LA LIBERTAD COMO SUBLIMACIÓN HASTA DE LA PROPIA LIBERTAD

Por Hugo Sánchez

 

“La libertad, Sancho, es uno de lo más preciosos
dones que a los hombres dieron los cielos; con ella
no pueden igualarse los tesoros que encierran
la tierra y el mar: por la libertad, así como por la
honra, se puede y debe aventurar la vida
.
(“El de la triste figura”, Don Quijote de la Mancha)

 

Sigo sin comprender por qué la voz del intelecto, esa que retumba dentro de toda consciencia, resulta tan molesta: cada vez que me aproximo a tal o cual tema, no pierde la oportunidad de poner en duda la legitimidad de mis modestas capacidades. En esta ocasión, al enterarse de que he salido de cacería en busca del difuso concepto apodado libertad, me asaltó con la siguiente pregunta: ¿es posible ser libre a la hora de reflexionar sobre la libertad?

Más allá de la irreductible y pesimista respuesta derivada por cualquier mente honesta –la cual por sí misma sería suficiente para terminar aquí con la presente reflexión– debo reconocer que la imposibilidad de hablar de la libertad desde la libertad, me ha sido de gran utilidad para edificar una personal noción al respecto. Así, comenzando con mi conclusión, debo sentenciar que la libertad, rebosante y colorida, tal y como se representa en el imaginario colectivo, no existe, pues queramos o no, siempre estamos determinados, sujetos y condicionados a múltiples factores, los cuales a veces de manera imperceptible, terminan subyugándonos.

En efecto, desde mi punto de vista –que no es más que la amalgama resultante del personal deambular existencial– el hombre halló un eterno pretexto para vivir, no tanto en la libertad, sino en la apasionante búsqueda de ésta, con la cual en mayor o menor medida logramos liberarnos del yugo natural construyendo una segunda naturaleza llamada personalidad. O sea que la libertad en cuanto sí, no existe: es la práctica de lo que entendemos por libertad lo que permite configurarnos en versiones singulares, es decir, en entidades independientes.

La libertad no existe, es su búsqueda la que nos libera. De ahí que también rechace el carácter consustancial o divino de la capacidad en cuestión. Si la libertad es constante búsqueda, no podemos sino identificarla con la conquista; la libertadora búsqueda de la libertad invariablemente se traducirá en la victoria que sobresale del destino biológico y social. Después de todo, buscar la libertad es desprenderse voluntariamente de lo conferido en forma natural, del estadio primigenio.

Pienso que bajo esta concepción de libertad se honra a la divinidad humana, ya que al negar cualquier unívoco destino social o humano, se abre paso a nuestra capacidad creadora, esto es, se prepara el terreno donde se cultivará el destino personal. Si bien hay factores insoslayables que derrumban todo entendimiento cabal y romántico de la libertad, no debemos perder de vista la grandiosa oportunidad que nos lega el poder de nuestra voluntad; poder que nos permite desenvolver la realidad previamente instalada, pues no debemos olvidar que fuimos depositados en este plano para representar la mejor de las liberaciones, entiéndase la más sublime tragicomedia de la que somos, al mismo tiempo, directores y actores.

Entonces con lo dicho hasta este momento, ¿qué es la libertad? Rebasando el terreno común que la define como capacidad de pensar y obrar según la propia voluntad, para mí, libertad es sublimación, exaltación del alma, y en ese sentido, también es desafío, esfuerzo, responsabilidad y gloria: desafío de huir sin mirar atrás, de esa perniciosa esfera de confort; esfuerzo por romper toda atadura endógena y exógena que nos hace esclavos hasta de la propia libertad; responsabilidad de asumir las consecuencias que se reproducen al ritmo de la toma de decisiones; y gloria como fin último de nuestras existencias, pues para los eternos inquisidores de la libertad ningún éxito se equipara a la glorificación y eternización del ser.

Libertad es superación, superación de nosotros mismos –que somos el peor de nuestros enemigos y por tanto, el mejor de nuestros maestros–, superación del entorno y de todo aquello que nos oprime o, en su defecto, nos determina. Por ello asevero que la libertad per se no existe: cada uno de nosotros traza y define los alcances de su liberación en la medida de sus posibilidades. Ceñirnos al perfil unívoco de la libertad es negar toda liberación, toda sublimación del ser.

Pero aquí no se agota la complejidad en torno a la libertad, pues aún resta enunciar una aparente aporía: la libertad, irremplazable peldaño hacia la gloria, no puede ni debe ser absoluta; es decir que la auténtica libertad siempre será limitada, o mejor dicho, equilibrada. Como cualquier manifestación de la realidad cognoscible, la libertad necesita de su antónimo recatado: el control. Aunado a la amurallada posibilidad humana, la búsqueda de la libertad necesariamente se desarrolla en un medio social, de manera que si bien el imperativo humano nos constriñe a la sublimación, esto no supone la afectación de nuestros semejantes.

Entonces, afinando la conclusión con la que inicié, proclamo que la libertad por sí misma no existe, ya que depende de nosotros definir la manera en que deben armonizarse los diversos factores humanos a cuyo cargo estará esa sublimación que, a pesar de guardar distancia respecto de lo común, jamás justificará una afectación erga omnes (frente a todos). Ser libre es portar el boleto de acceso a otras realidades potenciales. Cómo, cuándo, dónde y por qué, son preguntas que la liberadora búsqueda de la libertad deja a nuestro criterio, bajo la condición de que no somos los únicos participantes de este desafío libertario.

Si alguna obligación contrajo el ser humano en esta dimensión existencial, sin duda consiste en ser libre, en emprender la búsqueda incesante de la libertad, pues sólo así podremos liberarnos y configurarnos como entidades de excelencia, sublimadas.

A propósito de la libertad, desde un ambiente que si bien no es “la libertad”, sí es “una libertad”, no me resta más que conminarlos a buscar este valor supremo, cada uno a su manera pero siempre con miramientos hacia los demás. Después de todo, la presente concepción no es sino la opinión de alguien que buscando la libertad, se sublimó para aterrizar en un terreno que a su vez deberá ser sublimado con posterioridad.


REFERENCIAS

Imagen extraída de: http://www.topqueretaro.com/BLOG/tabid/226/post/por-una-libertad-responsable/Default.aspx

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