La mujer ante la persuasión social

Por Eva González 

 

Recientemente veía un programa estadounidense en el que la conductora entrevistaba a una mujer con un importante cargo en el gobierno de los Estados Unidos, al comentar que tenía cuatro hijos, la conductora (bien conocida por su postura feminista y simpatizante del partido demócrata) le preguntó cómo hacía  para lograr el equilibrio entre su vida profesional y personal, refiriéndose al cuidado de los hijos. La entrevistada reaccionó de una manera muy atinada a mi parecer, respondiendo que, aunque su esposo también trabajaba en el gobierno, a él no le hacían la misma pregunta cuando lo entrevistaban.

En efecto, hasta esta conductora, teniendo un criterio tan amplio, cayó en la trampa en la que cae la mayoría de la gente, asumir que la función del cuidado y crianza de los hijos recae en la mujer. Y así es, cuando un hombre dice que tiene hijos, no se le cuestiona acerca del equilibro entre su vida profesional y su rol como padre. De la misma manera, cuando se trata de personas solteras, no se les hacen los mismos cuestionamientos a hombres y a mujeres acerca de sus planes de vida.

Desde muy pequeños se nos comienza un condicionamiento a través del juego, mientras que a los niños les regalan carritos o figuras de acción, a las niñas se les dan muñecas a las que tienen que cuidar, y cocinitas y utensilios para jugar a la comidita, porque ese es el rol que tradicionalmente está dispuesto para la mujer, el cuidado del hogar y los hijos.

Debo confesar que desde pequeña odié los roles predeterminados, en especial el de la madre y esposa, no me gustaba jugar con muñecas y me ponía los pelos de punta que siempre me estuvieran diciendo que un día habría de tener hijos y marido. Así que desde que iba en la escuela primaria me dispuse a contradecir tal discurso. En la actualidad me encuentro con gente que sin preguntármelo siquiera, asumen que como tengo útero, un día habré de convertirme en madre, lo cual encuentro desagradable por toda la carga cultural y social que implica tal afirmación.

Hoy me encuentro en un momento de la vida en que las mujeres de mi edad, o incluso más jóvenes, están casándose y teniendo hijos. Como esto no ha estado nunca en mis planes, cuando le he llegado a preguntar a alguna joven si tiene pensado hacerlo y me contestan con un sí casi automático, me llama mucho la atención y me hace reflexionar acerca de qué tanto se trata de un comportamiento condicionado por la sociedad y qué tanto hay de concienciación por parte de las mujeres al tomar la decisión de entrar en el rol.      

En países de primer mundo como Alemania, Canadá o Australia (por mencionar algunos), la tasa de natalidad ha bajado considerablemente, de tal manera que los gobiernos han implementado programas que incentivan la reproducción con el fin de que su economía no sufra los efectos de una población envejecida en el futuro. En estos países la maternidad y paternidad ya no son prioridad en la vida de las personas, sin embargo, en México y Latinoamérica la maternidad se privilegia a un nivel cultural. La madre es ese ser abnegado lleno de amor que está dispuesto a cualquier cosa con tal de proteger a sus hijos, no existe figura más digna de respeto que la madre, por eso al mexicano le duele tanto que se ofenda a su mamá. Este es un tema también muy interesante, pero lo abarcaremos más ampliamente en posteriores publicaciones.

El punto aquí es la preponderancia que se le da al rol de la mujer en la sociedad, porque a pesar de que hoy tenemos a figuras muy importantes ocupando puestos de gran responsabilidad en los medios de comunicación, las empresas y el gobierno, seguimos dándole más importancia a otros aspectos.

Creo que es hora de que se ponga sobre la mesa, y abiertamente, el cuestionamiento acerca de la maternidad, porque siempre se le habla a la niña y a la mujer joven acerca de lo hermoso que es concebir, dar a luz y tener a un ser al cual amar y proteger toda la vida, pero nunca se nos habla acerca del padecimiento y las implicaciones de este proceso.

Recientemente se publicó en el periódico El País el resultado de un estudio realizado por la socióloga israelí Orna Donath acerca del arrepentimiento de las mujeres por haberse convertido en madres (en Israel). Fue más de una veintena de mujeres que se sinceraron acerca de su arrepentimiento. Esto no significa que sean malas madres o que no quieran a sus hijos, lo que sucede es que la sociedad las condicionó para que asumieran este rol. Ser madre (o padre) es una decisión irreversible, por eso es tan importante una profunda meditación al respecto.

La cuestión es que la cultura mexicana nos sigue condicionando de esta manera, de tal modo que una mujer soltera y sin hijos sigue siendo vista como una rareza o conmiserativamente. Las decisiones de estudiar, casarse, trabajar, tener hijos, vivir sola, vivir en unión libre, irse a otro país, etc., deberían tener que ver más con metas que con obligaciones. Y si nos ponemos a meditar acerca de la situación que se vive a nivel nacional, definitivamente deberíamos priorizar nuestras metas (hombres y mujeres).

Tenemos que aprovechar el momento privilegiado en que nos tocó vivir porque hoy tenemos libertad, como nunca antes, para tomar las decisiones acerca de nuestra vida. Pensemos qué es lo que realmente queremos, por qué, cuándo, cómo y para qué. De esto depende que en un futuro nos sintamos satisfechos con nuestra vida.


Imagen: http://www.roastbrief.com.mx/2016/03/mujeres-fuera-del-pais-son-mas-libres-mexicanas/

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