurarlo.

También es naturaleza, historia, ciencia, tecnología, poesía, arte, conocimiento, cultura y todo eso que nos hace transcender en el tiempo, permitiendo introducir o incursionar múltiples y diversas afirmaciones e interpretaciones que expliquen sucesos de nuestra cotidianidad, a través, de vincularlos unos con otros.¹

Hoy en día nos encontramos en un contexto de violencia, corrupción, drogas, armas, individualización, impunidad, ausencia de Estado de Derecho, ruptura de tejidos sociales, modernidad, pobreza y carencias; que generan la pretensión de usar el lenguaje como la pelanduzca que desvista y guíe nuestros más bajos e irracionales pensamientos, llevándonos al uso irresponsable de las palabras. Con esto me refiero al uso que le hemos dado al lenguaje, en el que quizá todos hemos caído más de una vez, ese lenguaje que son palabras, de las que sabemos poco o casi nada, de las que escasamente nos preguntamos de dónde vienen, quién las acuña y para qué nos sirven, pero que, estructuran ese discurso de odio que violenta, discrimina, divide y que se reproduce a diario en nuestra vida.

Ejemplificaré lo anterior con una observación que he tenido a lo largo de los años, con el acceso a las redes sociales. Por un lado, el uso de la palabra “chairo”, un insulto clasista que impulsa Tamara de Anda, para referirse “[…] a los bellos y seguros de sí mismos, que vestían mugroso […] porque parecían falsos elitistas, a pesar de proclamarse de izquierda e ir a las marchas con sus mejores ropas […],² que hoy en día se ha generalizado para hacer alusión a los seguidores de movimientos populares, adquiriendo múltiples y diversos significados. Por otro lado, el uso de la palabra “feminazi”, término que busca universalizar despectivamente a las simpatizantes con la lucha por la equidad social, política y económica entre los sexos, mejor conocida como feminismo. El cual fue popularizado en Estados Unidos, por el locutor Rush Limbaugh, para hablar de las mujeres que defendían el derecho al aborto, aseverando que: “una feminazi es una mujer que cree que lo más importante en la vida es asegurarse de que se practiquen tantos abortos como sea posible”³. Utilizo este ejemplo, porque creo que representa perfectamente el uso irresponsable de las palabras. Ese uso que no contempla al otro, y mucho menos su implicación, que lleva a la normalización de la violencia en la cotidianidad, con la justificación llamada moda. Lo cual nos hace olvidar todo eso de lo que hablábamos en un principio, que nos ha permitido configurarnos y que contradictoriamente nos ha llevado a no asumir el peso de la nueva civilización.

Palabras como estas encontramos muchísimas más, que también suelen usarse constante e indefinidamente, y por tanto, reproducirse masivamente en discursos violentos en las redes sociales todo el tiempo sin parar, que repetimos sin informarnos, conociendo poco de ellas. Que desde luego trastocan nuestra vida cotidiana, pasando de las palabras a los hechos, actitudes, acciones y posturas que poco colaboran a la proximidad de unos con otros, para la construcción de un mundo mejor.

En este México caótico, donde se nos reprime todo el tiempo, y se nos hace obedecer un sinfín de reglamentaciones sin sentido, que solo benefician a unos cuantos, es evidente que queramos explotar y busquemos ese momento para desbordar todo el coraje que sentimos, a través, de las palabras. Es como si la llegada a todo esto que desconocíamos estuviera colapsando y sólo encontrara salida volviendo al estado indómito en el que nos encontrábamos, sin saberes, ley, derechos y en general, con poco entendimiento de las cosas, y aclaro no es que este mal. Pero quizá habría que preguntarnos dentro de todo, qué sucedería si volviéramos a ese estado indómito, con la diferencia de lo que esta vez implicaría tener lenguaje; sería completamente diferente o tan solo sería una representación con vestimenta distinta del ahora.

Quizá simplemente debemos asumir que no hay paso atrás, que la verdadera salida que tenemos es el ser conscientes de lo que llegar al lenguaje implica, generando una brecha entre el antes y el después de él, aunque suene a superación amorosa. Pues será lo que nos permita comprender su importancia y a su vez, nos hará responsables y conscientes del uso que debemos darle, pues llegar a él ha sido realmente un milagro, y aunque probablemente nunca tuvo un objetivo definido, lo que trajo consigo fue progreso y desarrollo para todos sin distinción alguna, que indignamente hoy estamos utilizando como herramienta para otros fines y caminos, desaprovechándolo y alimentando día a día el uso y la invención de nuevas palabras para menospreciar, etiquetar, discriminar y reproducir en general discursos violentos. Compuestos por palabras con las que creamos cierta identificación, pues éstas pareciera que reclaman su resvestimiento en la sociedad, reflejando el constante temor a los ideales de los demás.

Me parece evidente que debemos erradicar esta práctica, pero ¿cómo podemos lograrlo? Será que “el lenguaje ha creado al hombre más que el hombre al lenguaje”4 y que asumirlo, es ser conscientes de la importancia y la maravilla que es. Que a su vez refleja la responsabilidad que tenemos todos dentro del contexto efímero del país en el que habitamos y el cual todos hemos construido a través del lenguaje. El mundo necesita crítica y ésta no podemos lograrla sin el lenguaje. Es por eso que debemos hacer parte de nuestra vida cotidiana su uso responsable que no tiene que ver con dejar de sentir o desistir de percatarnos de la realidad muchas veces precaria en la que nos encontramos, sino por el contrario, debemos aprovechar esos impulsos indómitos de ataque, maldición y burla, para generar conciencia en los otros y en nosotros mismos, viendo una oportunidad para transformar nuestra realidad con su correcto uso. Con todo esto me refiero a intentar separar a las personas de sus conductas, dejar de usar generalidades y comenzar a mirar y escuchar a los que nunca nos atrevemos.

Encontrar las múltiples coincidencias que tenemos unos con otros, ambicionando dejar abierto un espacio para dialogar entre todas las personas, para recuperar los ideales de las múltiples batallas que se han dado en busca de la autonomía, la libertad, la independencia, el respeto a la tierra y a nuestros derechos, buscando el desarrollo y la unión para el bienestar colectivo de nuestro país; hará que surja la avidez de informarnos, para revolucionar nuestros pensamientos y expresarnos sin miedo al otro. Siendo parte de la transformación constante que vive el lenguaje, construyendo palabras que nos hagan tener una identidad colectiva, con la idea de que un mundo mejor es posible si lo construimos todos juntos aceptando las diversidades sin desasosiego. Al expresarnos con palabras que nos acerquen a la disertación, que busquen la acción la unidad, la equidad y la inclusión, en la transformación constante propia y colectiva, a través de la crítica, usando como herramienta el uso adecuado del lenguaje.


¹Haverlock, Eric. (1996). La musa aprende a escribir. Reflexiones sobre oralidad y escritura desde la antigüedad hasta el presente. España. Paidós. p. 47

² Villareal, Rogelio. (2014). “Los chairos”. mayo 20, 2016, de Milenio Sitio web: http://m.milenio.com/firmas/rogelio_villarreal_2/chairos_18_427337301.html

³ Limbaugh, Rush. (1993). The Way Things Ought To Be. New York. Touchstone. p. 192–93. Traducción mía.

4 Monod, Jaques. (s.d.). Frase de Jacques Monod. mayo 23, 2016, de Akifrases Sitio web: http://akifrases.com/frase/176413


Imagen: http://www.eschaco.com/vernota.asp?id_noticia=3095

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