La misión de los vencidos

Por Mónica Vargas

“Revelación y asombro para los europeos de los siglos XVI y XVII, fueron las crónicas, noticias y las relaciones de los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo”. Así es como se nos presenta La visión de los vencidos, una de las obras más importantes para quienes tenemos la encomienda de conocer nuestra historia para no repetirla; y también de quienes tenemos la responsabilidad de argumentar por qué la culpa no es los tlaxcaltecas.

Este tipo de libros que nos llevan a un viaje temporal y espacial me remiten no solo a la importancia de la literatura como el arte de inmortalizar momentos, sino también de la relación con otras áreas como en este caso es la historia, sociología y la antropología. Aún en nuestros días nos seguimos preguntando los porqués de muchas cosas y gracias al trabajo de investigadores, traductores e incluso teólogos es que podemos tener una idea de la cosmovisión de nuestros antepasados y el de culturas aledañas.

Diecisiete capítulos son suficientes para darnos una idea de la revolución intelectual que hubo en el mundo indígena con la llegada de los españoles. A partir del primer capítulo “Presagios de la venida de los españoles” que funciona a manera de introducción, nos adentramos en un mundo que verdaderamente no es ajeno a nuestra realidad, a nuestra zona cómoda. Un lenguaje del que seguimos siendo parte y tradiciones de las que aún podemos aprender. En este primer capítulo nos damos cuenta de que los indígenas creían fielmente que sus dioses les enviaban señales cuando los españoles llegaron y parece sensato hasta hoy día, la llegada de hombres como pertenecientes a otra especie física y psicológicamente; a quienes tienen que obedecer porque es la única forma de salvarse y de salvar a los suyos.

Moctezuma ocupa cargos muy importantes en este texto: comandante, líder, amigo, traidor… pero traidor de sí mismo porque ante cualquier convicción con sus creencias, uno no hubiera podido hacer algo más. He aquí donde se culpa a los tlaxcaltecas, en una situación de conflictos internos donde derrocar a los aztecas era lo más importante y los aliados españoles fungirían únicamente como eso: como aliados, como los invitados a rendir revolución a un Tenochtitlan del que pocos se acordaban.

Probablemente “La matanza en el templo mayor en la fiesta de Tóxcatl” y “La noche triste” son de los textos más nostálgicos que puede haber para nuestra cultura.

Los indígenas tuvieron que rendirse al poder sin poder expresar su inconformidad, su reclamo. Desde la época de la colonia como sociedad hemos tenido que pagar un precio alto por defender la libertad de expresión; los invasores llegaron a imponer dogmas religiosos y reglas culturales completamente ajenas a las locales. A causa de la poderosa arma del miedo y a la violencia extrema lograron modificar pero jamás erradicar por completo la cultura de los nativos.

Juan Villoro acierta en afirmar que para nosotros como mexicanos es un gusto saber que somos un gran territorio “lleno” de recursos naturales y culturas milenarias, uno de los más hermosos países del planeta, poblado por gente solidaria, alegre, trabajadora… explotada y sometida. México como muchos lugares ha tenido que crecer enfermo y reprimido, lleno de amenazas desde los sacrificios en la antigua Tenochtitlan, hasta la llegada de los españoles, las dictaduras y el autoritarismo gracias a la tradición conservadora y la ignorancia de todo un pueblo.

La religiosidad del mexicano fue factor inherente en la conquista de la Nueva España, un pueblo hundido en su culto a los dioses no podía más que aceptar cualquier señal inesperada que ellos consideraran divina. Sin embargo, la conquista no se dio de una sola manera, no fue un hecho intrascendente, fue un proceso por el que seguimos pasando, un lapsus de identidad profana, fuimos conquistados física, moral y espiritualemte:

La conquista militar significó el abatimiento de su vitalidad, los indígenas se convirtieron en sirvientes de los españoles. Desde ese momento dejaron de ser dueños de sus tierras y de su propio destino para adentrarse a una era de cambios y pérdidas.

La conquista espiritual fue la ruptura que se tenía con sus dioses mitológicos, al ser amenazados de muerte para no volver a practicar sus creencias, las cuales para el indígena era lo más sagrado, trayendo el español una religión nueva  impuesta a sangre y fuego, devastando aún más el ánimo prehispánico.

El mestizaje surge de la violación de mujeres indígenas, lo cual dio como resultado muchos niños que nacieron únicamente bajo la protección de la madre, pero rechazados por el resto de la sociedad al no pertenecer a una sola raza.

José Emilio Pacheco revela que hasta 1959, cuando por primera vez el libro, ya tantas veces reeditado, el único testimonio difundido sobre la Conquista era la crónica victoriosa de los propios españoles. Miguel León-Portilla tuvo el improbable acierto de organizar textos traducidos del náhuatl por Ángel María Garibay para darnos La visión de los vencidos: la imagen que los indios de Tenochtitlan, Tlatelolco, Tezococo, Chalco y Tlaxcala se formaron acerca de la lucha contra los conquistadores y la ruina final del mundo azteca.

Relatos de los presagios que anunciaron el desastre, descripción del avance de Cortés, crónica de la batalla heroica de los antiguos mexicanos en defensa de su cultura y de su misma vida, elegía de una civilización que se perdió para siempre, gran poema épico de los orígenes de nuestra nacionalidad, Visión de los vencidos es ya un libro clásico y una obra de lectura indispensable para todos los mexicanos.


Imagen: https://lahistoriamexicana.mx/virreinato/conquista-de-mexico

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