La lista de año nuevo

Por Ale Sánchez

Para algunos sigue siendo una sensación extraña eso de haber llegado a una era tan de “ciencia ficción” como la actual. Decir “año nuevo 2018” entre los que tenemos más de la veintena de edad parece surrealista. Nuevos modelos de celulares saldrán a la venta, el dólar seguirá su angustiosa fluctuación, los candidatos independientes de todos los partidos brotarán como margaritas y algunas series de televisión lanzarán nuevas y más adictivas temporadas.

En casa las familias se llenan de emoción con la cena, la reunión, el jolgorio. Muchos haremos un poco a la carrera esa mágica lista de propósitos que, si de verdad le ponemos empeño, podremos cumplir o al menos parcialmente, aun si evitamos el inflado precio de las uvas y el típico atragantamiento. El chiste es que nuestra lista sea objetiva aunque conserve un toque soñador, apenas lo suficiente como para llegar un poquitín más allá de lo que nosotros mismos creíamos poder.

También habrá quienes teman hacerla o de plano no les pasará por la mente, sin que eso los exima de tener propósitos (planes, iniciativas, ideas, intenciones, como le llamen) e intentarlos en determinado momento del ciclo que comienza.

No obstante, hay cosas que Sí o Sí, debemos empezar a acomodar en el nuevo calendario y procurar conservar como hábitos para la vida:

1.- Cuidar la salud: física, mental, dental; basta de ponerle etiquetas desagradables y pesadas como “bajar de peso, comenzar la dieta, comida de conejo…”. Mejor llámalo “enriquecer mi alimentación, cuidar mi cuerpo y mi mente, mantenerme saludable, tener actividades recreativas que además eliminan el estrés y proporcionan bienestar”. Ok, ese nombre es larguísimo, el asunto es interiorizar el mensaje de que se trata de algo bueno que te hará más feliz. Menos comida chatarra, frecuente actividad física (con el debido cuidado), chequeos preventivos, ejercitar la mente, a todos nos va. Y mejor empezar temprano.

2.- Aprender algo nuevo: siempre hay algo que puede interesarnos o que necesitamos, para lo que hay que apartar tiempo y que puede convertirse en una fuente de ingresos, el origen de nuevas amistades, hasta en una vocación. Un curso o taller, un libro didáctico, tutoriales, tú elige. Seguro que tienes algo pendiente en esta categoría.

3.- Recupera o reafirma lazos de amistad y relaciones en general: sea con tus padres, tus abuelos (si tienes la suerte de que sigan ahí), tus parientes políticos, tus primos lejanos, tus vecinos, tus compañeros de la escuela… Si hay una llamada, una conversación, un detalle, un encuentro, algo que mejore o afiance esa relación, hazlo. Decídete a dar el primer paso y deja de preocuparte por el resultado, porque si bien no siempre se gana, es mejor intentar con incertidumbre que sólo darse por vencido y perder seguro.

4.- Pierde el miedo y hazlo: ¿qué cosas has deseado hacer pero te asustan? No es que te vuelvas amante del peligro o un suicida en potencia. Pero ¿y si fueras un poco más audaz? Si te hicieras ese corte que seguro llamará la atención, o si hablas para un público; si por fin te vas de mochilazo por el país, seguro que sería todo un triunfo y una interesante experiencia.

5.- Olvidar y perdonar: no tienes por qué aceptar que otros te hagan daño, pero tampoco deberías torturarte con recuerdos destructivos y rencores acumulados. Por tu propio bien, si te amas y deseas paz interior, pon de tu parte para soltar de una vez todo eso que te envenena. Incluso perdónate a ti mismo si es el caso. Está bien el arrepentimiento cuando sirve para recapacitar y enderezar nuestros pasos, pero una vez que cumple esa función, déjalo ir.

6.- Pon tu granito de arena: alguna vez soñaste con salvar el mundo, acabar con el hambre, resolver las guerras y abolir las injusticias, ¿cierto? ¿Tal vez aún lo sueñas? Bueno, pues cada día que tienes vida es una nueva oportunidad para embellecer la realidad. En ocasiones perdemos esa fe y motivación porque parece tan difícil y tan solitario, sin embargo en eso consiste el verdadero heroísmo, en no dejarse arrastrar por la apatía.

Empieza por cosas pequeñas pero esenciales: mejora tu alimentación y tus hábitos de  consumo; evita la tentación de tirar basura en cualquier sitio; respeta el aire de los que no desean fumar; no embistas a los peatones con tu auto, moto o bici; baja el volumen de tu estéreo y permite que tus vecinos e incluso la fauna local reposen; respeta a tu pareja; se amable con las personas que te topas a lo largo del día, desde el barista de la cafetería hasta el chofer del autobús o la señora que te renta el cuarto (no siempre es fácil con toda la gente, cierto, pero hay que tratar)… Hay incontables acciones que mejoran el mundo y basta con que nos tomemos la misión de practicar algunas de ellas.

7.- Da gracias: valora todas las bendiciones que tienes y que la vida te brinda y agradécelas siempre.


Imagen: http://faithlifewomen.com/2013/09/rethinking-our-wish-list/

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