La noche en que no durmió el dinosaurio

Por Aarón Rojas

Quisiera contextualizarlos, para aquellos que aún creen esa mentira que cantan algunos, donde refieren que lo que pase en la política y el Gobierno en general, pero para este caso, particularmente del mexicano, no les es de incumbencia y aún menos les afectan las decisiones tomadas en las altas esferas de la gobernabilidad del mencionado país latino.

Luego de acabada la guerra revolucionaria vivida en México entre 1910 a 1920, se logró enquistar en el poder de ese país, un grupo de personas (hombres todos) que se nombraban y veían a sí mismos como herederos de la Revolución, con mayúsculas, y por tanto de sus principios y valores, dejando de lado todo aquello que no fuera resultado de esta guerra que dejaría un gran período de inestabilidad política y social.

La inestabilidad se terminaría con la muerte del caudillo revolucionario y Presidente mexicano Álvaro Obregón, quien pensaba reelegirse por segunda vez y al que todos veían como el líder más importante de la posrevolución. Sin embargo se había creado un ambiente muy volátil, luego de los distintos ataques desde el poder que para entonces encabezaba Plutarco Elías Calles.

Los resquicios de dichos conflictos, terminaron cobrando la vida de Obregón y dejando a Calles como el único caudillo vivo y con la fuerza suficiente para poder liderar, en unión, los grupos existentes en todo el país que se sentían parte de la Revolución encarnada en los Gobiernos federales. No tardaron en darse cuenta, los miembros de la clase política, a quien habría que rendirle cuentas desde ese momento y para poder homogeneizar a todos ellos se tomaron dos decisiones que cambiarían el mapa político y la Historia de México para siempre.

La primera de ellas fue aceptar el autonombramiento de Plutarco como “Jefe Máximo de la Revolución” (JMR), ¿Muy aterrador no es cierto?, y la segunda, que iba estrechamente ligada a la primera, fue el crear un partido político donde se pudieras aglutinar todas las facciones que apoyaban a la Revolución. Un lugar donde se pudieran encontrar a los verdaderos caudillos comprometidos con las caudas de justicia y modernización nacional. Pero que además, le fueran leales al JMR, que era lo más importante. Se creó entonces el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Y así pasaron prácticamente diez años, en los cuales se nombraba a un jefe del Ejecutivo, el cual seguía órdenes, al mismo tiempo que se buscaba replicar en la sociedad el discurso de la “Revolución consagrada” y lo terrible que había sido México antes de poder llegar a la estabilidad y paz que ofrecía la era posterior al movimiento revolucionario.

Luego de perpetuada la idea revolucionaria en el imaginario colectivo, y cuando todo parecía ir mejorando hacia la paz y el progreso nacional. Un nuevo cisma se hizo presente en el partido oficial. Un General con ideas socialistas llego al poder mexicano, pues creían que sería un buen títere para continuar con la labor hecha años atrás, sin embargo todo salió mal. El General Cárdenas reestructuro al partido, renombrándolo Partido de la Revolución Mexicana (PRM), nuevamente la idea revolucionaria, exiliando a Calles e instaurando un nuevo modelo de pensamiento que sin embargo conservaría la Revolución como eje central.

Mantuvo el poder, con un discurso donde se ufanaba de mantener la “estabilidad nacional y la democracia”, permitiendo que la fuerza de la única oposición real en ese país hasta el momento, un partido que se asumía de “Acción y no de discusión”, apoyado por líderes político y académicos, como José Vasconcelos, creciera y se mantuviera como una pantalla democrática ante un mundo que sufría una nueva guerra mundial y una América Latina sometida bajo dictaduras militares.

No sería hasta 1989 cuando ese partido revolucionario sería derrotado por primera vez por su oposición, misma que había crecido de manera consistente desde su creación y era vista como la única vía democrática y opción de cambio. Idea que sería conservada hasta el año 2000 cuando perdería la Presidencia de su país por el mismo grupo que había dotado de alternancia a México, y lo seguiría haciendo de manera consecutiva en los años siguientes.

Sin embargo había lugares donde dicha democracia no había llegado, ni llegaría en muchos años, sitios donde el poder de dicho partido, no solo se había enquistado, sino también, había hecho de esos territorios, lugares propicios de donde extraer sus nuevas personalidades pertenecientes al mismo régimen antiquísimo, para postularlos como candidatos a puestos federales y secretarías de estado. Así pues, creían que su poder sería suficiente para poder mantener la estabilidad de su partido y con ello poder continuar en el poder.

Pero no contaban con algo, este partido, que se había convertido en un gran dinosaurio incapaz de ser derrotado en muchos lugares, había tenido un hijo, que inconforme con las decisiones que se habían tomado, donde no le daban jugada ni participación, opto por salirse y crear un partido nuevo que se autonombraba con “revolucionario y democrático”, pero solo buscaba el poder.

Al no obtenerlo de forma fácil, comenzó a coquetear con facciones más radiales y que contaminaron de un radicalismo extremo a dicho partido. Este hijo del dinosaurio, tendría un hijo propio, que sería extremista y, como le decimos en México, muy rojo (de extrema izquierda).

Así entonces ahora el primer partido revolucionario ya no tendría un solo competidor, sino tres. Pero un nieto no se lo pondría fácil.

Cuando llegó el momento de disputarse electoralmente el nido donde por tantos años había crecido y amamantado a sus crías, este dinosaurio uso todas sus técnicas para desprestigiar a sus oponentes, aunque logró hacerlo con algunos no lo pudo con todos. Y aunque ganó, lo haría por un margen muy pequeño, esto lo haría reflexionar sobre su futuro y el tiempo que le quedaba de vida.

Por primera vez en casi cien años, el dinosaurio no dormiría tranquilo, pensando en la amenaza que había creado y los retos que tendría frente de sí más adelante.


Imagen: http://malinche.mx/wp-content/uploads/2015/04/MCH_PRI-DINOSAURIO.jpg

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